El destino
Aquí estoy una vez más en el salón de cristal, me encuentro frente a unas grandes puertas que me separan de la oficina de Miguel, hace una hora me mando a llamar y me pregunto porqué.
Las grandes puertas se abren ante mi y escucho su poderosa voz
—Azael, te estaba esperando—entro y cierro la puerta detrás de mi.
—Buen día Arcángel—digo con voz firme y hago la reverencia que un ángel con su rango merece.
—Toma asiento, tengo un asunto importante para ti.
Al escuchar esas palabras inmediatamente me tenso, para estos “asuntos importantes” la mayoría de veces es requerido mi hermano Azazel, ¿porque estoy yo aquí esta vez?.
—Siéntate y escucha con atención, debes bajar a la tierra— ¡a la tierra! Grito en mi interior; mi cara de seguro es un poema porque Miguel sonríe.
—Lo que debes hacer es confidencial, no te puedo dar mayor detalles de la misión por ahora, lo único y lo más importante es que deberás ir a proteger a una chica— esto cada vez se pone mejor, ahora seré convertido en un ángel guardián ¡que dicha la mía!, nótese mi sarcasmo ante esta idea.
—Ella no sabe que corre peligro y no podrá verte por obvias razones, pero tú estarás allí para ella, escúchame bien Azael, debes protegerla a toda costa, vendrán por ella, debes estar preparado para defenderla de los caídos, los demonios y hasta de mi hermano— Dice lo último en un tono muy bajo y se voltea, mirando desde su gran ventanal a todo el paraíso.
¿Su hermano, que quiere decir con eso?, un arcángel jamás lastimaría a nadie.
—Disculpe arcángel si estoy un poco perdido, entiendo que no pueda darme muchos detalles de la misión, pero, ¿cuál arcángel quiere hacerle daño?.
Miguel se gira y me mira serio, podría jurar que sus pupilas se dilatan un poco.
—No Azael, no un arcángel un príncipe, el príncipe de las tinieblas, mi hermano Luzbel irá tras ella.
Palidezco, de todo lo que me han enseñado, lo primero siempre a sido no temer al oscuro, el no tiene poder, pero es mentira, claro que tiene poder, y yo por supuesto que le temo, me congelo con su nombre, ¿porque de todos Los Ángeles del cielo me envían a mi?, esta misión es demasiado riesgosa e importante.
—Se que te estás preguntando porque tú, y la respuesta es sencilla Azael, fuiste creado para esto, el propósito que mi padre tiene para ti es este.
Uno como ángel puede rechazar una misión, pero si es tu destino, no hay otra opción, debo hacerlo.
Me pongo de pie y hago mi reverencia.
—Si este es mi propósito no fallaré arcángel, pondré todo de mí en esta misión— Le digo solemnemente mirándolo a los ojos.
—Lo sé Azael, estoy seguro de ello, no hay margen de error, él no puede tenerla, el mundo como lo conocemos sería destruido si el la encuentra.
—No lo hará— Respondo fuerte y claro, para esto fui creado debo cumplir mi propósito.
—Ya debes irte, afuera te esta esperando victoria, ella te dará las coordenadas para encontrarla, recuerda Azael, ella no podrá verte, pero si sentirte— Asiento y salgo de la habitación.
Sentada en un pequeño escritorio se encuentra victoria, ella es un ángel bastante pequeño, tiene el cabello dorado como el sol y unos ojos negros y profundos, siempre está sonriendo y es bastante amable; me acerco a ella y la saludo.
—Buen día Vic, ¿cómo estás?— Ella me sonríe de vuelta como siempre.
—Hola galán, estás son tus coordenadas, buena suerte Azael y te cuidado— El semblante de Victoria cambia, se pone seria al instante, toma mi mano y la aprieta fuerte, yo solo puedo dedicarle una sonrisa débil, creo que aún no asimilo todo esto, no se lo que me espera ahí abajo, ni a qué deberé enfrentarme, pero de una cosa estoy seguro, no pienso fallar, haré lo que sea, pero no fallaré es mi misión.
