—Descuide, Gael. Puedo asegurarle que lo último que quiero es jugar con su hija. La Sirena me importa demasiado, como para querer hacerla sufrir. Gael me ofreció una sonrisa a boca cerrada, al caminar uno junto al otro hacia la sala de espera otra vez. Ariel se había dormido en mi hombro, en medio de sollozos; en cuanto eso había pasado, su padre me había pedido hablar con él, pues al parecer, había logrado escuchar mi cursi propuesta de noviazgo, por lo que quería imponerme sus términos; lo cual se basaba en que la respetara, que no la llevara tarde a casa, que la cuidara, que la apoyara siempre (especialmente cuando su hermano colgara las tenis) y por supuesto, me prohibió tener relaciones sexuales con ella. Aunque eso último... bueno, no quise ser un hijo de puta al confesarle que ya

