Chapter 3: Juzgando al inocente (Parte 2)

1652 Palabras
Estoy en la sala de reuniones de mi casa profundamente molesta por lo acontecido hace unos pocos momentos atrás y el Conde Raguel me observa junto algunos soldados que están a mi servicio. —Tranquilícese un poco, excelencia—sugirió mientras me observa caminar ansiosa por la habitación. —¿Cómo podría? Incluso estando encadenada, esa maldita todavía se atreve a actuar con esa actitud altanera hacia mí; se atreve a faltarme al respeto y subestimar mi autoridad. —Incluso si ese es el caso, creo que debemos atender las heridas de la Duquesa lo antes posible, ya que no hay forma de saber lo que hará el Emperador si ella muera. —¿Sugieres que ayude a esa maldita?—lo observé con la rabia más ardiente que he sentido en mucho tiempo. Sin embargo, él no se dejó amedrentar y en lugar de retroceder levantó la voz. —¡Princesa! Hablo en serio, la muerte de esa chica puede causar muchos conflictos internos en el imperio—al escucharlo no pude hacer más que morder la uña de mis dedos con frustración mientras intento pensar soluciones. El problema es que esa bastarda es demasiado útil a nivel administrativo y muchas personas la valoran por eso, sin mencionar que es una de las autoridades más representativas de uno de los territorios más ricos que nutren nuestro imperio. Sin embargo, ¿No estaría bien todo mientras los otros hermanos estén vivos? Me refiero a que esa maldita no se doblegará ante mí, pero los otros quizá lo hagan. ¿No sería mucho más fácil deshacerme de alguien que sé que será un estorbo en el futuro ahora que tengo oportunidad? —Conde Raguel. —¿Qué se le ofrece, princesa? —¿Cuánto tiempo estima que esa mujer podrá sobrevivir con una herida como la que tiene? —Es difícil saberlo. No sé si esto es bueno o malo, pero la ballesta tuvo suficiente fuerza como para que el proyectil atravesara completamente el cuerpo de aquella joven. Dicho eso, por un lado no hace falta que nos preocupemos de que el proyectil atorado en su cuerpo la mate, pero la pérdida de sangre resultante ciertamente es preocupante… Si la dejamos como está, diría que tiene una o dos horas de vida máximo. —Ya veo… En ese caso iremos a tratarla en una hora, momento en el que estará más debilitada. Si hacemos esto será más fácil someterla y torturarla. —Me parece una idea razonable, excelencia. Después de todo, esa chica no es normal. Tienen la fuerza de un monstruo, por no mencionar lo que hizo en la sala de tortura. —¿De qué hablas? —¿Acaso no se dio cuenta de lo tranquila que estaba pese a su precaria situación? Eso sin mencionar que, por encima de eso, en lugar de cooperar nos desafió directa y abiertamente, ¿acaso no es por eso que está molesta, excelencia? —¿Eso hizo? Estaba tan molesta que actué por instinto, pero supongo que tiene razón, Conde. —Personalmente lo que me preocupa es que ella fuera capaz de matar un hombre con una patada. Es tanto así que, empiezo a preguntarme si la expresión: “Te voy a hundir el pecho de una patada”, es solo una expresión… —Ahora que lo menciona, ¿cómo fue que hizo eso? —Hay dos posibilidades, que ella sea un horrible monstruo en la piel de una oveja o que usará algún tipo de habilidad para lograr hacer algo como eso. —¿Cuál crees tú que sea la opción correcta? —Sinceramente, pienso que si ella fuese un monstruo habría tomado su forma real al recibir un daño tan severo como el que recibió, por lo que imagino que tiene alguna habilidad de aumento. —Ya veo, es probable que debamos tener cuidado con eso. Por el momento esperemos a que se debilite y una vez haya pasado el tiempo suficiente continuaremos la tortura. Es necesario que ella sea sumisa y cooperativa para cuando el juicio se efectué, así que le encargo esto Conde. Recuerde que solo tenemos tres días para quebrantar su espíritu y llevar a cabo el juicio. —Ya veo, como se esperaba de su excelencia. Planea llevarla a juicio y obtener una sentencia antes de que su padre regrese a la capital, ¿no es así? —Así es. Una vez que el veredicto de los tribunales se haga efectivo será muy difícil revocar el castigo incluso para mi padre y aprovecharé eso para poner a Rigra bajo mi servicio y usarla como mejor me parezca. --------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- Soy Marco, el soldado encargado de resguardar el calabozo de la primera princesa imperial y mi responsabilidad siempre ha sido asegurarme de que los prisioneros no escapen. Por pasar largos