POV Allegra Cacciamani Caminé por el pasillo con la espalda recta y el corazón a punto de salirse por la boca. Cada paso resonaba en el mármol como un tambor de guerra, marcando la distancia entre el comedor —ese teatro de bestias educadas— y la seguridad relativa del ala este. Alessia trotaba a mi lado, luchando por mantener el ritmo. Podía escuchar sus sollozos ahogados, ese sonido de animal herido que siempre me provocaba dos reacciones contradictorias: una necesidad furiosa de protegerla y unas ganas violentas de sacudirla para que despertara. —Allegra, ¿qué está pasando? —susurró mi hermana cuando estuvimos lo suficientemente lejos de la mirada inquisidora de Don Giacomo y la furia de Dante—. Esa gente... esa nota en las flores... Samuele... La agarré del brazo con fuerza y l

