CAPÍTULO 3 ¿SOY LIBRE?

3248 Palabras
—   Marilyn. — mi mirada la cual se encontraba fija en un parque fuera del hospital vuelve a posarse en la psiquiatra. — ¿quieres hablar de lo que paso? —   Ya se lo he dicho miles de veces. Llevaba dos semanas en el hospital, resulta que cuando Ernesto me trajo tenía varios huesos fisurados, hematomas por todo mi cuerpo y una leve inflamación del cerebro, afortunadamente todo ha tenido su arreglo y he ido mejorando día con día. En cuanto a Joaquín, según Ernesto se desapareció de la faz de la tierra, porque la policía no lo encuentra en ningún lado de la ciudad, aquello no me tranquilizaba para nada, Joaquín podría estar en cualquier lado sin ningún tipo de aprensión. Obviamente, la noticia del empresario maltratador se hizo presente en todos los medios de comunicación, provocando que la mayoría de los accionistas de la empresa se retiraran, todo esto lo sé gracias a Ernesto. Y pensando en él, me impacta lo diferente que es de su hermano mayor y debe ser porque se crio fuera del núcleo de su padre. De aquel viejo machista y misógino. —   De las sesiones que hemos llevado solo me has dicho que Joaquín solo quería la herencia familiar. —   Así es. — asiento con mi cabeza. —   Pero hay un trasfondo en todo este asunto Marilyn. —   ¿alguna vez se ha visto en esa situación donde sus colegas hombres no la toman en cuenta para nada? La psiquiatra de inmediato se tensa en su silla. —   No estamos hablando de mí. — dice. —    Tú y yo somos mujeres doctora, y todo el mundo gira en prioridad al hombre. — me inclino hacia adelante y apoyo mis codos sobre mis piernas. — Desde pequeñas nos dicen que debemos arreglarnos para ellos, que debemos comportarnos con modales, que no es necesario tener una carrera profesional porque simplemente te dedicaras a tu esposo e hijos. Desde que somos niñas nos regalan bebes, cocinas de juguete, trapeador y escoba, entre otros juguetes que le dictan a la mujer lo que debe hacer. Mientras que sus maridos están sentados cerca de una chimenea fumando un delicioso habano sin colocarle cuidado a lo que realizan sus criaturas, o que le son infieles a sus mujeres y estas deben perdonarlos porque es el único sustento de la familia y que si una mujer es capaz de serle infiel a su esposo será catalogada como una zorra barata. ¿me equivoco doctora Smith? —   El mundo ha evolucionado Marilyn, la violencia de género ya no es dejada de lado, ahora se hace la verdadera justicia para darle una tranquilidad a la mujer. —   Si está cambiando ¿Por qué me sucedió esto? — pregunto afligida. — yo era feliz y ahora simplemente soy una bola de carne andante. —   No te trates de esa forma, piensa en que ya eres libre y que Joaquín no te podrá hacer daño —   ¿Soy libre? — frunzo el ceño —   Si, si lo eres. —   No lo soy doctora, él está en mi cabeza diciéndome una y otra vez que soy la peor mujer del mundo, que soy una inservible porque no pude engendrar un hijo. —   ¿ese fue el detonante? —   El detonante fue el malnacido de mi suegro el cual nos exigió un nieto, no nos dejó disfrutar de nuestra boda como se debía, si no lo hubiera pedido Joaquín y yo llevaríamos la mejor de nuestras vidas. —   ¿en serio crees que todo hubiera sido diferente? —   Ahora mismo… no lo sé- — agacho mi cabeza. —   Está bien Marilyn, terminamos por hoy. —   Gracias. — hablo para luego levantarme de mi asiento. —   Lo más probable es que pronto te den de alta. —   Si, el doctor menciono que en dos días me darían el alta. —   Entonces nuestras sesiones ya no serán constantes, agendaré dos a la semana comenzando desde el lunes y la otra sería el jueves. —   Ok. —   Todos estos papeles se las daremos a tu familiar. —   No es necesario, yo soy capaz de todo, soy una adulta. —   Lo sé Marilyn, pero tu familia también necesita una constancia de que si estás siendo tratada. —   Claro, como diga. — coloco mis ojos en blanco. Sin esperar una despedida Salí del consultorio para comenzar a vagar por todo el pasillo de psiquiatría, era bastante tranquilo, y el blanco del lugar lo asemejaba a una nube, solo que llena de locos como yo. Digo que estoy loca porque en varias ocasiones tuve episodios psicóticos que implicaban a mi marido prófugo. Además de eso Ernesto simplemente me había dejado aquí y no había aparecido más, dirá él que no tendrá ocupaciones conmigo, ya que pronto dejaré de ser parte de esa familia. Todavía podía recordar con claridad