Capítulo 7 Los dos muchachos caminaban tambaleándose por el callejón, cantando a voces desacompasadas a pesar de lo avanzado de la noche, pateando los tachos de basura que hallaban a su paso así como las latas de cerveza y otras cosas desparramadas por el sucio suelo. Contaban con la impunidad que les proporcionaba el temor de los vecinos de abrir sus ventanas al exterior cargado de peligros y acechanzas, de modo que sufrían en silencio. Esa parte de Harlem no había experimentado los cambios favorables que habían hecho la vida de la mayoría de sus habitantes más placenteras y dignas. El efecto del alcohol y seguramente de otras sustancias era evidente en el comportamiento agresivo de los muchachos y en la incoherencia de los balbuceos al hablar o cantar. -¡Oye Leroy! Mira esa botella a

