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Esposa por conveniencia

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matrimonio bajo contrato
HE
arrogante
jefe
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alegre
Oficina/lugar de trabajo
secretos
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Descripción

La vida de Gianna cambia cuando decide buscar un nuevo trabajo, desde ese momento su vida da un giro de ciento ochenta grados al dejar que su jefe entre en su vida. Ella es una mujer amorosa y entregada a sus cosas, pero Damián hará que ella pase por encima de sus principios.

Damián es un hombre arrogante, calculador y egocéntrico, que no se doblega ante nadie; tendrá que hacer todo lo posible para poder conseguir sus objetivos, sin importar por encima de quien deba pasar. Damián tendrá que poner su vida en orden por presión de sus padres, él verá en Gianna la solución perfecta.

¿Podrá el amor nacer en medio de una mentira?

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Caos
Gianna. Era una fría mañana, sonó el despertador dando aviso de que ya era hora de ir al trabajo, abrí lentamente un ojo después del otro, lo peor era que me sentía un poco enferma, pero ni modos porque Roxanna, mi jefe "no confía en nadie más que en mí”, según me lo ha hecho saber. Pero ella tiene la razón en decir eso, la verdad es que yo soy muy eficiente, en cuanto a que me empeño en hacer mi trabajo lo mejor posible, además, tampoco me puedo negar debido a que ha sido muy buena conmigo, con mis padres y más con mi hermano, es tan buena con él que hasta le da ayuda económica para sus estudios. Así que me levanté con pocas ganas, con pereza fui a la ducha, cerré mis ojos hasta que decidí entrar bajo de la ducha, no supe si era por el sueño o el jabón en el piso, pero resbale. El golpe no fue tan fuerte, más bien fue un buen susto, haciendo que si estaba un poco dormida ahora quedará muy alerta. Terminé mi baño, salí con una bata y me dirigí al armario, no es trabajo duro escoger que colocarme, ya que debo usar a diario mi uniforme, sin agregar o quitar prenda alguna, me vestí e hice un peinado no tan elegante obviamente y por supuesto debo maquillarme, según mi jefe debo verme siempre lo mejor posible. Salgo de mi habitación con mis zapatos altos y completamente arreglada y lista para salir, al llegar al primer piso veo a mi mamá, quien se encuentra al lado de la mesa y me llama. —¡Gianna ven acá!, ¿acaso pensabas salir a trabajar sin tu desayuno?, que mal que hagas eso y más últimamente que te he visto un poco enferma, ven y toma asiento; ya tu desayuno está servido. —Debido a la insistencia de ella no me da otra salida. —¡Hola mamá!, Lo que pasa es que llevo prisa mejor cuando llegue al trabajo me pido un vaso con fruta —le hablé, mientras abría la puerta. Voy camino a la cochera a sacar mi auto, estoy muy feliz ya que es mi primer auto y no es por ser vanidosa, pero es nuevo, lo debo casi todo, pero así me motivo todos los días en trabajar con todos los ánimos del mundo; abrí la puerta de la cochera y lo primero en notar es que mi auto no está. Llevo mis dos manos a la cabeza, ¡carajo!, seguro fue mi hermano, anoche estaba tan profunda que no oí cuando él entró a mi cuarto y sacó las llaves del auto; no tengo de otra, me tendré que ir en servicio público, ah, pero eso sí mi hermano me tendrá que oír. Tome un taxi, pero de camino a la empresa precisó el taxi se varó, por lo cual llegué tarde, enferma y con mal genio, ¡vaya!, no les voy a mentir, así que no era el mejor día para atender al público, por lo cual realicé mis tareas pronto y no tome mi hora de almuerzo primero porque mi apetito se había quedado en casa y segundo para salir más temprano de la oficina. Fui directo a la oficina hasta donde mi jefa, ella estaba ocupada en una llamada así que tuve que esperar un poco, mientras estaba en su oficina ella hablaba con un tono coqueto y un tanto intrigante, no puse mucha atención por respecto a ella, pero de lo que sí estaba segura era que ella estaba detrás de un hombre el cual la volvía loca. Mientras esperaba me tomé el atrevimiento de tomar un chocolate de su mesa mientras esperaba, ella me hizo una mueca mientras que movía su cabeza en forma de negación, puso su mirada en mí y con una mueca me pregunta "¿que deseaba?"; de inmediato le hice señas que estaba un poco enferma y que si podía salir temprano así que ella me hizo señas con sus manos y su boca sin emitir sonido alguno indicando que me fuera, no sin antes decirme con un movimiento de sus labios que debo terminar de revisar una carpeta indispensable para un nuevo negocio. Dude en llevarla a casa, porque en la carpeta había muchos documentos de la empresa, debido a las circunstancias no tenía otra salida más