Capítulo 37

1626 Palabras

Sentí pavor cuando la camioneta se detuvo, sabía que había llegado el momento de enfrentarnos a la verdad y quizá, seríamos ultrajadas y maltratadas. Todo mi miedo se transformó en expectativa cuando al abrirse la puerta de la camioneta, unos fuertes brazos me cargaron para bajarme, reconocí su aroma al instante, ese olor yo no lo podría olvidar nunca. Con mucha delicadeza me recostó sobre lo que parecía un sofá y me quitó la venda de los ojos. Verlo me provocó la mayor felicidad que había sentido en el mundo, era él, era mi amado, mi hombre. —¡Liam mi amor! — Grité cuando la mordaza liberó mi boca y me arrojé a sus brazos con lágrimas en los ojos. —¡Ah Mercy cariño! — Respondió a mi abrazo llenándome el rostro de besos. Fue en ese momento en el que nuestros ojos se encontraron y nues

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