—Querida sonríe un poco, que tienes a toda la prensa enfocándonos—Mientras oía las palabras del sacerdote intentando bendecir su unión. —No te das cuenta de que no estoy en un matrimonio sino en un entierro, porque tanto mis padres como tú me están tomando en vida— Con la mirada agachada, pero con ganas de que eso fuera solo una pesadilla y despertar en los brazos del hombre que amaba y padre de sus bebes. —En la noche de bodas te haré ver que a tu maridito no se le habla así. —Si quieres llamamos a tu personal trainer para que nos acompañen, tranquilo querido que te has puesto pálido, tú no eres el único que puede jugar sucio—Facundo no podía creer, tenía ganas de ahorcar con sus propias manos, tenía ganas de salir corriendo, pero sabía que si ella estaba junto a él en el alta

