En los últimos días Petsh y yo parecíamos hermanas, desde que yo pasaba más tiempo en casa de Ízaro, ambas nos habíamos vuelto inseparables y cada día que pasaba, nos conocíamos más y más. Ella era una chica tranquila, que se estaba preparando para entrar a la Universidad muy pronto, le encantaba leer y además, siempre cocinaba para Ízaro y para mí. Yo creía que Petsh era muy madura para su edad y muchas veces me sorprendía el juicio crítico que podía tener con ciertas situaciones. —Jolie, esta noche creo que no vendré a dormir —murmura ella desde el living, sacándome de mis pensamientos. Salgo de la cocina, dejando a medias la decoración de mi pastel y me la quedo mirando sin comprender, porque eso no era algo que ella acostumbrara a hacer. —¿Puedo preguntar por qué? —sonrío de medio

