Abby. Realmente no sé qué se me ha metido. Seguramente fue el tema de las enfermedades terminales lo que me puso tan sensible en ese momento. Por qué no puede gustarme mi jefe ¿cierto? Demonios, si puede. -Abby Bee, mira esto- Giselle me muestra un dibujo de tres personas en un parque. Son personas de palitos, pero medio distinguibles. Uno es claramente un hombre con una corbata, otra es más pequeña con una falda rosa y dos colas negras, la última es de una mujer con una falda roja y el pelo n***o. Esa debe ser su madre, pero al preguntarle, su respuesta me hace quedarme en blanco. -Eres tu- besa mi mejilla, cosa que puede hacer porque estoy sentada con las piernas cruzadas, en el piso junto a ella. - ¿Por qué me has dibujado?- pregunto suavemente con una sonrisa en el rostro.

