Si yo decidiera irme de Roma, sin duda elegiría vivir en Anagni, un pequeño pueblito ubicado a una hora de distancia de Roma, el cual tiene un aspecto medieval y con muchas áreas verdes y naturaleza. Es justo en medio de este pueblito donde los padres de Dante tienen una cabaña estilo medieval, con un gran arco en la entrada, que te invita a recorrer el lugar rodeado de árboles, junto a un pequeño lago.
Es un lugar de ensueño.
Hace mucho tiempo no visitaba Anagni y estar aquí me recuerda muchas cosas, como por ejemplo, la primera navidad que pasé sin mis padres, cuando ellos decidieron irse de viaje a Argentina y nos dejaron a Angeline y a mí solas, por lo que los padres de Dante nos invitaron a pasar las fiestas aquí con ellos. Recuerdo a la perfección aquella noche de Navidad, porque me sentía tan sola, con una enorme angustia y sentimiento de abandono por parte de mis padres, quienes no dudaron un segundo en irse a recorrer el mundo y dejarme a la deriva, cuando yo recién estaba comenzando con mis estudios como diseñadora.
En definitiva, tenía suerte de tener a Angeline, porque ella y Dante habían velado por mí, preocupándose de mis estudios en el instituto de modas y costeando todo lo que eso conlleva. Nunca olvidaré el día en que aprobé mi primer semestre y Angeline me regaló mi primer automóvil, un modesto Mercedes Benz del año, el cual aún conservo y cuido más que a mi propia vida. Muchas veces me cuestiono qué hubiera hecho sin mi hermana y su novio, porque al parecer, para mis padres yo nunca había significado nada, por eso no se lo pensaron antes de irse sin mirar atrás.
—Bienvenida a la ciudad de los papas —dice Dante tras el volante de su enorme camioneta. Mi hermana a su lado suelta una carcajada ante las palabras de su novio.
—¿Qué significa eso? —pregunto confundida, saliendo de mis pensamientos.
—Así le llaman a Anagni —dice mi cuñado a modo de explicación—. ¿No sabías?
—No —niego con la cabeza—. ¿Por qué le dicen así?
—No puedo creer que no sepas, Jolie —Dante chasquea la lengua con falso disgusto y luego lo veo encogerse de hombros—. En realidad no es nada del otro mundo, solo que en la baja Edad Media los papas venían a Anagni a refugiarse del caos que era estar en Roma.
—¿Era como un escape? —pregunto para confirmar.
—Sí —asiente con la cabeza—. Ya sabes que mi padre es muy creyente y religioso, por lo mismo no dudó en escoger este pueblo para construir su cabaña vacacional.
Asiento con la cabeza, comprendiendo lo que mi cuñado me cuenta. De hecho, es cierto que sus padres son muy religiosos, por lo que me parece dulce que hayan escogido este lugar dado a su simbolismo.
El viaje en automóvil no dura más de quince minutos, por lo que pronto llegamos a nuestro destino y somos recibidos por todo el cariño y amor de la familia de Dante.
—¡Estás hermosa, Ange! —señala muy emocionada la madre de Dante, mientras la rodea con sus brazos y sonríe ampliamente. Mi hermana le agradece y muy amablemente, le devuelve el cumplido—. ¿Y tú, pequeña? ¡Hasta que te acordaste de nosotros!
Sonrío de medio lado ante su queja y me acerco a la mujer mayor que extiende sus brazos hacia mí. Me rodea en un cálido abrazo que me hace sentir cómoda y muy querida.
—Lo lamento, la verdad he estado muy involucrada en mi trabajo, pero prometo no volver a desaparecer —me disculpo, rompiendo el abrazo. La madre de Dante, Inés, me mira con ilusión y sonríe.
—Ven, querida, cuéntame todo.
Caminamos hasta la enorme cabaña y mientras hacemos el recorrido, le cuento a la señora Inés lo que ha sido de mi vida en el tiempo en que no nos hemos visto, omitiendo ciertas situaciones que estoy segura ella no quiere saber, mientras Angeline y Dante vienen tras nosotras con las maletas y equipaje.
(...)