Camino por los pasillos del cielo en busca de mi hermano Azazel, debo despedirme de él antes de bajar, después de todo somos gemelos, siempre pensé que habíamos sido creados por un propósito en conjunto, pero al parecer no es así, se siente un poco extraño, ¿porque no crearon gemelos si tendríamos destinos separados?, pero quién soy yo para juzgar, cómo todos dicen los caminos del señor son misteriosos.
A lo lejos entre tantas alas de distintas formas y colores logro vislumbrar el rostro de Azazel y no tengo necesidad de gritar su nombre, solo coloco mi mano derecha sobre mi corazón y pienso en el, es casi inmediato a los 5 segundos lo tengo de pie junto a mi, no sé si otros ángeles tienen esta clase de comunicación o solo es algo de gemelos, pero siempre a sido así entre nosotros.
—Ya tengo mi misión— le digo sin rodeos, debo irme cuanto antes —Dedo bajar a la tierra y no se cuando volveré— la cara de mi hermano palidece, seguramente así me vi cuando Miguel mencionó al oscuro; Azazel me toma por sorpresa cuando me abraza, es mi hermano y nos amamos, pero los abrazos nunca han sido parte de nosotros.
—Quiero que sepas que estaré al pendiente de ti allá abajo, si me necesitas ya sabes que hacer, bajaré por ti Azael, no importa si me castigan por ello.
Me despido de mi hermano y emprendo el vuelo hacia la tierra, nunca había bajado, el aire se siente helado, envuelvo mis alas a mi alrededor para protegerme e impulsarme más, tomo mucha velocidad, todo a mi alrededor es completamente oscuro, estoy bajando por el profundo espacio; poco a poco empiezo a ver luz, la tierra, ya estoy tan cerca, siento como mi cuerpo entra en una especie de campo magnético y comienzo a ver nubes a mi alrededor y un cielo azul, no tanto como en el paraíso, pero es precioso también, abro mis alas para ir perdiendo velocidad, y eso me da tiempo de admirar la tierra por primera vez, tantos colores y edificaciones, es impresionante, puedo sentir el calor del sol en mi piel, me gusta, me da la sensación de alegría por alguna razón, comienzo aletear mis alas para bajar más despacio, hasta que por fin toco tierra firme.
Me encuentro en medio de un pequeño bosque, muy adecuado para mi descenso, empiezo a caminar siguiendo las instrucciones de las coordenadas de Victoria, en 10 minutos ya me encuentro en una calle bastante concurrida, nadie puede verme y eso es un alivio, veo cafés, bares, casas, oficinas, las personas vienen y van, todo es tan pintoresco, hay calles e incluso edificaciones hechas en piedra, llego hasta una plaza donde hay gente reunida comiendo, riendo y descansando, no he visto mucho aún y no estoy aquí de visita, pero hasta ahora me gusta mucho lo que veo, Roma resulto ser más bonito de lo que imaginaba.
Adaia
Hoy es uno de esos días en los que me siento particularmente extraña, últimamente me pasan mas a menudo, es como si no perteneciera aquí, mi madre dice que soy un alma vieja que seguro reencarne, pero no creo que sea así, o no lo se, quizás tenga razón, hoy siento que nada me importa, no preste particular atención en clases y ahora menos, estoy sentada en la plazoleta con un grupo del salón, se que hablan de alguna cosa, pero no llama mi interés, simulo que los escucho y me rio de algo que dijeron, pero no es verdad, veo mi reloj y digo que tengo que irme.
- Oh chicos lo lamento, ya debo irme, quede de acompañar a mi mamá hacer unas compras-. Les sonrío y les digo adiós con la mano mientras me alejo caminando, algunos protestan y me gritan que me quede, pero los ignoro.