que llevarla conmigo, salí de la oficina un poco enferma además me sentía mareada debido a la falta del almuerzo, baje por las escaleras de la entrada principal de la empresa, pero tropecé debido a mis tacones y me fui directo a la vía; con suerte una camioneta oscura y muy lujosa alcanzó a frenar, pero aun así me lleve varios raspones y obviamente el gran susto. Lo peor vino cuando el conductor hacía sonar su bocina al lado de mi oído, no suficiente con el fuerte dolor de cabeza que venía conmigo, como pude llegué hasta mi bolso, gracias al impacto quedó un poco lejos, luego me acerque y golpee fuerte con mi bolso el frente de aquella lujosa camioneta, sale del Interior unos hombres bien vestidos, pero en especial hubo uno que se acercó donde yo estaba tirada. Él no demostraba estar preocupado, sólo colocó su mano en mi espalda y me ayudó a levantarme, puse mi mirada en su rostro, no pude evitar notar lo apuesto que era, sin hablar de lo delicioso que olía, su mirada era tan profunda y seductora, sus ojos color verde, que hacían que cualquier mujer cayera rendida ante él, su boca era hermosa, sus perfectos labios delgados, era un hombre perfecto, él se quedó mirándome fijamente. —¿Señorita se encuentra bien? —él me preguntó. No podía ser delicada en lo más mínimo con él, claro está que él no tenía culpa alguna, pero no quería quedar como una estúpida ante tal belleza de hombre, así que agaché un poco la cabeza y le respondí con un tono de voz un poco fuerte. —Pero, ¿es que acaso usted no ve en las condiciones que me encuentro? —le contesté muy enojada. —Disculpe señorita, si se encuentra mal. Le diré a uno de ellos que la lleven a un hospital. —Él se aleja un poco mientras me habla, haciendo un gesto con el ojo a uno de los hombres con los que viene. —No señor, pierda cuidado yo estoy bien para que lo sepa, solo fueron un par de raspones, además fue culpa mía, fui yo quien tropezó así que no tiene que ponerse en eso conmigo. —Mi enojo es difícil de ocultar o bueno quizá mi vergüenza. Estaba allí tirada en el piso frente a este obstinado hombre, que quería llevarme si ó si a un hospital, pero yo no quería ir con ellos, bueno especialmente con él, además se veía que hacía lo que él quisiera, él estaba hablando con los otros hombres que venían en la camioneta, después se acercó nuevamente, en mi cabeza solo tenía una respuesta para él, y era negación rotundamente. —Le repito señorita la llevaremos a un hospital, no es molestia para mí, ya que yo quedaré más tranquilo después que la revise un doctor, le recomiendo que la próxima vez se fije por donde pasar, para que este tipo de accidentes no se vuelvan a repetir. Ahora, lo del hospital es enserio, no me gusta deberle nada a nadie, si acaso es por nosotros que no quiere ir a un hospital, entonces la acompañaré hasta un taxi para que se sienta más segura, adicional una de las personas que me están acompañando irá detrás y asumirá todos los gastos. —No le estoy pidiendo que me lleve hasta un hospital, mucho menos le estoy pidiendo dinero, con eso no se soluciona todo. Sé que fui yo quien se tropezó, sin embargo, ustedes también tuvieron algo de culpa allí —le dije, con una medio sonrisa llena de satisfacción. Viendo como los colores de ese hombre cambiaban. —Entienda que usted apareció de repente frente de la camioneta y mi conductor no alcanzó a frenar, yo no me di cuenta porque venía en la parte de atrás —él sube su tono de voz—. Además, mi mirada la tenía puesta en algo que me convenía. —Se notaba su impaciencia porque no accedía a sus cosas. Él era demasiado apuesto así que cada vez que se acercaba a mí, me hacía poner muy nerviosa, más aún al poner su mirada en mí boca, me tomó de la mano y con su dedo pulgar me daba leves masajes, o quizá solo quería sentir mi piel. Como pude me puse en pie, avergonzada por la caída, adolorida por los raspones e intimidada por la mirada de ese hombre, le halé mi mano y me di vuelta alejándome de su mirada. Le di una última mirada, un hombre como él, jamás hará lo que quiera conmigo. Tome un taxi rumbo a la casa mientras que me preguntaba porque preciso había chocado con alguien como él, mientras iba rumbo a la casa no podía olvidar la mirada de ese hombre, su boca y en la forma como me tomo la mano, fue como una conexión profunda entre él y yo, lo peor vino cuando ya estaba casi por llegar a la casa, me di cuenta que no llevaba conmigo la carpeta, cuyo contenido costaba mi trabajo. De inmediato regresó conmigo el dolor de cabeza, escalofríos y hasta me dolió el estómago, me sentía muerta, al imaginar todo lo que se me Iba a venir sobre mí, mi jefe me iba a eliminar teóricamente, ya sabría su respuesta cuando yo le dijera que perdí su carpeta.

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