capitulo 4

1555 Palabras
Le sonreí amistosamente_ Solo dígame Popit, lo saludé con una venia_ Harriet me ha deleitado con vuestras historias. _ Espero que mi pequeña hermana le haya resaltado mis buenas cualidades. Harriet le habló con admiración_ Por supuesto, yo siempre he hablado muy bien de mi hermano predilecto. Ahora cuéntanos, ¿hace cuánto has regresado? _ Ya hace una semana, lo dijo con una sonrisa jovial _ ¿Por qué madre no lo había mencionado en una de sus cartas?, reprochó Harriet. _ En mi defensa, le he suplicado a vuestra madre para que te trajera de regreso lo antes posible. Pellizcando con ambas manos las mejillas de Harriet_ Extrañaba demasiado a mi pequeña hermanita. Ella soltó un pequeño chillido reprochando que la soltar. Luego de una pequeña discusión infantil entre dos hermanos, Nicolás había acaparado toda nuestra atención, deleitándonos con sus relatos del último año en Harrow School. Se veía tan emocionado. ¡Oh!... mi querida Harriet, me hubiera encantado que estuvieras allí cuando le dimos una paliza a los engreídos de Eton. Estaba muy animado contando su historia hasta ser interrumpidos por una falsa tos a nuestras espaldas, y dos hombres altos y en buena forma estaban juntos a nosotros. _ ¡Nicolás, espero que no estés aburriendo a las damas presentes con tu absurda historia sobre el partido de cricket. La voz sonaba autoritaria reprochando como a un niño pequeño. Nicolás se detuvo y miró a los dos hombres que se habían acercado. _ ¡Ah! Eres tú, ¿qué quieres? Le respondió con indiferencia. El hombre no le prestó ni la mínima atención a Nicolás, pues me miraba de pies a cabeza. _ Harriet, bienvenida a casa, le saludó solemnemente. _ Percival, haciendo una pequeña venia, lo saludó con absoluta formalidad a su hermano mayor _ ¿A quién debo el honor?. Su mirada clavada en mis ojos, me hizo estremecer. _ Percival, ella es Lady Berkeley. Una buena amiga, la hemos invitado a pasar una temporada. Este tomó mis manos. Sentí que me quemaba la piel y un calor bochornoso recorrió todo mi cuerpo, mi corazón comenzó a latir tan fuerte que creí que todos los ahí presentes podían oír el palpitar de mi corazón, Intenté respirar profundo y calmarme, fue apenas un par de segundos, pero sentí que Lord Lancaster sostuvo mi mano más tiempo de lo permitido por la sociedad. El hombre alto que estaba junto a Lord Lancaster tomó la mano de Harriet y la besó. Fue un beso rápido. A simple vista se veía que aquel hombre no prestaba interés en absoluto en ella, pues su mirada cautiva en una muchacha encargada de mantener la chimenea encendida Harriet también se dio cuenta de la inusual atracción de su prometido. Todos los presentes nos dimos cuenta de ello, haciendo un momento completamente incómodo.. el momento se vio interrumpido por la madre de Harriet que como dueña de casa y una ejemplar anfitriona nos invitó a todos a cenar . Archibald le ofreció el brazo a su prometida y caminaron hacia el salón. Ambos hermanos me ofrecieron escoltar hasta el salón. La tía de ambos hombres, que estaba a escasos metros, exigió a Nicolás que la escoltara, a este no le quedó otra opción que hacerlo. _ My lady, me ofreció su brazo y yo con evidente nerviosismo, me aferré a su brazo. Mientras caminaba, suplicaba para no tropezar y caer; sería vergonzoso. _ ¿Hace cuánto es amiga de Harriet? _ Desde que ingresamos al internado para señoritas, my lord. _ ¿Toca usted algún instrumento? _ Sí, pero no se me da muy bien aquella habilidad. _ Qué lástima... _ ¿Por qué lo dices? Le pregunté con curiosidad. Me responde con severidad_ Creí que las educaban mejor, sabiendo que se desembolsa una cuantiosa fortuna, deberían al menos dominar algún instrumento Me detuve al oír sus palabras, intenté mantenerme serena pero me fue imposible _ My lord, lamento que en Eaton solo le enseñen a hacer preguntas sin sentido, tales como: ¿usted toca el piano ?, ¿borda o pinta?