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2056 Palabras
Atticus me sirve otra copa de vino, mientras Nahia le cuenta sobre todo el escándalo que tuvimos hoy en la oficina. Los observo conversar y sé que pasa algo, por la forma en que ambos se comportan. Es decir, conozco a Nahia desde la academia de modas y ella con Atticus llevan tres años de novios, lo suficiente para conocerlo a él también. —… y luego Alondra se fue con Esteban, creo que iban a comer a uno de esos restaurantes carísimos que le gustan a ella —concluye Nahia. El pelirrojo la mira con adoración, lo que me causa ternura. —¿Alondra nunca te ha dicho nada porque saliste con su mejor amigo? —me pregunta Atticus con curiosidad, recargando sus codos sobre la mesa y colocando su rostro entre ellas. —No, pero es obvio que sabe que estábamos saliendo —me encojo de hombros con indiferencia. —Es decir, tenías la aprobación de tu jefa —sonríe con diversión. Nahia suelta una carcajada y niega con la cabeza. —Seguro que hubiera estado en medio de ustedes todo el tiempo —dice. —Sinceramente, eso no habría llegado a nada bueno —digo, llevándome la copa de vino a mis labios—. Esteban es un hombre con mucho dinero, al igual que Alondra y yo… solo soy yo. —¿Me estás jodiendo? —cuestiona Atticus, alzando una ceja—. Tú eres Jolie, una chica genial. —Pero somos de mundos muy opuestos —digo, encogiéndome de hombros y dejando la copa de vino a un lado—. Él es dueño de una importante empresa de textiles y yo solo soy diseñadora de modas en la empresa de su mejor amiga. —Esteban no es clasista, Jolie —dice Nahia. —Lo sé, pero aún así. Atticus se encarga de comentarme que si él fuera multimillonario, también se habría enamorado de Nahia y no puedo evitar reírme ante sus palabras, porque me parece algo tan obvio. —Ustedes son como el cliché de los vecinos que nacen destinados a enamorarse y verse a través de las ventanas mientras se lanzan besos —bromeo. Atticus se ríe y asiente con la cabeza. —En eso tienes razón, rubia —dice él—. Somos ese cliché. Claramente son ese cliché, porque cuando digo que llevan tres años juntos, no significa que ellos se conocieron hace tres años. Por el contrario, fueron vecinos y amigos de toda la vida y cuando la madre de Nahia falleció, Atticus y ella se unieron aún más, hasta que comenzaron su relación. —¿Y qué se traen ustedes dos? —pregunto. Nahia me observa y la veo ponerse nerviosa, lo que me confirma que algo está ocurriendo. Atticus se levanta de su asiento y desaparece del comedor—. ¿Qué ocurre? —pregunto confundida. Mi mejor amiga me sonríe sin decir nada, hasta que Atticus regresa y me extiende una hoja de papel medio arrugada. La tomo en mis manos y lo que veo me deja por completo sorprendida, sin palabras. Es una ecografía. —¡Dios mío! —chillo. Me tapo la boca con la mano del asombro y observo a mi mejor amiga fijamente. Ella tiene los ojos brillosos, haciéndome ver que tiene ganas de llorar y siendo sincera, en estos momentos me siento del mismo modo—. Estás embarazada. Me coloco de pie y rodeo la mesa para darle un gran abrazo a Nahia, quien comienza a llorar apenas la toco. Me siento tan feliz por ella y por Atticus, porque estoy segura que serán unos grandes padres. —Felicidades, estoy feliz por ustedes —digo con sinceridad—. Serán grandes padres y espero ser la madrina de esta criatura. (...) Al llegar a casa, luego del agotador e intenso día que tuve, primero en la oficina y luego en la cena con Nahia y Atticus, me desnudo por completo y voy directo a la ducha. Intento relajar la tensión de mi cuerpo, mientras una canción resuena en mi celular y disfruto del agua corriendo por mi piel. Cuando salgo de la ducha, me coloco un sweater largo, que alcanza a cubrirme las nalgas y me meto a la cama. Reviso mi inicio de i********: y caigo en cuenta de que hoy no he respondido ningún mensaje, por lo que abro w******p y me topo con muchos mensajes pendientes por contestar, incluido el de mi nuevo amigo el número equivocado, por lo que respondo de forma sencilla a su pregunta. "Sí, aquí estoy. Hola amigo" Veo que está en línea y que aún mantiene aquella fotografía del atardecer con tonalidades anaranjadas, pero no soy quien para juzgar, porque mi fotografía de perfil siempre ha sido un girasol gigante, debido a que es mi flor favorita y prefiero no tener una fotografía mía, ya que a veces debo hablar con proveedores de Imperio y con otras personas relacionadas al trabajo. "Lo siento por haberte escrito, solo quería conversar con alguien y viniste a mi mente. Si te molesta, no vuelvo a hacerlo" Su respuesta me parece tierna, por lo que sonrío. "No te preocupes, mejor cuéntame qué pasó, ya sabes que soy tu consejera" Me quedo en el chat esperando que me cuente qué ocurrió, pero en cambio lo veo "escribiendo" muchísimo tiempo, por lo que sin poder evitarlo, mis ojos comienzan a cerrarse poco a poco, hasta quedarme profundamente dormida. Cuando despierto, tengo el celular en mi mano y me doy cuenta que dormí toda la noche de la misma forma en la que caí dormida, por lo que me duele un poco la espalda. Me levanto y cuando estoy por comenzar a vestirme, una llamada entra a mi celular. —¿Bruja? —pregunto un tanto sorprendida. —Hola, hermanita —saluda Angeline al otro lado de la línea telefónica. Sonrío ante su llamada, porque luego de ir de visita a Anagni, no habíamos vuelto a hablar—. Te tengo una invitación. —¿Cuál