Todo un territorio retumbaba por el fuerte sonido de los cañones a la distancia, la noche se iluminaba como un festejo con cada uno de los aterradores cañones disparaba. Muchos pensarían que tan inquietante sonido inquietaría a los ciudadanos de la ciudad que está justo alado. Sin embargo, ese no era el caso.
La vida cotidiana en la ciudad Enana de Rindel transcurría sin cambios, los habitantes de la ciudad simplemente ignoraban es estruendoso rugido de los cañones en lo alto de la gigantesca muralla que defiende su ciudad.
Rindel es una ciudad construida por la noble r**a de los enanos, una oponente ciudad con una arquitectura muy particular. Nadie sabe a ciencia cierta cómo se las ingeniaron los antiguos enanos para construir dicha ciudad ciudad.
Imponentes y gruesos muros de una piedra que se asemeja mucho al mármol n***o rodean la ciudad; ciudad que está construida en el interior de una montaña. Por supuesto, los talentosos arquitectos enanos pensaron en una forma de dejar que la luz del sol penetre satisfactoriamente en la ciudad, por lo que visto desde el cielo parecería que ducha ciudad ha sido construida en el interior de un volcán inactivo, aunque ese no sea realmente el caso.
De alguna manera los enanos ingeniaron una manera de dejar toda una montaña completamente hueca y construir en el interior, sostenido los lados de la montaña con fuertes muros internos de piedra negra. Por si esto fuera poco, en una de las paredes de la montaña puede verse en gigantesco palacio que, más que un palacio parece parte de la muralla de la montaña, al punto que de no ser por los elegantes vitrales que se ven desde la distancia, uno pensaría que dicha construcción es una extensión del muro interior que rodea la ciudad. Este palacio es tan alto, que su torre vigía más alta, literalmente sobresale por encima de la cima de la montaña; una autentica construcción de ensueño.
En el interior del palacio, una fina dama de cabello completamente n***o, facciones bastante severas y ojos tan rojos como metal incandescente, mecía ligeramente su copa de vino mientras observaba de manera reflexiva un mapa gigantesco mapa en uno de los muros de su habitación.
En el mapa hay unos cuantos papeles con cañones dibujados en ellos, también pueden verse varias líneas divisorias y de dirección en el mapa. Aquella fina dama, cuya estatura no superaba los 150 centímetros de estatura, observaba ese mapa con interés y desdén, una combinación emocional tan dispar que es desconcertante.
Junto a esa fina dama, se encuentra un curioso soldado, cuyo cuerpo parece estar completamente blindado por una armadura pesada. La armadura que lleva aquel soldado es tan gruesa que uno se preguntaría ¿Cómo hace esa persona para moverse siquiera? Eso sin mencionar, que la estatura del soldado en cuestión fácilmente superaba los dos metros y medio.
—Tal parece que esos renacuajos finalmente han empezado a moverse—sugirió la mujer mientras sigue meciendo su refinada compa de vino, hecha de un cristal tan puro y transparente que uno dudaría que realmente hay un recipiente en su mano, de no ser por la decoración dorada que la copa tiene grabada en la superficie, uno pensaría que el vino en su mano está flotando.
—No tiene nada de qué preocuparse, mi emperatriz—La gigantesca armadura junto a la chica respondió de manera inmediata.
—¿Preocuparme? Como si una mosca pudiese detener la bala de un cañón—resoplo de forma despectiva ante el comentario de su subordinado —Mira que r**a tan aburrida… Solo pensar que han venido a robarme mi puesto con esos juguetes hacen que sienta ganas de ir con su comandante y escupir en su vino.
—Jajaja, supongo que tiene razón, mi Emperatriz.
—¿Lo que me recuerda, ya enviaron la unidad acorazada a aplastar esa peste?
—No, mi señora. La unidad acorazada espera sus órdenes para moverse.
—¿Y qué esperan? Ciertamente disfruto el sonido de los cañones triturando carne a la distancia, pero esto es ridículo ¿Por qué una especie tan inferior como los hombres lagarto vendría a intentar robarme el puesto de progenitora?
—Supongo que están desesperados—argumento el hombre con gigantesca armadura —Recuerde que en este continente todas las razas que no cuenten con un Rey Progenitor para protegerlas están condenadas a la extinción.
—¿Dices que han venido a morir frente a nuestros cañones para evitar la extinción? Menuda estupidez—volvió a resoplar —Debieron quedarse satisfechos con ser esclavos y dejar que camine sobre ellos de por vida.
—Jajaja, no por nada la llaman la Emperatriz Sanguinaria, mi señora Napoleón—afirmó el soldado con una increíble adulación.
—Ha pasado tanto tiempo desde que me llamaron de esa manera que, incluso he olvidado el motivo por el que conservé el nombre que tenía en el mundo en el que vivía. Me refiero a que por alguna razón llegué a este lugar siendo una mujer… Oh, mi único lamento fue haber dejado a tras a mi adorada Josefina…
—¿Habla del gran amor de su vida, señorita Napoleón?
—Así es, Gloube—juntaba sus manos con añoranza e incluso sus ojos profesaban amor —Mi único arrepentimiento fue no haber podido desollar a esa perra infiel con mis propias manos—inmediatamente su brillante rostro se distorsionó en una deplorable mueca —La amo y la odio… Oh mi adorada Josefina.
—¿Es por eso que por dos mil años se ha negado a buscar una pareja? Aun extraña a esa mujer…
—Ese no es único motivo, Glaube. Ese desgraciado patriarca de los Elfos se atrevió a pedirme matrimonio, ¿sabes? En lo personal hubiese preferido a su hija…
—Eso es algo normal. Quiero decir, usted es una mujer…
—¿Sí? ¿Y qué con eso?
—No, yo me refiero a que al ser una…
—¿Quieres morir, Glaube?—Napoleón no estaba nada contenta con el comentario de su sirviente y la copa de vino en su mano se reventó por la presión que ejerció la misma.
—Lamento profundamente mi atrevimiento—Glaube no era idiota y sabía mejor que nadie que incurrir en la ira de un progenitor eran malas noticias para cualquiera y Napoleon era la imponente progenitora de los enanos, tan longeva como su r**a, nadie jamás pensaría en oponerse a sus deseos a sus deseos.
—Olvídalo, solo envía a la unidad blindada a aplastar la plaga y quiero que me traigas vivo a su comandante. Ha pasado mucho tiempo desde que dimos el último espectáculo en la plaza central de la ciudad.
—¿Quiere que preparé el cañón ejecutor?
Napoleón creía fervientemente en educar con el ejemplo y tal como había hecho en su vida anterior, ella acostumbraba disparar un cañón en medio de una multitud para dar el ejemplo cada cierto tiempo y recordarle así a su gente quien era el perro y quien tenía la correa.
—Espera…—dijo pensativa —¡¿Qué es eso?!—exclamó tras acercarse a la ventana de su habitación.
—E-el muro de dios se está desmoronando…
—¡¡¡Ahajajajaja!!!—una fuerte y sincera carcajada da resonó desde su boca —Así que finalmente ha nacido el décimo tercera ¡Jajajaja! ¿Me pregunto quién de los progenitores se quedará con esa tierra en cuanto ese muro caiga?
—¿No le preocupa la fuerza del décimo tercer progenitor?
—No tiene por qué, esa criaturita no es más que un polluelo y en cuanto ese muro caiga, el infierno se desatara en el Eden. Solo debo asegurarme de ser la primera en reclamar esa tierra como mia—dijo con una sonrisa.