El almuerzo es definitivamente exquisito, doña Inés se esmeró en preparar una comida digna de un concurso culinario. Estamos comiendo Saltimbocca y el sabor de la carne de ternera y el jamón se reúnen en mi boca para explosionar en un gran sabor. Observo en mi plato la ensalada verde y aunque no soy muy fan, le doy una probada, sorprendiéndome de lo bien que sabe.
—Esto es delicioso —digo a todos en la mesa. Dante menea su cabeza con burla hacia mí y yo le sacó la lengua.
—¿Qué son esos modales, hijo? —pregunta el padre de Dante hacia su hijo. Mi cuñado se ríe y solo se encoge de hombros.
—Son solo bromas, padre —le explica, mirándome de reojo—. Jolie sabe que la quiero como a una hermana.
—Mira, eso no lo sabía —digo con una sonrisa inocente en los labios, lo que provoca que todos en la mesa se rían.
Dante es hijo único y su familia en realidad es muy pequeña, por lo que tampoco esperaba que vinieran más personas a este almuerzo, pero aún así lo pasamos genial, entre bromas y la deliciosa comida.
Cuando acabamos de comer, Angeline y yo nos ofrecemos a lavar la loza sucia y aunque la madre de Dante nos repite una y otra vez que no es necesario, lo hacemos de todas formas.
—¿Recuerdas a Batman? —pregunto intentando parecer casual, pero Angeline me conoce tan bien, que sabe que esa pregunta está muy meditada.
—¿Qué pasó? —cuestiona de inmediato, mirándome de reojo, mientras continúa con su tarea de enjabonar los vasos.
—Creo que escribió mal su número...—digo, con una sonrisa en los labios—. Más bien, estoy segura que lo hizo, porque se me ocurrió enviarle una foto enseñando la cola y llegó a un número equivocado.
—¡Jolie! —chilla mi hermana, liberando una rosa divertida en el proceso—. ¿Cómo así? —deja la loza a un lado y se detiene solo para reírse del asunto.
—Así como lo oyes —me encojo de hombros—. Se me ocurrió que era buena idea romper el hielo con una foto candente.
—¿A quién saliste así? —se cuestiona ella, mientras no deja de observarme con diversión—. En fin, ¿querías contactarte con el chico misterioso?
Mi hermana me observa con una clara mirada de “te lo dije”, la cual ignoro y luego se sacar todos los platos, la miro con una sonrisa tímida.
—Sí, estaba aburrida.
—Dile a Dante que te de su número, es uno de sus amigos de la Universidad —me guiña un ojo—. De hecho, yo lo invité sólo porque trabajamos un tiempo juntos en la clínica dental y creo que Dante quiere que vuelva con nosotros. Supuestamente ese día, hablarían sobre el posible regreso, pero al parecer se entretuvo mucho.
—¿No te molesta que salga con él? —pregunto, para evitar un posible mal rato, teniendo en cuenta que podrían ser compañeros de trabajo.
—Para nada, hermanita —dice ella—. Dile a Dante que te de su contacto, pero por favor asegúrate de que le estás enviando fotos desnuda al número correcto.
—¡Oye, bruja! —me quejo divertida—. No estaba desnuda, solo le mostraba un poco la cola, de hecho, era una foto muy elegante.
—¿Una foto elegante de tu cola?
—Si quieres te la muestro —ofrezco divertida y mi hermana arruga su nariz en una mueca de desagrado.
—Creo que así estoy bien.
—Entonces no digas que la foto de mi cola no es elegante.
—¡Voy entrando! —chilla Dante, mientras entra a la cocina y abraza por la espalda a Angeline—. Advierto, para que dejemos de hablar de la cola de Jolie.
—¿Por qué? —cuestiono, dibujando una macabra sonrisa en mi rostro—. Tranquilo, no sientas envidia por mi cola, algún día la tuya será igual de bonita.
Angeline se ríe con muchas ganas, mientras Dante lucha por encontrar una respuesta a la altura y luego simplemente se rinde y comienza a reírse con Angeline, quien acaba de tener un ataque de risa.
