Capítulo XI - La criminal, la madre y el traidor

2962 Palabras

La sangre teñía el suelo de cerámica blanca cada vez más. Una mujer delgada y atractiva, de n***o y con un pasamontañas del mismo color contemplaba su obra sin siquiera inmutarse. Las sirenas policiales se acercaban. El cuerpo ensangrentado de Lautaro Acuña vestía su traje gris. La asesina se guardó la navaja, corrió a toda velocidad en dirección a la ventana y saltó al exterior con gran elegancia. La Policía llegó al domicilio y cerró la zona al tránsito. —Lautaro Acuña, sesenta y tres años, abogado. Asesinado de un corte en la carótida. No hay huellas del asesino en su cuerpo. ¿Las cámaras interiores dicen algo, tenemos pistas? —preguntó Brown. —No, tampoco las exteriores. Ninguna —respondió uno de los uniformados. —¿Quién llamó a la Policía? —Llamada anónima. Intentamos rastrear

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