─Cállate, Undécimo─, espetó Elliott. ─Todavía no he podido entrar en tu terreno, pero sí en este. Pero es suficiente. Eva, ve a la casa Covington ahora mismo. ─Ahora mismo no me preocupa la casa─. Eva miró al recién llegado con un odio evidente. ─Lo que no entiendo es por qué es tan condenadamente importante para ti. Tan importante como para traerme un puto mensaje en mitad de la noche. ─Porque estoy deseoso de bailar sobre tu maldita tumba─, espetó Elliott ─Cuanto antes te vayas, antes podré hacerlo. ─Mira, si pones algún tipo de trampa allí, entonces no voy a ir. ─Sí que vas a ir. Vas a ser una buena sibila, o mis víctimas nunca conocerán la paz. A Jonah casi se le caen las porras. Este tipo Elliott no podía tener el poder. Era un Décimo. Eva debió captar su expresión, porque puso

