capitulo 15

1191 Palabras
Lady Berkeley, solo responde a mi pregunta —le susurré con urgencia, incapaz de contenerme por más tiempo. La tomé por la cintura y me perdí en un beso apasionado. Al principio, sentí su resistencia, pero pronto cedió y correspondió a mi deseo con la misma pasión. Sus manos se deslizaron por mi cuello mientras mis labios exploraban su clavícula. —Mi lord, esto no está nada bien, usted no... —intentó decir antes de que mi dedo sellara sus labios. —Sé que usted lo desea, igual que yo —le susurré al oído, continuando con los besos que parecían marcar mi piel con cada roce de sus manos, dejando una huella que se extendía por todo mi cuerpo. Sus besos... eran mucho mejores que los sueños a los que solía recurrir. Mis pensamientos estaban enredados en una maraña de lujuria y culpa. Mi parte más íntima se sentía húmeda y ansiaba desesperadamente que Percival la tocara para apaciguar ese ardor. Mi camisón yacía en mi cintura, mis senos quedaron expuestos mientras Percival se adueñaba de uno de ellos con sus labios. Era un placer inenarrable, tan abrumador que cerré los ojos y me dejé llevar por aquel encuentro apasionado. Sabía que lo que estábamos haciendo era inapropiado, que nuestras acciones eran un desafío a todas las normas y expectativas de la sociedad. Pero en ese momento, nada de eso importaba. Mi deseo por él era abrumador, y no podía parar; quería más mucho más Mi deseo por ella me consumía._ "Eres bellísima", le comenté mientras la observaba detenidamente, aunque sabía que las palabras eran insuficientes para expresar cuánto la deseaba. Aún con el fervor de la pasión en mis ojos, le rogué que me detuviera, que si ella no lo hacía, no podría detenerme y que terminaríamos haciendo algo de lo cual estaríamos muy arrepentidos. Pero su silencio, cargado de deseo, me llevó a besarla con una pasión arrebatadora. Me dejé llevar por la lujuria sin dudarlo, me despojé de mi ropa quedando completamente desnudo ante ella. Me miró sorprendida, dudosa de tocar. _"Puedes tocarme si así lo deseas", y ella asintió con su mano temblorosa tocando mi piel cada rose de sus dedos hacia desearla cada vez más. Exploré sus rincones más íntimos con delicadeza, sintiéndola cada vez más mojada. Sus gemidos y sus movimientos me incitaban. Llevé una de sus manos hacia mi virilidad, enseñándole cómo deseaba ser tocado. Pronto, su mano se movía con destreza. _"Aprendes rápido", le susurré, excitado por sus hábiles manos. Por mi parte, yo hacía maravillas sobre su punto más sensible, y sus gemidos me enloquecían. Necesitaba estar dentro de ella, marcarla como mía, poseerla completamente. Me posicioné entre sus piernas, listo para la consumación de nuestro deseo. Philippa parecía angustiada e intentó alejarse, pero no la dejé. La embesti sin piedad, y ella, con ojos llenos de temor, comenzó a llorar. _"¡Aléjese, me lastima!", sollozó mientras golpeaba mi pecho tratando de alejarme. La mire a los ojos y solté una carcajada al ver su rostro enfadado.ella relajo su rostro. _ "Creo que el dolor será solo un momento", le susurré, besando sus labios. "Nunca he manchado el honor de una dama mucho menos una de buena familia como la suya , le comenté con sinceridad.. _ si lo deseas podemos detenernos, le susurré en sus labios ella dudo un momento pero nego con la cabeza dado el si que tanto anhelaba.. comencé a moverme lentamente , y el dolor inicial dio paso a un placer que se apoderó de ambos. Ya no podía hacer más que disfrutar de este acto que nos unía de manera tan intensa. Mis labios encontraron los suyos en un beso tierno y apasionado que ahogaba a cualquier gemido. Estábamos atrapados en un torbellino de emociones y lujuria, unidos por un deseo que ardía incontrolablemente Me movi con rapidez mientras ella gemía en mi oído, mis embestidas eran cada vez más intensas y descontroladas. Sentía que me acercaba al límite, el pánico y la pasión se apoderó sobre mi no podía liberarme dentro de ella, no aún, Con rapidez, me retiré y me dejé llevar en un rugido liberador. Me sentía avergonzado al darme cuenta de que Philippa no había alcanzado el clímax, al igual que yo. Sin pensar, pronuncié palabras absurdas, tratando de recuperar la compostura:_ Mi lady, fue un honor poseerla. Ahora, no podrás casarte con nadie más estás deshonrada, tu cuerpo me pertenece. mis palabras se oían como si me burlara de ella. Le dediqué una sonrisa pícara mientras intentaba recuperar el aliento. Permanecí sentada, envuelta en la vergüenza y el desasosiego, mientras el se vestía intentaba no mirarlo . Mis pensamientos se enredaban en la maraña de la elección que había tomado, sintiéndome estúpida por haber sucumbido ante sus encantos y ahora por su culpa estaba deshonrada para siempre. _philippa, me are responsa.... —My lord, lo interrumpí _ si ya has obtenido lo que has venido a reclamar, por favor, márchese —dije, intentando no enfrentar su mirada. —No me iré hasta que prometas que te casarás conmigo —respondió con autoridad, alzando la voz. —¡No! No lo haré. No me casaré con usted solo porque has deshonrado mi vida esta noche —le dije, apretando los dientes para mantener la calma— Por favor, váyase y olvide lo sucedido esta noche. —Nos casaremos —sentencié con frialdad, saliendo por la puerta. El camino de regreso a casa fue placentero. No podía dejar de sonreír como un idiota. Nunca antes había tenido el honor de arrebatarle lo más preciado a una mujer, y mucho menos imaginé hacerlo con Philippa. Aunque ella provenía de una buena cuna, su terquedad dificultaría persuadir para que fuera mi esposa. Pero, de alguna manera, ya lo era desde el momento en que cruzó esa puerta hace un año; se convirtió en mía, aunque ella no lo supiera Hacía mucho tiempo que no dormía tan bien. Mi humor mejoró y mi familia se dio cuenta de ello. En la hora del desayuno, mi madre y mi hermana hablaban sobre la invitación que le habían enviado a primera hora a Philippa para que las acompañara a tomar el té. Jamás me había interesado tanto la hora del té como en este preciso momento. _ Veo que estás de muy buen humor. _ Así es, madre. Hace un día excelente, ideal para dar un paseo, ¿no crees? _ Harriet miró por la ventana y frunció el ceño. El clima estaba espantoso, y esas nubes negras amenazaban con llover. _ A mí me parece fantástico, mientras bebía mi taza de té con leche. Al poco tiempo, entró el mayordomo con una pequeña nota, entregándosela a Harriet. La leyó en silencio, llevándose una mano hacia su boca con impresión. _ Mi querida Popit está indispuesta y no podrá acompañarnos esta tarde, les cuenta con preocupación las pésimas noticias. Al oír que mi mujer estaba indispuesta, sentí cómo se me apretaba el corazón. Quise ir de inmediato a asegurarme de que estaba bien. Me contuve, solo me excusé y salí a mi despacho. Redacté una nota...
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