Estoy sentada tras mi escritorio cuando veo que uno de los inversionistas más importantes de la marca llega al piso. Lo reconozco de inmediato debido a que con él fue que tuve aquella reunión improvisada hace unas semanas atrás cuando Alondra se quedó dormida y la tuve que suplir. Sé que Alondra aún no llega a la oficina y como debo hacer puntos extras si es que no quiero que me haga el día imposible, me levanto del asiento en donde estoy y con una sonrisa me acerco a aquel hombre de avanzada edad. —Buenos días, Don Richi —extiendo mi mano para estrecharla con la suya y él me sonríe con cordialidad. —Buenos días, señorita Leone —dice—. Es un gusto volver a verla. —Lo mismo digo. —Tengo una reunión con Alondra —me dice y me provoca pesar tener que informarle que mi querida jefa aún