periodos de tiempo en este oscuro lugar mi vista se ha degradado un poco con los años y debido a que mi apariencia no es la mejor, se me ordena permanecer en este lugar. A muchas personas les disgusta mi joroba o mis facciones, por lo que realmente nunca he recibido un solo alago de parte de una bella dama, ni siquiera mis compañeros me toma en cuenta… Hablando de damas hermosas, la princesa ha traído una mujer tan hermosa que solo verla te roba el aliento, ella es magnífica en todo sentido. Quizá atraído por su belleza o talvez para mitigar mi aburrimiento me acerque a la celda de la mujer solo para observarla. Obviamente una dama como esta jamás hablaría o voltearía la mirada hacia una persona como yo. No obstante, me conformo con observarla. Esta chica está gravemente herida y gotas de sangre escurren desde su costado mientras cuelga de sus muñecas atrapada por los grilletes que le niegan su libertad. Personalmente siento algo de pena por ella, pero mi ama dijo que la dejara sufrir. —¡Ugh!—hizo un ligero gesto de dolor al levantar la cabeza para observarme. Cuando fui capaz de ver completamente sus hermosos ojos quedé maravillado —¿Necesitas algo?—me preguntó con una voz débil. —¿Eh? ¿Me habla a mí?—no podía entender como una mujer como ella me dirigiría la palabras. La verdad estoy acostumbrado a que los prisioneros me ignoren o me miren con odio, algunos incluso suplican, pero esta es la primera vez que alguien me dirige la palabra directamente. —Uhm… no hay nadie más aquí, ¿cierto? Solo pregunto porque me has observado por un buen rato y eso empieza a inquietarme un poco. —No es mi intención incomodarla, es solo que usted es realmente hermosa y no pude evitarlo… —Así que recreas la vista descaradamente, eh… —¿Por qué está encerrada en este lugar?—pregunté. —Pues… La verdad no lo sé, quizá decir que es por el capricho de alguien sería una respuesta bastante acertada. Ella me habla con mucha normalidad sin importarle que está gravemente herida y que cada tanto tose un poco de sangre. Lo que más me sorprende es que no parece particularmente por observarme. —Ya veo…—baje la cabeza por reflejo. Ahora que lo pienso, es probable que ella solo me hable para que la deje ir, tal y como hicieron muchos antes que ella. —¿Por qué agachas la cabeza y desvías la mirada?—me preguntó como si estuviera confundida por mi reacción. La verdad es algo involuntario, tiendo a bajar la cabeza cuando alguien más me observa directamente, probablemente para ocultar mis grotescas facciones. —¿Eh? P-pues no lo sé… —No lo hagas, eso que haces es señal de debilidad. No importa si me insultas o lo que sea, pero desviar la mirada hace que sienta asco, por lo que te pido que si vas a hablarme, hazlo mirándome directamente a los ojos. —P-pero… yo… —¡Levanta la cabeza y mírame a los ojos!—gritó iracunda. —E-está bien…—terminé accediendo a sus deseos por impulso. —Mucho mejor. Ahora amiguito, ¿cómo te llamas? —M-mi nombre es Marco. —Uh, tiene un nombre curioso. Tu nombre me recuerda a un famoso explorador, ¿sabes? —¿Es así? —Sí, es una persona muy importante del lugar del que vengo. Por cierto, Marco—de alguna manera sé lo siguiente que dirá. Después de alagarme un poco me pedirá que la libere o algo así —¿Por qué estás solo en este lugar? —¿Eh?—realmente no esperaba que me preguntara algo como eso. Realmente pensé que me rogaría que la libere o que le de comida o agua —¿Qué pasa? Si no lo sabes o no me puedes decir no pasa nada, solo quería conversar un poco… —¿Acaso no le desagrada hablar con alguien como yo? —¿Alguien como tú? ¿De qué demonios hablas? ¿No veo cuál es el problema de hablar contigo o cualquier otra persona? —Es que no es habitual que las personas me hablen por voluntad propia. —Uhm… ¿De casualidad tienes algún complejo por tu apariencia?—no sabía cómo responder a eso. Obviamente lo tengo, pero que me lo pregunten de manera tan directa me molesta un poco —Vamos no es para tanto, solo es una… —¡Usted puede decir eso porque es hermosa! ¡No finja comprenderme sin saber lo que se siente ser como yo!—grité indignada. —Ok, ok, mi error. Lo siento, hablé de más—ella se disculpó gentilmente, pese a que yo le grité —Sin embargo, realmente creo que es un desperdicio que te sigas ahogando en tu propia miseria en el interior de esta pocilga, ¿por qué no cambias de trabajo o algo así? —Incluso si quisiera, realmente no tengo a dónde ir.
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