sería? —pregunto ansiosa. —Arréglate, iremos a un spa —dice rápidamente—. Estoy a cinco minutos de tu departamento, pasaré por ti. —¡Te amo! —chillo emocionada y corto la llamada para correr directo a abrir mi clóset y vestirme rápidamente. No tengo mucho tiempo, por lo que tomo un vestido n***o y me calzo unas sandalias. Hay sol y no pasaré frío, pero de todos modos tomo una chaqueta de mezclilla para estar segura. En la misma bolsa que uso todos los días coloco mi celular, llaves y mi dinero, además de un bikini sencillo por si entramos a la piscina de hidromasaje. Después salgo del departamento y espero a mí hermana en la entrada del edificio. Cuando Angeline llega, corro a su enorme vehículo y me subo como copiloto. —Podrías haberme avisado anoche, así me preparaba —bromeo, sabiendo que mi hermana, al contrario de mi, es mucho más espontánea con sus panoramas. —Hoy me levanté y dije: es sábado, necesito un relajo y probablemente mi hermanita también, ya que su jefa es una vieja loca que no la deja tener paz mental. Ambas nos reímos ante sus palabras, porqur tiene toda la razón, y luego, comenzamos nuestro camino hacia el spa. (...) Hace tanto tiempo que no me sentía tan relajada, que había olvidado por completo esta sensación. Volteo a ver a Angeline, sentada junto a mi y ella tiene los ojos cerrados, por lo que no sé si está despierta o se ha quedado dormida debido al calor que provoca estar en el sauna. —Siento tu mirada sobre mí —susurra con la voz pastosa. —Solo necesitaba saber si seguías viva. —Lo estoy, pero no sé por cuánto tiempo más, ya que me siento tan relajada, que siento que mi alma saldrá del cuerpo en cualquier momento. Me río ante la locura de mi hermana y luego pienso en si debería hablar con ella respecto a mí situación con Batman. —¿Sabes? —cuestiono—. Me he estado mensajeando con Máximo esta última semana. Mi hermana abre los ojos y se sienta recta sobre la banca de madera, dándome toda su atención. Me parece gracioso su aspecto con aquella toalla como un turbante en la cabeza, pero no me burlo en voz alta, porque seguro yo me veo igual de graciosa con esta vestimenta para estar en el sauna. —Lo suponía… —susurra con una sonrisa divertida—. No eres de las que pierde el tiempo, hermanita. —Claro que no —concuerdo—. El tema es que, la cosa no pasa más allá de uno que otro mensaje coqueto o indirectas y yo esperaba a que concretemos una salida o algo por el estilo… —vacilo—. Por como nos conocimos, esperaba que actúe así de directo y conciso. —La verdad Máximo siempre ha sido así —Angeline se encoge de hombros—, así que, si tú quieres concretar algo con él, creo que lo mejor será que tú vayas a él y se lo plantees. —Si la montaña no va a Mahoma… —murmuro, recordando aquel famoso dicho. —Mahoma va a la montaña —completa mi hermana. Ambas nos sonreímos y me siento un poco más decidida a pedirle una salida a Batman, después de todo, existe un interés por su parte, de lo contrario, no me hablaría de vez en cuando. Además, yo tampoco quiero casarme con él, solo salir y quizá repetir aquel encuentro casual que tuvimos en la fiesta de cumpleaños de mi hermana. —Por cierto, tengo buenas noticias —le cuento a Angeline, cruzando mis piernas. —¿Qué tan buenas? —Nahia y Atticus están embarazados —suelto con una sonrisa—. Y yo seré la madrina de aquella criatura. —¡Oh por Dios! —Angeline cubre su boca con ambas manos y me mira con asombro. —Sí, yo tampoco me lo esperaba —reconozco—, pero me alegra por ellos, sin duda este bebé ha fortalecido la relación que ambos tenían. —Pues le das mis felicitaciones —pide—, ya hay que organizar un Baby shower. —Obvio que sí. Angeline se vuelve a acomodar de la forma en que estaba al inicio de nuestra conversación y yo le aviso que saldrá un momento, porque necesito ir al baño. Fuera del sauna hay una pequeña sala, muy similar al interior del sauna donde estaba hace un momento, pero la diferencia es que está a temperatura ambiente. Camino hasta tomar mi celular dentro de la bolsa y sin pensarlo más, marco el número de Batman y espero paciente a que conteste. —¿Jolie? —pregunta asombrado al contestar la llamada. —Mi caballero de la noche —saludo coqueta. —Me tomas por sorpresa —murmura igual de coqueto—. ¿A qué se debe esta llamada? —Pues solo quería saber qué harás hoy por la noche —digo casual—, porque si no tienes ningún plan, yo puedo ser generosa e invitarte a cenar conmigo. —Siempre tan amable —deja escapar una risa y luego añade—: Me encanta esa idea, diablilla. Su tono de voz tan sugerente logra encenderme un poco, por lo que ya me encuentro esperando que llegue el momento de verlo y hacer algo más que solo cenar con él. —¿Te parece vernos en Mirabelle? —propongo—. Siempre escucho recomendaciones de ese restaurante y nunca lo he visitado. —Entonces ambos cumpliremos un sueño hoy por la noche, yo el volver a verte y tú, conocer aquel lugar en buena compañía. —Es un trato entonces. Te veo a las nueve en punto. La llamada finaliza y muerdo mi labio inferior, deseando que ya sea de noche y poder ver a Máximo. Vuelvo al interior del sauna y Angeline me observa con confusión. —¿Por qué te ves tan feliz? —Hoy me veré con Batman —me encojo de hombros, restándole importancia, pero la verdad es que me siento muy emocionada y expectante. —Ya decía yo que ibas a tomar el toro por las astas. —Ya me conoces, bruja.
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