Mis pensamientos me tenían sumergido hasta que, a lo lejos, escuché a mi madre reprendiéndome.
_Hijo, siendo el Márques, debes dar un ejemplo. Deberías casarte con una mujer de buena cuna. Esta temporada, buscarás una esposa o yo buscaré una por ti.
_Me casaré cuando yo lo decida, madre - le espeté con firmeza. Soy el Márques y puedo tomar mis propias decisiones.
_Está bien, es tu decisión, pero al menos inténtalo y busca a la futura Marquesa, insistió.
_Habrá un intento, madre - contesté, enfadado.
La cena se volvió insoportable, ya que todos estaban emocionados por el futuro compromiso de Nicola y el debut de mi hermana Harriet. Durante toda la cena, no se habló de otra cosa. Yo solo deseaba levantarme de la mesa y salir en busca de esa mujer. En ese momento, la idea de ir a su casa y persuadirla para que no se casara no parecía tan descabellada. Mi obsesión no conocía límites.
Después de la cena, me sentí impulsado a resolver un asunto urgente que no podía esperar hasta la mañana. El trayecto hasta su casa, que normalmente tomaba veinte minutos, se convirtió en una eternidad para mí.
Cuando finalmente llegué a su puerta, golpeé con desesperación, consciente de que la hora era avanzada y que la mayoría de las personas ya estarían en sus aposentos. Sin embargo, no podía posponer esto hasta el día siguiente.
_El mayordomo, un hombre mayor vestido con su atuendo de dormir, me abrió la puerta. Parecía molesto por la hora inoportuna, consciente de que no era costumbre visitar la casa de una dama soltera a esas horas.
_Mi Señor, ¿en qué puedo ayudar?, preguntó con cierta irritación. Sin embargo, sabía que mi solicitud debía ser urgente.
_Necesito hablar con Lady Berkeley, es una cuestión de suma urgencia, respondí con firmeza.
El mayordomo se acercó y me invitó a entrar. Me condujo a una pequeña salita; la habitación estaba fría y apenas iluminada por unas cuantas velas. Mientras esperaba, caminaba de un lado a otro, mis pensamientos obsesionados con la mujer a la que deseaba hablar.
Descansaba profundamente en mi lecho cuando, de repente, fui despertada por el tono urgente de mi doncella.
_¡Mi Lady!..
¡Mi Lady!..
¡Por favor, despierte! - susurró con una voz llena de preocupación.
Sobresaltada, me incorporé rápidamente, confundida y algo aturdida. ¿Qué sucede? - pregunté con ansiedad. La urgencia en su voz me alarmó.
_Un hombre ha llegado para verla - anunció con cautela, como si revelar su identidad fuera un acto peligroso. Es el Marqués de Lancaster, y parece estar muy alterado.
Al escuchar su nombre, mi corazón comenzó a latir con fuerza en mi pecho. ¿Por qué vendría él a estas horas de la noche? Tomé una bata blanca y la arrojé sobre mi camisón, con dedos temblorosos abotonándola a medias. Mis pies se posaron descalzos en el suelo fresco de la habitación. Con una mezcla de nerviosismo y anticipación, descendí por las escaleras.
Lo encontré paseándose de un lado a otro en la penumbra de la sala, apenas visible a través de la tenue luz que se filtraba. Mi voz tembló levemente cuando le pregunté con sorpresa y preocupación: Mi lord, ¿qué le trae aquí a estas horas de la noche?
La miré detenidamente de arriba a abajo, con una mezcla de deseo y determinación. Estaba increíblemente hermosa, vestida solo con un camisón y una bata que dejaba al descubierto sus pálidos tobillos. Su melena pelirroja caía libremente sobre sus hombros, y en ese momento, supe con certeza que tenía que hacerla mía, sin importar las consecuencias.
Caminé decidido hacia ella, pero retrocedió un par de pasos, su doncella la escoltaba. Tomé su mano y la besé con pasión.
_ Mi Lady, necesito hablar con usted - le dije con urgencia, sin poder apartar mis ojos de su belleza.
Ella, todavía algo sorprendida por mi inesperada visita a esa hora, trató de cubrirse más con la bata.
_Mi lord, ¿no podría haber esperado hasta mañana o una hora más apropiada? - preguntó con una mezcla de curiosidad y recato.
_No, esto no puede esperar - respondí con firmeza, sin ceder en mi determinación. Sabía que debía aprovechar este momento.
A su petición, su doncella se apresuró a encender la chimenea y algunas velas, iluminando la sala y devolviendo un poco de calor a la habitación.
¿Mi lord, desea algo de beber? - preguntó ella, dirigiéndose hacia una mesita donde se encontraba una botella de licor.
Me entregó una copa de brandy, bebiendo un trago. Necesitaba valor para abordar el tema.
_¿Se casará con Nicola? - le pregunté sin rodeos, buscando una respuesta definitiva. La necesitaba más de lo que ella podía imaginar.
_Mi lord, si vino usted solo para hacerme esta pregunta, créame que podría haber esperado hasta mañana.
No creo que sea algo tan importante como para despertarme a media noche, sabiendo que soy una mujer soltera que vive sola en la ciudad me contestó con cierto asombro en su voz.
Pero yo no podía permitirme esperar. La noticia que mi hermano había dado estaba perturbando mi existencia más de lo que ella podía imaginar. _Créame, no habría venido de esta manera si la noticia de mi hermano no estuviera sacudiendo mi mundo. Le pido encarecidamente que no me deje en suspenso, dígame: ¿piensa casarse con mi hermano?
La miré fijamente, necesitaba una respuesta definitiva, y no podía esperar más. La tensión en la habitación era palpable. Tomé un sorbo de brandy para calmar mis nervios mientras esperaba su respuesta. Ella sospechó antes de responder: _Mi lord, eso no debería importarle. Esa es una respuesta que debería comunicar a Nicolás, no a usted.
Mi desesperación crecía, y me acerqué a ella, tomando sus hombros con mis manos. Necesitaba oír de sus labios su respuesta, sentía que mi corazón latía desenfrenado mientras sus frías manos tocaban mi cuerpo. La miré con urgencia, mi determinación inquebrantable.
Finalmente, ella se apartó de mí con un empujón y se puso de pie. La doncella, que había terminado de encender las últimas velas, nos miraba nerviosa. Me dirigí a ella, favor, espera afuera y cierra la puerta, le dije con voz firme.
La doncella prácticamente salió corriendo de la habitación. Era hora de obtener respuestas, sin importar cómo. Mi obsesión no me permitiría rendirme.
Mi desesperación iba en aumento, y me acerqué más a ella, ignorando su protesta. Mi lord, creo que usted no debería estar en mi casa, ni mucho menos venir solo para saber de mi futuro amoroso, me dijo con un tono preocupado, tratando de mantener su distancia.
Pero ya no podía esperar más. Me acerqué aún más, sin apartar mis ojos de sus carnosos labios...