Temía que iba a reventar el cristal del vaso que mantenía prisionero en mi mano, debido a la presión que ejercía sobre él. Mis hombros subían y bajaban en una constante respiración irregular; una fuerte presión se había instalado en mi garganta, mientras soportaba la tentación de decirle en ese momento lo que sentía hacia ella. Aunque todo se resumía en una sola palabra: asco. Asco al ver su cabello enmarañado y sus piernas temblorosas... asco al saber que había estado follando con ese hijo de puta minutos atrás, pese a todas las advertencias que le había dado. Desvié la mirada, mientras caminé a su alrededor para ir hacia las escaleras, no debería de importarme lo que hiciera con su jodida vida... pero, ¿Por qué lo estaba haciendo justo ahora? —Tyler, espera —habló otra vez tras de mí

