Traicionada y herida
POV KASANDRA
El tarro de helado iba por la mitad. La película en el televisor había terminado y yo estaba envuelta en lágrimas. Odiaba los finales tristes en las películas pero también odiaba los finales tristes en la vida. ¿Por qué dos personas que se querían no podían terminar juntas? ¿Por qué un hombre no puede amar a una sola persona? Todas esas cosas me preguntaban sentada en el sillón de casa mientras comía comida chatarra para castigarme.
Mi ex novio había terminado conmigo por otra chica y eso me tenía mal. Ni siquiera vi indicios de que eso podía pasar. O el actuó muy bien o yo fui muy estupida.
La puerta se abre y mi hermano Daniel entra con algunas bolsas en mano. Cuando me mira frunce el ceño.
—¿Que te pasa? No me digas que sigues así por lo que pasó con ese idiota.
—No me digas nada, Daniel, déjame vivir mi duelo en paz. —solloce. Mi hermano y yo vivíamos juntos, solo nos teníamos el uno al otro. Nuestros padres murieron en un accidente hace años y solo quedamos los dos solos.
—Es suficiente, Kas, no puedes pasarte todos los días de tu vida metida en casa, llorando y comiendo comida basura. Esa no es la Kas que conozco. —me regañó.
—Daniel, esto no es fácil para mi.
—Yo sé que no es fácil porque también lo he vivido pero no me la paso llorando por los rincones y lamentándome por alguien que está feliz con otra persona. Y tu aquí dejándote llevar por la depresión. No me gusta verte así, tu no eres así. Eres fuerte, no te dejas llevar por las emociones. Puedes con esto. Vamos, búscate un trabajo para que te distraigas. Tienes una cartera, no estudiaste para nada.
Le sonreí a Daniel. A veces actuaba como si fuera un padre pero me gustaba que lo hiciera, me sentía mejor con sus palabras porque tenía razón: yo no era así. Yo era una mujer fuerte, inteligente que estudio mucho para vivir su vida soñada. Y un estupido ex novio no me va a truncar mis sueños.
Me limpié las lagrimas y me puse de pie, dejando de llorar y de lamentarme. Había sido suficiente.
—Tienes razón, Daniel, yo no soy así y no pienso seguir en el mismo plan. Me pondré a buscar un trabajo ahora mismo.
—Así se habla, Kas, vas a ver que más pronto de lo que crees habrás olvidado a ese idiota. Traje algo para comer, hermanita, ¿cenamos juntos?
Asentí y le di un abrazo en forma de agradecimiento.
—Me voy a bañar y vuelvo —le hago saber, dirigiéndome a la habitación. Me ducho tranquila, pensando en todas las cosas que haría ahora que era libre. Quizás lo que sentía por mi ex era apego, quizás sea eso. Yo no soy de sufrir por amor, si se van pues que les vaya bien. Si no se quedan en mi vida es porque su destino no era quedarse. Algo mejor vendrá, estaba segura.
Salí del baño y me puse una pijama limpia. Había comido mucha chatarra el día de hoy y necesitaba limpiar mi estómago. Salí a la sala, Daniel ya había puesto la mesa y la comida estaba servida.
—Listo. Huele muy bien. —me siento a su lado. Abro la laptop y empiezo a ojear páginas de empleo. Cené tranquila mientras le comentaba a Daniel los posibles puestos. Habían muchos pero algunos estaban lejos, o pagaban muy poco o eran empresas donde explotaban a los empleados.
—Mira este —señaló—asistente de presidencia. Podrías empezar por eso, luego poco a poco te vas integrando y puedes pedir alguna oportunidad en el área que estudiaste. Así se empieza, Kas. Para alguien que no tiene experiencia esta bien. —me sonrió. Me fijé mejor en la página: la empresa era de Nueva York, la entrevista era mañana al medio día.
—Oye, pero está en Nueva York, tendría que irme hoy mismo porque la entrevista es mañana temprano —le digo. Alejarme un tiempo de acá no estaría mal y Nueva York era la ciudad de mis sueños. Siempre soñé con trabajar allí, ¿sería el destino? No, creo que sería el destino si me llegasen a contratar.
—¿Quieres ir? ¿Vas a dejarme solo? —hizo puchero—es broma, si quieres irte yo te apoyo. Aunque me daría lastima que te fueras, podrías buscar un empleo cercano aquí mismo en la ciudad sin necesidad de viajar lejos.
—Daniel, no puedo perder esta oportunidad. Siento que estaba esperándome. Siempre he querido trabajar en Nueva York y lo sabes, además alejarme se acá un tiempo seria bueno para mi. Necesito un descanso de todo esto. —expliqué.
Daniel estaba renuente pero no le quedó de otra que aceptar.
—Voy a llamar para ver si hay vuelos disponibles —dije, tomando el celular. Cuando llamé a la aerolínea supe que era otra señal: había uno disponible que salía en una hora. Había reservado todo y comprado el boleto. —¡está hecho! Me voy a Nueva York. Tengo que empacar porque tengo que estar en el aeropuerto en una hora.
Fui a la habitación y saqué dos maletas grandes. Metí la mayoría de mi ropa, zapatos, fotografías, algunos adornos; metí papeles importantes, mi peluche favorito etc. Estaba lista. Me puse solo unos zapatos tenis y salí con todo lo que necesitaba para irme a Nueva York.
—¿Entonces te vas? —inquiere Daniel con semblante triste.
—Si, Daniel. De todas formas estaré llamándote por si me dieron el puesto y sino... no sabría si volver o quedarme allá y buscar por otro lado. —lo abracé—puedes visitarme cuando quieras, hermanito, llámame diario para saber de ti.
—Que te vaya muy bien, Kas, espero que logres todo lo que tienes planeado.
Nos despedimos bastante tiempo, tomé un taxi que me llevó al aeropuerto. Había llegado Justo a tiempo, el avión estaba por despegar. Llegué dentro y me senté en un lugar junto a la ventana. En el vuelo fui reservando un hotel casi cerca de la empresa donde tendría la entrevista, al menos pude encontrar habitación y un taxi estaría esperándome en la salida del aeropuerto.
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Habíamos aterrizado ya, me había dormido unas horas. Miré que era la media noche. Bajamos del avión, pase por las maletas y salí a la calle. El taxi estaba esperándome, me monté y me llevó hacia mi hotel. Todavía había gente en las calles en la ciudad, los locales seguían abiertos, era como si apenas fueran las ocho de la noche. Yo moría de sueño, solo quería llegar y acostarme. Bostecé varias veces en el camino mientras le enviaba un mensaje a Daniel diciendo que ya había llegado.
El taxista me dejó en el hotel. Entré y pedí mi llave, cuando abrí la puerta de la habitación hice un puchero: estaba pasable. Justo ahora no me podía permitir una habitación de lujo pero poco a poco iría progresando. Dejé las maletas en la sala y me fui a la habitación para dormir un poco.