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2018 Palabras
Desde que llegué a mi departamento no he podido dejar de pensar en el mensaje que recibí de Batman, porque no puedo creer su descaro al echarme la culpa por la fotografía que yo le envié, siendo que ambos decidimos tener sexo casual en aquella maldita fiesta y el darme su número telefónico era claramente una invitación abierta a continuar con lo que habíamos comenzado. Yo no lo obligué a nada y de haber sabido que tenía novia, ni le hubiera dado bola, porque no me gusta involucrarme con hombres comprometidos. Observo su fotografía de perfil en w******p, para intentar tener una pista de él, y solo veo un atardecer, con el reflejo anaranjado del sol sobre el mar, lo que no me da ninguna señal de su rostro. Aunque pensándolo bien, aquella maldita máscara de Batman nunca me dejó verle la cara, por lo que si me lo pusieran en frente no tendría idea de quién es. Tecleo una respuesta en su chat, decidiendo que ya es momento de enfrentarlo y decirle unas cuantas verdades. “No puedo creer que me culpes por eso, ya que te recuerdo que cuando ambos nos acostamos no mencionaste a tu novia en ningún momento. De haber sabido que tenías novia, te aseguro que nada hubiese ocurrido entre tú y yo, así que ya va siendo hora que te pongas los pantalones y asumas tu responsabilidad en el asunto” Le doy a enviar y sonrío, sintiendo que las tensiones comienzan a liberarse de mis hombros, porque Alondra no me había hecho el día fácil luego de enterarse que Nahia estaba imposibilitada para asistir a la oficina, incluso me había acusado de mentirle sobre el estado de salud de mi amiga. Mi jefa se encontraba en extremo enfadada el día de hoy y como siempre, todos en la oficina tuvimos que pagar los platos rotos, soportando sus comentarios sarcásticos y agresivos. Mi celular comienza a vibrar en mi mano y arrugo las cejas de inmediato al ver el nombre que flota en la pantalla. Batman. —¿Hola? —pregunto al contestar la llamada. —Buenas tardes. —Okey, esto es muy raro —digo un poco confundida—. ¿Qué quieres? —Necesitamos aclarar esta situación, porque creo que hay una evidente confusión —la voz varonil de Batman me eriza la piel, pero me resisto ante las sensaciones que me provoca el escucharlo, porque hasta donde sé, es un hombre infiel y eso no va conmigo. —Para mí no hay confusión alguna —contradigo arrugando la nariz—. Tú eres un infiel y ahora resulta que yo soy la responsable de tu engaño, como si fuera poco. —Precisamente eso quiero aclarar —susurra y deja escapar el aire contenido—. Yo no me acosté contigo, no sé de dónde sacaste eso. —¡Ahora me niegas! —dejo salir una risa sarcástica y voy hasta mi dormitorio para dejarme caer sobre la cama, aguantando la rabia que poco a poco se apodera de mi sistema. —Por esto te digo que creo que hay un error, porque yo no me he acostado con nadie más que no sea mi novia. Me quedo un momento pensando y barajando posibilidades, intentando entender qué está ocurriendo aquí, porque es imposible que yo haya alucinado acostarme con él. No estaba tan ebria como para haberlo imaginado. —Tú ibas disfrazado de Batman en la fiesta de cumpleaños de mi hermana —digo a modo de recapitulación de los sucesos—. Yo iba vestida de diabla, con un vestido rojo, y luego de conversar en la barra, pasó lo que pasó entre nosotros. Tú mismo guardaste tu contacto en mi celular, no te hagas el desmemoriado. —Te puedo asegurar que no voy a una fiesta de disfraces desde que tenía cinco años —dice divertido, lo que me provoca disgusto—. Creo que te engañaron con el número telefónico, porque te aseguro que yo no soy ese Batman al que buscas. Me quedo en silencio, procesando la información y de pronto la ampolleta se ilumina dentro de mí. Me acomodo rápidamente sobre mi cama, mareándome en el proceso, pero aún así puedo sentir como la vergüenza se apodera de mí y mis mejillas se sonrojan. —¡Ay, no! —Si tan solo me hubieras enviado un mensaje más… normal —vacila un poco al escoger sus palabras—. Quizá me dabas la oportunidad de decir: Oh, creo que no soy el Batman que usted busca, siga participando. —¡Oye! —me río divertida ante sus palabras finales y me tapo la boca asombrada—. Lo siento, yo… es que daba por sentado que tú eras Batman y en ningún momento me puse en la situación de que el número estaba mal escrito... —Mira, te perdono —dice—, pero eso no quita el hecho de que mi novia casi me termina al ver tu mensaje con aquella fotografía. —¡Lo siento tanto! —me lamento con sinceridad—. Vale, creo que lo puedo arreglar. —¿Cómo así? —cuestiona él. No puedo negar que su profunda voz me provoca un particular cosquilleo en la base del estómago, pero lo atribuyo a los nervios y adrenalina de descubrir que las he cagado. —Me ofrezco como tu consejera amorosa —suelto con naturalidad. La situación es de lo más extraña, pero aún así, continúo hablando—. Provoqué una pelea entre tú y tu novia, así que te debo al menos escuchar tus problemas amorosos. —¿Es en serio? —se ríe levemente y luego de unos segundos en silencio dice—: Acepto. Sonrío de oreja a oreja ante su respuesta y ni siquiera estoy segura de por qué esto me parece tan divertido e interesante. (...) —¡No puedo creerlo! —chilla Nahia al otro lado de la línea—. Es decir, ¡wow! —Ya sé, amiga —suspiro—, y yo toda encabronada porque él me estaba negando… Me dio tanta pena con él, que incluso me ofrecí a escuchar sus problemas amorosos. —Okey, eso es raro —dice. —Sí, lo es —concedo—, pero bueno, te llamaba para preguntar cómo estás. Quedé preocupada cuando Atticus me dijo que pasaste la noche enferma. Dejo de hablarle sobre mi extraño descubrimiento con Batman y me centro en saber qué pasó con ella. —Estuve toda la noche con vómitos —me cuenta—. Creo que me hizo mal el alcohol, porque sigo sintiéndome como la mierda. —Bueno, puede ser. —¿Alondra se molestó mucho? —pregunta con diversión y aunque no la estoy viendo, sé que está sonriendo. —Sí, de hecho, me trató de mentirosa cuando le dije que estabas enferma. —¡Que se joda! —chilla mi amiga—. De todos modos, iré al médico mañana temprano, para que me entregue un certificado médico y que Alondra no me moleste. —Me cuentas como te va con el médico, quizá puede ser una gastritis. Ambas nos despedimos y al finalizar la llamada, abro mi mensajería de w******p y veo que tengo otro mensaje del falso Batman. “¿Entonces se puede decir que eres mi confidente?” Sonrío ante su mensaje, porque me parece muy divertida la circunstancia en que hemos comenzado a hablar, pero eso no le quita lo divertido al asunto. “Sí, luego te enviaré la boleta con mis honorarios para que me deposites el dinero de la consulta” Cierro la aplicación, con una sonrisa en los labios y dejo el celular cargando sobre la mesita de noche, sin dejar de pensar en dónde diablos está el chico con quién me acosté en la fiesta de cumpleaños de Angeline. Sin duda, ahora me sentía muy curiosa respecto a su identidad y bajo cualquier costo, quería saber quién era. Miro la hora en el reloj de pared y caigo en cuenta que son pasadas las ocho de la noche, por lo que voy directo a la cocina en busca de algo para comer. Estoy por prepararme un sándwich cuando escucho el timbre del departamento, alertandome de una visita. Abro la puerta y cuando veo a Angeline al otro lado, con una caja de pizza en las manos, le agradezco con una sonrisa amplia. —Hola, hermanita. —Adelante, pasa —le digo, sin quitarle los ojos de encima a la caja de pizza—. Que agradable sorpresa, bruja. —Espero que lo digas por mi y no por esta sorpresa —señala la caja con su mentón y yo me encojo de hombros, con diversión. Angeline deja la pizza sobre la mesa de centro de mi pequeña sala de estar y luego se deja caer en mi sillón. —No es por ser mal educada, hermanita —le digo, sentándome a su lado—, pero me gustaría saber a qué se debe esta visita sorpresiva. —¿Es que no puedo solo visitar a mi pequeña hermana? —cuestiona con falsa indignación. Se acerca a la caja y luego de abrirla saca un trozo de pizza, la cual se ve deliciosa y, por lo demás, es mi favorita: pepperoni. —Siempre puedes visitarme, es solo que nunca lo haces. —¡Ey, no seas así! —se queja, para luego morder con violencia su trozo de pizza—. Quería hacerte una invitación. —Vale, te escucho. Me acerco a la caja y tomo el trozo más grande de pizza que mis ojos ven, para luego llevarlo a mi boca y deleitarme con el delicioso sabor del pepperoni junto al queso fundido. Me saboreo los labios mientras veo a mi hermana con agradecimiento en los ojos y ella lo capta de inmediato, porque me guiña un ojo en respuesta. Es como si nos comunicáramos por telepatía. —Los padres de Dante organizaron un almuerzo familiar el domingo, en su casa del campo —dice sonriendo—. Sus padres me pidieron que te invite a ir con nosotros, dicen que no te ven hace mucho tiempo. Me sorprendo gratamente ante la invitación de Angeline, puesto que los padres de Dante son una pareja de ancianos muy amable y siempre se han portado de maravilla conmigo, inclusive todos los años me envían un regalo para el día de mi cumpleaños. —Vale, me parece maravilloso —le digo a mi hermana, su rostro se ilumina de inmediato y por maldad pura agrego—: Comida gratis. —¡Eres malvada, Jolie! —se ríe levemente y ambas le damos una gran mordida a nuestra pizza—. Te acusaré con los padres de Dante. Mi hermana se queda junto a mi por un par de horas más, en las que nos dedicamos a comer pizza y ver una serie de televisión que antes solíamos ver siempre que estábamos juntas. Me comenta que Dante y ella han tenido mucho trabajo en la clínica dental y que están buscando contratar nuevo personal para que se les alivie un poco la carga. Nos pasamos todo el rato de buen humor, riendo y recordando cosas divertidas de nuestra infancia, hasta que Dante llega por ella y ambos se van, dejándome nuevamente en mi soledad. Voy hasta mi habitación y tomo mi celular, que ya está por completo cargada la batería. Veo que tengo varias notificaciones de mensajes nuevos y entre ellos aparece Batman. “Te aseguro que mi secretaria te hará llegar el pago. Podré no ser Batman, pero te aseguro que no soy un villano que se aprovecha de las personas, no que yo recuerde” Me hace gracia su respuesta, porque claramente tiene un buen sentido del humor, lo que se me hace divertido. “Como alguien dijo alguna vez: Tener la conciencia limpia solo es señal de la mala memoria” Me río ante mi propia respuesta y no pasa ni un minuto cuando ya tengo su respuesta. “Touché: Batman 0 - Diabla 1” .
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