Acabamos con nuestra tarea de lavar y secar los trastes, y cuando estamos saliendo de la cocina, me engancho al brazo de mi cuñado y lo miro con ojitos de cachorro abandonado, batiendo mis pestañas con falsa inocencia.
—¿Me haces un favor, cuñadito?
—Si lo piden tan amablemente, no podría negarme.
—Necesito el número de tu amigo Batman —digo—. Creo que el número que me dio no está bien escrito.
—No me sorprende, porque es un despistado —rueda los ojos—. Te lo enviaré por w******p.
—¡Gracias! —celebro dándole un abrazo a mí cuñado.
—Solo no le hagas daño a ese pobre chico, es una buena persona.
Ruedo los ojos con fastidio, como si Dante no supiera que por más liberal que yo sea, no soy una mala persona a la que le guste jugar con los sentimientos de los demás. Observo como Dante toma su celular y luego de teclear en la pantalla, me señala el mío con su mentón.
—Listo, que tengas buena suerte, diabla —me guiña un ojo y sale disparado en dirección a mí hermana que se ha adelantado y ya está en la sala de estar junto a sus suegros.
Miro que efectivamente Dante me ha compartido el contacto de su amigo y sonrío al descubrir por fin el nombre de Batman.
Máximo.
Tiene un nombre muy sexy, hay que reconocerlo.
Observo a mí hermana conversar animadamente mientras se ríe de lo que doña Inés le dice y decido hacer una jugada. Me desvío por el camino y voy hasta el baño de la casa, con una idea muy clara en la mente.
Me coloco frente al gran espejo que hay en el lugar y rápidamente me saco la blusa color vino que traigo puesta, para quedar únicamente en el brassier rojo que traigo bajo la ropa. Me felicito a mí misma al haber elegido esta linda linda prenda el día de hoy y luego tomo mi celular para fotografiar mi reflejo en el espejo, pero antes de tomar una fotografía la idea termina de concretarse en mi cabeza, por lo que con la mano que me queda disponible, la coloco sobre mi cabeza, simulando dos cachitos de diabla con mis dedos índice y meñique.
Sonrío coqueta y capturo la imagen.
Posteriormente, abro w******p y abro el contacto de Máximo, alias Batman, para enviarle mi fotografía, porque esta vez sí estoy segura que era el número correcto. Me quedo unos segundo en el chat y no pasan ni dos minutos cuando veo que él ya ha recibido mi fotografía.
Cuando su respuesta llega, sonrío de oreja a oreja, sintiéndome satisfecha con el resultado de mi idea,
“Estaba esperando el momento de saber nuevamente de ti… y vaya forma de contactarme...Me dejas sin palabras, pequeña diabla.”
Me siento sobre el retrete y me cruzo de piernas, mientras pienso bien en mi respuesta antes de escribir y darle a enviar.
“Pues, si me hubieras escrito bien tu número, ya habríamos contactado antes. ¿Te dejé sin palabras? Mira, que poco creativo, no me lo esperaba de usted, caballero de la noche.”
Su respuesta no tarda en llegar y al momento de leerla, dejo escapar una risa divertida.
“Si fuera por creatividad, te prometo que ganaría esta jugada, pero prefiero ser un caballero y guardarte respeto… POR EL MOMENTO”
Estoy por contestar, cuando escucho que alguien llama a la puerta del baño.
—¡Estoy que me orino! —chilla Angeline.
Me coloco rápidamente mi blusa y luego de chequear que estoy en orden para salir, abro la puerta y le sonrío a mi hermana.
—Adelante, bruja.
Ella me observa con curiosidad, pero luego simplemente entra al baño y cierra la puerta tras de sí misma. Camino hasta la sala de estar y me siento junto a la madre de Dante, mientras ella me sirve una taza de té, que acompaño de un par de galletas caseras de chocolate y de la agradable conversación que ella y su marido me ofrecen.
—Esperamos tenerte para las fiestas de fin de año, Jolie —dice el padre de Dante con una sonrisa amable, lo que me hace sentir una verdadera calidez familiar.
—Claro, yo encantada de poder pasarlo con ustedes —digo con sinceridad, sintiéndome por primera vez en mucho tiempo como en casa.