New York

1006 Palabras
Estamos de pie en las afueras del aeropuerto, duramos un buen tiempo esperando las maletas, por fin logramos tomar un taxi y vamos rumbo al hotel que hemos reservado, no podemos quedarnos en un solo lugar por mucho tiempo, seriamos una presa facil de encontrar, así que mañana mismo deberiamos encontrar un lugar para vivir, lo mejor sería un edificio, lleno de muchos vecinos con quienes camuflarnos; mi hermano me aconsejó buscar a una bruja, ya presentíamos que esta misión iba a ser complicada, en este caso la magia será nuestra mayor aliada, podemos disfrazar nuestra ubicación, nuestros olores, nuestra apariencia, lo primero será localizar una buena bruja de confianza, que quiera ayudarnos en esto. Llegamos al hotel, está en una calle concurrida y es bastante modesto, una sola entrada, una sola salida eso es genial servirá por ahora; nos bajamos del taxi, tomó las maletas, pasamos a registramos en recepción, nos entregan las llaves y subimos, ellas dormirán juntas, no hay habitación para los 3, lo cual no me agrada nada, estoy en la habitación siguiente, pero las pierdo de vista y eso me pone tenso. —Pueden descansar un rato, ahora saldremos a explorar un poco la zona, me gustaría que vinieran conmigo— les explicó. —Claro Azael, tomaremos una ducha y quizás dormir un poco, nos avisas cuando sea momento de salir— responde Lucinda y luego ambas entran en su habitación. Siguiendo su ejemplo hago lo mismo, para mi no es algo necesario el tener que bañarme pero me entra curiosidad de cómo se sentirá, así que me despojo de toda mi ropa y entro al cuarto de baño, enciendo la ducha y espero que salga el agua caliente, meto mis manos lentamente y se siente agradable, me sumerjo bajo el torrente de agua por completo y es una delicia, siento como mis músculos se relajan poco a poco, la tensión de hace unas horas se va disipando, y lo agradezco, necesito recargar energías para lo que viene. Pierdo la noción del tiempo, si tuviera la posibilidad de dormir, probablemente me hubiera quedado dormido ahí mismo, apago la ducha y salgo, me visto de nuevo y miro la hora, son las 6 de la tarde es momento de salir a dar una vuelta de reconocimiento, salgo en busca de las chicas. No están en su habitación, toco y no responden, empujó con fuerza y entró pordría simplemente atravesar la puerta, pero necesito mantener mis poderes a raya, mientras menos los use menos posibilidades tienen de encontrarnos, una ves dentro me doy cuenta de que esta vacía, mi mente se pone a trabajar a toda velocidad, ¿donde pueden estar? cierro la puerta y corro por los pasillos hasta llegar al lobby del hotel, pregunto por ellas pero no las han visto ¡no puede ser!, empiezo a entrar en pánico me debato entre salir a buscarlas o cimplemente esperar, pero nunca he sido muy paciente y en esta situación creo que lo sere mucho menos, no debe haberles ocurrido nada malo ¿verdad?, me relaje tanto mientras estuve en la ducha que no senti ni escuche absolutamente nada, ¿como pude ser tan estupido, tan descuidado? entonces las veo entrar al hotel. —¿Donde estaban?—sin darme cuenta les gritó al verlas, no debi, pero desde que estoy en la tierra siento que mis sentimientos y reacciones han cambiado, son mas irracionales, no lo sé, quizás hasta mas humanas. —Tranquilo, salimos a tomar un poco de aire— me responde Adaia. —¿Solas?, eso no puede ocurrir nunca más, están en peligro— respondo mirando a Lucinda, ella lo sabe— ¿ya has hablado con ella?— inquiero. —Aún no, creo que ya es momento—me responde. —Entonces deberían quedarse y hablar, yo haré el recorrido de reconocimiento— les digo y sin más salgo del hotel. Adaia Sé que mi madre me ha estado ocultando cosas, y debería estar feliz de que llego el momento de descubrir que esconde, pero despues de lo que vivimos hace unas horas estoy nerviosa de saberlo, presiento que mi vida no volvera a ser la misma, dicen que uno no valora lo que tiene hasta que lo ve perdido y es real, mi vida me parecia aburrida y monotona, hubiera heco lo que fuera por cambiarla, por darle emoción, ahora que las cosas definitivamente estan cambiando tengo miedo, no quiero que pase, solo quiero cerrar los ojos y volver a la sala de mi casa, con unas palomitas y alguna pelicula aburrida en la tv, no valore lo suficiente, perdi el tiempo quejandome y deseando ser o sentirme como alguien más, nunca puse de mi parte realmente, no lo intente de verdad, debi hacerlo, debi vivir cada día a mi manera, bajo mis reglas, tenia una buena vida, pero no supe verlo a tiempo, ahora y es demaciado tarde. Lucinda —Bueno mi amor subamos a la habitación, hay cosas que debo contarte— Adaia asiente y caminamos juntas, a llegado el momento, el que tanto he temido, enfrentar la verdad. Entramos en la habitación y juntas tomamos asiento sobre la cama, tomó sus manos entre las mías. —Espero que entiendas que lo voy que voy a contarte es lo más difícil que me ha pasado y tenido que enfrentar en toda mi vida, quizás sea difícil de creer, pero es la verdad, nuestra verdad, hay cosas en este mundo dificiles de compreder, se que muy pocas veces hemos hablado de Dios y la religión, todo eso existe aunque es un poco diferente a lo que en la tierra se dice, quiero que tengas la mente y el corazón abierto para lo que voy a contarte, siempre quice protegerte de la verdad, pero ya no puedo mantenerlo en secreto, esta verdad tambien te pertenece a ti, es nuestro pasado, nuestra realidad.— le digo mirándola a los ojos, ella me insta hablar y lo hago, esperando que me entienda y me perdone por ocultarle todo.
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