Mientras camino rumbo a mi casa siento como un cosquilleo en la nuca y volteo, no hay nadie, no veo nada, pero es extraño, no sé cómo explicarlo puedo sentir como si alguien me estuviera viendo, apresuro el paso hasta mi casa, solo quiero tomar una ducha y ponerme a escuchar música, o quizás escriba algo, eso siempre me ayuda.
Cierro la puerta detrás de mi y me recuesto sobre ella, hago una respiración profunda, por fin estoy en casa, en este lugar me siento a salvo, segura y en calma, no necesito hablar sino lo deseo, no necesito aparentar, aquí soy solo yo misma, y eso esta bien; mi madre no esta, así que tengo aproximadamente dos horas de soledad antes de que llegue y pienso aprovecharlas al máximo, amo a mi madre, pero necesito estar sola de vez en cuando; camino hacia mi habitación y me desprendo de todo, dejo mi mochila, mi ropa y entro al baño, mi cuerpo pide a gritos una ducha de agua caliente, abro el grifo, mido la temperatura y una ves que esta perfecta me zambullo bajo el torrente de agua cálida, una delicia, siento como todos los músculos de mi cuerpo se van relajando lentamente, y solo me quedo ahí sintiendo el agua caer.
Siempre he sido solitaria, pero desde la pubertad la cosa se ha intensificado, cuando trato de entablar una conversación es como si fuéramos de mundos distintos, siento que las preocupaciones o los problemas de algunos a veces son tan banales, tan superficiales, por eso siempre me han considerado la rarita, prefiero el silencio, estar sola, o con un buen libro, una única vez he encontrado a una persona con la que realmente me gusta hablar, mi madre, es como si ella leyera mi mente, después de todo me trajo al mundo no, ella me llama alma vieja, y tiene algo de sentido, es posible que reencarne y esta vida es bastante aburrida y mi alma me lo recuerda cada día.
Azael
Estoy observando a todos en el parque cuando la veo por primera vez, es ella, tiene que ser ella, se levanta de una mesa diciendo adiós y empieza a caminar hacia uno de los callejones, inmediatamente la sigo, es delgada y un tanto alta, 1.66 diría yo, tiene el cabello lacio y n***o, es muy brillante, le llega más abajo de sus caderas y la piel es casi como la de un ángel, blanca y brillante, cómo sé que es ella, por la vibra que emana de su cuerpo, es como si algo me empujara hacia ella y tiene una especie de luz a su alrededor, es como si una escarcha dorada la rodeara, es sutil, pero allí está, los humanos no pueden verla, pero yo la veo, y si yo puedo verla los demonios también, eso será un problema.
La sigo por unos minutos hasta que se detiene, veo cómo toca su nuca y luego voltea, me paralizo, es preciosa, no, es más que eso, es divina, es celestial, tiene unas facciones perfectamente esculpidas y delicadas, pero lo más impresionante, lo que me atrapo, son sus ojos, uno es de un azul demasiado intenso, y el otro es rojo, si, su iris es roja, es impresionante, es maravillosa, la miro por unos segundos que parecen eternos, hasta que se voltea y continúa caminando a paso apresurado delante de mí.
No se quien es esta chica, no se porque me han elegido a mi para esta misión, pero lo que si se es que voy hacer lo que sea por ella, no puedo explicarlo, no puedo entenderlo, es algo magnético, a duras penas logro controlar mi impulso de tocarla, de dejar que me vea, de decirle que estoy aquí para ella, esa mirada, es como si hubiera podido verme, como si me conociera, si me necesitara, o yo la necesito a ella, ya ni se lo que pienso, desde el momento en que vi sus ojos es ella la que guía mis pasos, mis acciones, puedo no saber muchas cosas, pero de algo si estoy completamente seguro y es de caer.
¡oh Adaia, que me haz hecho, caeré fuerte, caeré por ti!.