POV Darien Vitale-Bellucci El comedor de la mansión Vitale-Bellucci siempre había sido más un tribunal que un lugar para alimentarse, un escenario donde se libraban batallas silenciosas con cubiertos de plata y servilletas de lino. Pero esta mañana, el aire estaba tan cargado de tensión que respirar se sentía como tragar vidrio molido. Mi padre, Don Giacomo, presidía la cabecera con esa inmovilidad de estatua que usaba para ocultar que estaba calculando las probabilidades de una guerra inminente. Leía el periódico financiero, pasando las páginas con una calma deliberada, como si el arresto de su consuegro y la amenaza en nuestra puerta fueran simples fluctuaciones del mercado. A su derecha, mi madre, Gianna, intentaba mantener la normalidad. Organizaba un centro de mesa monumental d