cuando me cargo entre sus brazos, aquel chico definitivamente no era hijo de Eliecer, si lo fuera hubiera dejado que su hermano me siguiera golpeando. Regrese a mi habitación y me acosté en la cama, era bastante incómoda, pero no me podía quejar, en algunas ocasiones Joaquín me tiraba de la cama porque simplemente quería toda King zise para él solo. Rebobinando en el tiempo, no sé como pude dejar que me hiciera esto, siempre me considere una mujer fuerte que podía con todo, que repudiaba a los maltratadores y que solamente cuando estuviera loca andaría con uno. Mi padre me había enseñado a ser completamente independiente para que pudiera evitar este tipo de situaciones, que mi vida fuera mía y no de otro y que pudiera mandar a la mierda a cualquier hombre si llegara a tocarme un solo cabello, pero sé que perdí toda confianza con él cuando me comprometí con Joaquín. Pero la culpa de todo esto la tiene el amor, gracias a ella no pude darme cuenta de lo que realmente me estaba metiendo, me dejé llevar por aquel instinto primitivo de sentirse protegida por un hombre tan poderoso como lo era Joaquín. Mis pensamientos se ven interrumpido por el chirrido de la puerta, no me muevo, pero de reojo pude ver de quien se trataba. Agustina Guevara. —   Hola Marilyn ¿cierto? Nunca nos habíamos conocido ni por error, al igual que Ernesto quiso ser feliz fuera de su padre. —   Sí. — respondo seca. — ¿Qué haces aquí? —   Sé que ahora mismo no quieres saber nada de nuestra familia, pero hoy estoy aquí porque vengo apoyarte en todo sentido de lo legal. —   No necesito nada de ustedes. —   Soy la mejor abogada especializada en casos de violencia familiar y contra la mujer y odio a Joaquín. — se encoge de hombros. —   Ya tengo un abogado que está a cargo de este caso. —   Lo despedí, estaba haciendo un pésimo trabajo, así que de ahora en adelante seré tu abogada. —   No puedes hacer eso, eres la hermana de Joaquín y nadie me puede asegurar que no tergiversaras las pruebas. —   Ya te dije que odio a Joaquín. — taconea hasta quedar sentada en una de las sillas en frente de mí. —   Ese no es mi problema. —   Te contaré una historia. — deja un bolso que tenía colgando del hombro sobre su regazo. — cuando era pequeña vi como muchas veces mi padre golpeaba a mi madre, le decía que era una inservible, una mala mujer, puta, perra, zorra, cabaretera, entre otras cosas que me dan asco mencionar, Joaquín al ser el mayor y el primer hijo varón fue prácticamente criado por mi padre, constantemente le metía ideas a la cabeza y muchas veces el pequeño se negaba, era castigado fuertemente. Luego nacimos Ernesto y yo, mi padre pretendía hacer lo mismo con Ernesto, pero mi hermano menor por dos minutos era tímido, pero de carácter fuerte y con determinación, era obstinado porque no quería hacerle caso a nuestro padre, y a mí, simplemente me lanzo a los brazos de mamá porque yo no le iba a servir para nada. Nuestra madre murió cuando teníamos 12 años y decidimos irnos lejos, aun un internado en Londres, no queríamos estar con el monstruo de nuestro padre. Sabíamos que Joaquín pronto caería en todas las demandas de nuestro padre y desafortunadamente aquí estas. — termina de decir. — ahora ¿crees realmente que quiero ayudar a Joaquín o a ti? —   Tu padre era un asco de ser humano. — escupo llena de rencor. —   Sé cómo te debes sentir ahora mismo, vi a mi madre vivir todo esto y no es para nada agradable, quiero ayudarte en todo lo posible para que esto no quede impune, todo mi bufete está disponible para ti si no quieres que yo te represente. —   Yo quiero alejarme por completo de tu familia. —   Entiendo, pero en estos momentos sigues en peligro, mi hermano está suelto por ahí en la calle y créeme que el resentimiento y la ira que tiene por dentro le da toda la posibilidad de buscarte y terminar lo que comenzó. No me había percatado de aquello, Agustina tenía toda la razón, no podía entender cómo se me había paso por desapercibido esta posibilidad. —   ¿no quieres escuchar mi historia? — le pregunto. —   Claro. Entonces comencé a relatarle detalle como fue que Joaquín y yo nos conocimos y las demás cosas que acontecieron. Pronto los ojos de Agustina se fueron llenando de lágrimas hasta el punto de comenzar a llorar con todo sentimiento, como si le doliera todo aquello. Podía sentir su desesperación, porque así fue como yo me sentí cuando vi por primera vez la infidelidad de mi esposo y de cómo me había golpeado por primera vez, y también de cuando supe que había dejado embarazada a aquella mujer que llevo a casa para tener sexo con ella en nuestra cama, Joaquín tenía descendencia, lo llevo ante su padre, pero este lo rechazo porque no era mío, sino de una cualquiera, esto era algo que había decidió omitir por completo de mi vida, pero en el momento que Salí de casa todo volvió a mí como una película de terror. —   Lo siento mucho Marilyn. — Agustina toma mi mano y la aprieta. —   Tú no tienes por qué sentir nada Agustina, no es tu culpa que tu hermano y padre hayan sido unos monstruos. —   Por favor déjame representarte, podemos hacer todo lo posible para que seas indemnizada, dejemos a Joaquín en la calle y hagamos que el 10% que tiene de la empresa queden a tu nombre, así podrás reconstruir tu vida, tienes 25 años, aún eres joven, debes abrir tus pétalos como la flor de loto, que a pesar de estar rodeada de fango puedes crecer y ser la más bella del lugar. —   No me interesa el dinero de tu hermano. —   De igual forma una parte de todo será tuya, eres su esposa, él sabía que si tú le pedías el divorcio te quedaría con la mitad de absolutamente todo y en el estado en que estabas prácticamente lo ibas a dejar en la calle. Tenía razón, Joaquín tenía todas las de perder y no estaría mal darle la mejor de las venganzas. —   Acepto. — asentí. Dos días después de aquella conversación me dieron de alta, estaba en la entrada del hospital sin saber que dirección tomar, era libre después de 5 años de tortura, todos los colores a mi alrededor se veían más brillantes, el cielo ya no era grisáceo, ahora el azul era vivo y las nubes se veían más esponjosas de lo normal. Sonreí. Abrí mis brazos al aire y dejé que una corriente fría recorriera mi cuerpo. —   Soy libre. — me dije a mi misma. —   Sí, eres libre. Mire en dirección a quien estaba a mi lado. Ernesto se encontraba de pie a mi lado con su gran porte, por fin podía verlo con total claridad. Sus facciones no eran para nada parecida a las de su padre o hermano, ni siquiera a Agustina, ya que los gemelos siempre llegan a parecerse. Su mandíbula era fuerte, el color de sus ojos era café claro y tenía un particular lunar cerca de su labio y su cabello estaba todo peinado hacia atrás. —   Vaya, por fin apareces. —   Siento no poder visitarte durante la semana, pero teniendo en cuenta la desaparición de mi hermano y con la ida de varios inversionistas, estuve bastante ocupado. —   Entiendo. — asiento con mi cabeza. Un silencio incómodo se forma entre los dos, podía sentir su mirada sobre mí lo cual me incomodo, así que miro hacia otra parte y evitar su penetrante mirada. —   Sé que ahora no tienes a donde ir y junto con Agustina y te hemos comprado un departamento. —   Eso no era necesario. —   Claro que si lo era ¿Dónde pretendías descansara? —   No lo sé, en algún albergue. — me encojo de hombros. —   Sí que eres obstinada. — coloca sus ojos en blanco. —   No soy obstinada, te diré lo mismo que le dije a tu hermana, quiero alejarme de esta familia. —   Pero nosotros no somos como nuestro padre y hermano, y lo sabes. —   Si lo sé, pero siento que no podre tener una recuperación sana si los hermanos de mi esposo siguen rondándome. —   En serio lo consideras tu esposo luego de todo lo que te hizo. — se carcajea con sarcasmo. — eres igual a nuestra madre. —   Si, si lo soy, pero yo en todo momento tuve la intensión de escapar, no me quede con mi esposo abusivo. — golpeo mi dedo índice contra su pecho con cada cosa que decía. Quien carajos era él para decirme aquello. — y es mi esposo porque un maldito papel lo dice, espero con ansias el divorcio. —   Si tan inteligente eres, será mejor que tomes la oferta del departamento. — sentencio. Vamos Ma, no tienes a donde ir y lo más probable que íbamos a ser era dormir en una banca del parque de en frente, acepta la oferta de Ernesto y cuando nos hayamos recuperado por completo nos largamos de aquí. Dictamino aquella voz en mi cabeza. —   Está bien, acepto, pero luego que acabe todo con respecto a Joaquín me iré lejos de aquí. —   Me parece perfecto. — asiente con su cabeza. — vamos al auto, te llevaré a tu nueva casa. Caminamos hasta el estacionamiento donde se encontraba una auto lujoso, un hombre vestido de traje y una gorra sale y se acerca a la parte trasera para abrir la puerta. —   Señorita Espinoza. ­— saluda. —   Hola. — digo con simpleza, para luego entrar en el auto, seguido Ernesto se sentó a mi lado. —   Ya sabes a donde Jorge. El tal Jorge asiente con su cabeza y pone en marcha el auto. —   Agustina se encuentra en el departamento, está arreglando los últimos detalles de la decoración, comida, implementos de aseo, ropa, zapatos, joyas, todo lo que necesites. —   No era necesario que me compran todo eso, yo podría trabajar para comprarme mis gastos. —   ¿acaso ya tienes un empleo? — niego con mi cabeza. — entonces si necesitas todo lo que está en el departamento. — se encoge de hombros. Bufo. Con este hombre no se podía llegar a absolutamente a nada. Veo todos los locales y personas que transitan la calle, recordaba muy poco de cómo se podía ver todo a nuestro alrededor, de como es tener amigos con los que hablar sin que tu esposo todo el tiempo te celara con ellos. Entonces un recuerdo viene a mi cabeza. —   No quiero verte más con ellos. — dijo Joaquín con una voz trémula, —   ¿Por qué ellos son mis mejores amigos? —   Marilyn yo también soy hombre, ellos te miran con lujuria. —   ¿Entonces lo que me estás queriendo decir es que ves a otras mujeres con lujuria? —   No pongas palabras en mi boca, solo te estoy diciendo la verdad, porque quiero protegerte, ellos te quieren para algo más y los vas a dejar de frecuentar. Fue la última vez que vi a Rafael y Juan y a la semana siguiente deje la universidad. Definitivamente, si fui una estúpida, dejé que mis sentimientos me cegaran y no me permitieron ver la realidad de todo este asunto. El auto se detiene en frente de un edificio bastante pintoresco, tenía locales a cada lado y cruzando la calle había un pequeño supermercado, me gustaba toda la buena vibra que emanaba. —   Puedo ver que te gusta. —   Sí, es muy bonito. — asiento con mi cabeza. —   Entonces te gustará el departamento por dentro. — Jorge abre la puerta de mi lado y me tiende la mano, la tomo y me ayuda a salir del auto, detrás de mi Ernesto. — subamos Ernesto me toma de la mano y me guía hasta dentro del edificio donde el portero nos saluda con un asentimiento de cabeza, el elevador afortunadamente estaba en la primera planta y no tuvimos que esperar que bajara desde algún piso. Ernesto presiona el botón del 5 piso y este de inmediato empieza a ascender. —   Se me olvidaba mencionarte un pequeño detalle. —   Sabía que toda esta amabilidad tenía un trasfondo. —   Tranquila, no es nada a cambio, es solo un detalle. —   Ya suéltalo rápido Ernesto. — me cruzo de brazos. —   Por tu seguridad contratamos a un personal, limpieza, chef, y escolta. —   ¿Es en serio? —   Si, Joaquín sigue por ahí afuera y es peligroso que estés indefensa, tranquila, todos los escoltas son mis amigos. —   ¿acaso tú eres escolta? — curioseo. —   Tuve entrenamiento militar, así que tengo mis contactos. —   Es mejor que me enseñes a defender antes que gastar toda una montaña de dinero por tu excuñada. Las puertas del elevador se abren. —   No es solo por eso Marilyn. —   ¿entonces qué es? —   No todo en la vida lo puedes saber. Nos acercamos a una puerta la cual tenía el número 503, saca unas llaves de su bolsillo para luego meterla en la cerradura y abrir la puerta. —   Adelante. Empujo la puerta y de inmediato quedo pasmada ante la inmensidad del lugar, definitivamente esto era algo que no me esperaba, es lujoso, pero a la vez sencillo. Agustina sale de algún lugar y se acerca con una gran sonrisa. —   ¿te gusta? — pregunta tomándome del brazo para llevarme a la sala. —   Esto… es mucho para mí, no debieron molestarse, por tanto. —   Es lo mínimo que podíamos hacer por ti. —   Ya le mencioné que no va a estar sola, estará vigilada 24/7. — Dice Ernesto sentándose en uno de los muebles. —   No es exactamente vigilada, solo que estarás protegida. — aminora las palabras Agustina. — no la asustes. — regaña a su hermano. —   Solo digo la verdad. — se encoge de hombros. —   Como sea, aquí tienes un teléfono nuevo, en marcación rápida tienes nuestros teléfonos. — me entrega la caja de un iPhone. —   Oigan, en serio, esto ya es mucho. —   Tranquila Marilyn, podemos permitirnos todo esto. — Ernesto abre sus brazos señalando todo el lugar para luego sonreír. —   Ven, vamos a conocer el departamento, parece que alguien amaneció del otro lado de la cama. Agustina me jala del brazo y me lleva lejos de Ernesto, el cual nunca despego su mirada de mí.
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