_ le dije apretando mis dientes para mantener la calma_ Pero créame si le digo que hay mujeres mucho más inteligentes que no solo asistimos a la escuela para señoritas para encontrar marido Nos miramos desafiantes, como si nos retiráramos a un duelo a muerte. _ Qué lástima, Lady Berkeley, que usted no cumpla con los requisitos para ser una buena esposa, carece de refinamiento, no es sumisa y no tiene clase. Todo lo que los hombres detestamos de buena familia detestamos. _ Qué maravillosa noticia, my lord, es saber que jamás tendré la fortuna de contraer matrimonio con un hombre como usted. Solo le deseo suerte para encontrar una mujer que sea lo suficientemente estúpida para casarse con un hombre como usted, le sonreí triunfante mientras caminaba deprisa al salón, dejándolo atrás. Mi corazón latía desenfrenado no podía creer que le había hablado de aquel modo a un hombre. Sentí que las piernas me flaqueaban a cada paso que daba al llegar al salón Nicolás me hizo una seña para sentarme a su lado y frente a Harriet, esta última se veía muy incómoda al lado de su futuro prometido. Seamos honestos, el muchacho carece de encantos, es como si estuviera masticando limones. _Popit, cuénteme más sobre usted, me pregunta Nicolás con total interés. _ No tengo mucho que contar, no tengo hermanos, mi padre me envió a la escuela para señoritas en la cual pasé la mayor parte del tiempo ahí. Mi vida es muy aburrida, que podría apostar que al cabo de unos cuantos minutos se quedaría profundamente dormido, le sonreí. _Es usted más entretenida que eso, Harriet me ha mencionado en innumerables ocasiones que usted siempre está involucrada en problemas. Y créame, Lady Berkeley, si le digo que eso la hace aún más interesante. _ ¡Baje la voz! Le reproché en apenas un susurro. Si admito que me cuesta un poco seguir las reglas. _ ¡Fascinante! ... ¡Deleitarme con vuestra historia más interesante! _ Admito que no he sido la mejor alumna ni la más sobresaliente. Mis más grandes travesuras van desde escabullirme por las noches e ir a hurtadillas a la biblioteca para tomar prestados libros de la sección prohibida. _ ¿Qué tipo de libros? Preguntó con cierta picardía. _Mi rostro poco a poco se fue tornando rojo - eran solo textos de historia, matemáticas, poesía. Nuestra institutriz solo nos enseñó lo básico, argumentando que debemos saber menos que los hombres para resultar más atractivos. _ Él se sintió más aliviado al saber qué clase de libros eran, pues la respiración que contenía la liberó. "Eso es una completa mentira", dijo con gracia, "me fascina charlar con mujeres sobre cosas más interesantes que solo hacer preguntas absurdas como ¿Usted toca algún instrumento?", lo dijo burlándose, lo cual me rei. El argumento era la pregunta que más oía en los bailes. Miré por unos segundos a Persival y me rei recordé la pequeña discusión que habíamos tenido. De qué le servía ser un hombre tan guapo si su cerebro lo tenía del tamaño de una nuez, pensé. Me quedé sumergida en mis pensamientos cuando escuché mi nombre un par de veces. _ ¡Poppit! ... _ ¡Poppit! _ Philippa, ¿se encuentra usted bien? _ Sí, por supuesto, solo estaba recordando cuando me escapaba por las noches a la biblioteca, le menti.. _Me sonrió muy complacido. _Poppit, si usted desea, le puedo prestar algunos libros más interesantes o bien obsequiarle mis libros de matemáticas. Hasta podría darle algunas clases, me sonrió. _ Mis ojos se iluminaron, ¡de verdad me sentí encantada por su propuesta! _ Solo le pido a cambio una pequeña cosa. _ ¿Sí, claro, dígame qué cosa? _ ¡Iremos juntos a patinar al lago! _ Jamás he patinado, argumenté con tristeza. _ Aquello no será un problema, le daré lecciones. _ Pues bien, acepto su propuesta, le sonreí. _ Philippa, cuál es la historia más sabrosa en la que usted estuvo involucrada. _ Por dónde comienzo, le dije pensativa. _ He recibido innumerables castigos por romper las reglas: un día le pagué unos cuantos peniques al ayudante de jardinero para que me vendiera su ropa... en mi defensa, solo quería cabalgar orcajadas. _ ¿La descubrieron? Asentí con pesar. Pero admito que fue la sensación más placentera que he vivido, deseaba cabalgar libre por los jardines jasha que fui delatada por Una de las chicas, una tal Margaret Levis, fue la que me delató con una institutriz. _ ¿Y qué ha pasado? _ Me golpearon en las manos tres veces, me obligaron a quemar la ropa que había comprado y usé una semana completa un cartel con la frase: "no acata las reglas del decoro". _ Nicolás se rio a carcajadas y todos los presentes a la mesa nos miraron. El rojo carmesí se apoderó de mi rostro así que educadamente agaché mi mirada y me concentré en la comida. _ ¡Nicolás, queréis comentarnos el motivo de vuestra risa!... Preguntó la tía de Nicolás, que estaba muy interesada en saber. _ Este movió su cabeza. Me temo que esta vez será imposible, tía, le he contado una historia vergonzosa de Harriet a Lady Berkeley. _ Harriet nos miró horrorizada...
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR