Por fin voy a darte a conocer, amigo mío, la fuente de esa rápida y sorprendente fortuna que nunca has podido imaginar. Voy a desvelarte mis enredos con una mujer altiva, tan vergonzosamente célebre por sus prostituciones como por sus horribles conspiraciones contra el pueblo francés. ¡Oh Jule![1], tú, que en el pasado hiciste mi felicidad, y que me has pagado con la más negra ingratitud, no esperes ninguna consideración de mí; las confesiones que voy a hacer han de añadir un florón más a tu corona adúltera. Amigo mío, no verás aquí sino las escenas más licenciosas, los cuadros del libertinaje más desenfrenado; y mi estilo será el que convenga para pintar a una Mesalina que deja muy atrás a las cortesanas más depravadas. También te esbozaré algunos cuadros voluptuosos y lascivos de l

