Cerca de las 18h con Gael fuimos a recoger a la abuela Luz, ella como siempre muy arreglada nos esperó en la recepción de su edificio. Nada más verme abrió sus brazos como dos grandes alas listas para emprender el vuelvo. Solté la mano de Gael y corrí a su encuentro, la abracé tan fuerte que creí que la iba a desarmar, pero su cobijo e reconfortó el alma, y gracias a mis emociones emanando por mis poros, comencé a llorar apoyada en su pecho. Me tuve que doblar para acomodarme en ella, por que gracias a su escaso metro y medio de estatura, me era muy difícil mantenerme erguida. -Mi niña, calma- me decía mientras pasaba su mano arrugada sobre mis cabellos -Abu....- era lo único que salió de mi boca entre mis sollozos. -Esta bien, esta bien...- dio suaves palmaditas en mi en espalda pa

