POV Dante Vitale-Bellucci La tenía acorralada. No había salida física ni psicológica. Su espalda estaba presionada contra los tomos de leyes antiguas de mi padre, esos libros que hablaban de justicia en un mundo donde nosotros éramos los verdugos. El pecho de Allegra subía y bajaba en un ritmo errático, golpeando contra el mío, delatando su estado. No era solo miedo; si fuera solo terror, se habría encogido. Pero Allegra no temblaba como una presa resignada; vibraba como una cuerda de violín tensada al máximo, a punto de romperse o de cortar la mano que se atreviera a tocarla. La oscuridad del despacho de Darien era nuestra única testigo, rota apenas por las franjas de luz de luna que se colaban por la persiana, iluminando la curva de su cuello y el brillo desafiante en sus ojos.

