Ya ni siquiera sabía lo que debía de sentir. Las lágrimas se derraman sin que pueda hacer algo para detenerlas, un fuerte dolor atraviesa mi pecho, quitándome las ganas de respirar, al igual a como lo hace mi hermano en esa habitación de hospital. Me encuentro recostada en uno de los sofás blancos de cuero, ubicados en la sala de espera del hospital. Mantengo mi cabeza presionada contra el reposabrazos, dedicándome a observar a mi padre al otro la sala hablando por teléfono. Mi pobre madre no había querido separarse de mi hermano un solo instante. Desde que Landon sufrió esa nueva recaída en casa, esa que nos hizo subir con rapidez al auto mientras él convulsionaba, ella se había dedicado a sostener su mano, sin que alguien pudiera hacer algo para poder separarla de su lado. El reporte

