Todavía no sé que hacer, temo por la vida de mi hermano, pero si acepto ir con él eso significaba que me ganó y es lo último que quiero.
Yo:
— ¿Me estás amenazando?
Le volví a escribir, pero esta vez no recibo contestación.
Si este tipo consiguió asustar a mi jefa para que me despidiera, y ahora me amenaza con la única persona que tengo de mi misma sangre es porque no se anda con juegos.
El sonido de una llamada entrante me sobresaltó, miré a la pantalla y veo que es mi amigo Matías.
— Hola— saludé nada más contestar.
— Gracias a Dios que estas vivía aún — añade él.
— Por supuesto que estoy viva.
— Es que cuando te fuiste con ese tipo pensé que no te volvería a ver.
— Exageras Matías, Aarón no es tan malo como piensas.
— ¿Qué no?, ese tío es un puto iceberg. Deberías alejarte de él Danna.
— No te preocupes estaré bien, de todas maneras poco tengo que perder ¿no?
— No digas eso, sabes muy bien que eres importante para mí.
— Lo sé, y por eso te quiero amigo.
— ¿Te apetece esta noche salir por ahí? — pregunta.
— Mm... Bueno esta noche no puedo, pero otro día ¿vale?
—Vale renacuaja, te quiero.
Miro el reloj y son casi las cinco, suelto un suspiro y después me levanto para darme un baño y me preparo, no puedo permitir que le pase algo a mi hermano.
Una vez lista me miro por última vez al espejo, realmente estaba hermosa con este vestido.
A la hora indicada el timbre de mi casa sonó.
— ¿Quién es?
— Me manda el Sr. Davis.
— Enseguida bajo.
Al salir fuera una enorme camioneta negra me esperaba.
Pensé que en ella estaría Aarón, pero no fue así, estaba sola en aquel espacio lujoso.
Minutos más tarde estaba en el aeropuerto de Málaga entrando en pista, sin control de aduanas ni nada por el estilo.
El chofer estación al lado de un jet privado, me baje y entre en este donde la azafata me da la bienvenida.
Observé Aarón sentado en el asiento recorriendo su mirada por todo mi cuerpo.
Desprendía elegancia.
— Bienvenida — suelta con una sonrisa de lado.
Tome asiento frente a él y lo miré fijamente mientras sentía una corriente eléctrica azotarme.
— ¿No me vas a dejar en paz verdad?.
— Aunque quisiera no podría — añade fríamente.
— Haz lo que tengas que hacer conmigo, pero deja a mi hermano tranquilo — suelto con el corazón encogido.
— ¿Lo que quiera? — cuestiona con el ceño fruncido.
— Solo te interesa mi cuerpo, termina con él y después olvídate de mí.
Ríe fuertemente, pero a los pocos segundos esta desaparece.
— ¿Crees que solo quiero sexo contigo?, he estado con mujeres espectaculares, tu cuerpo no sale de lo común — agrega después de perder esa sonrisa escalofriante.
— Idiota — digo, pero después me doy cuenta de que había cometido un error, rectifico un grave error.
— Repítelo — exige acorralándome con su cuerpo.
— Id... idiota.
Su aliento cálido choca en mis labios, su delicioso aroma entra por mis fosas nasales, causando efecto en mí como si de una droga tratase, sus ojos son imanes para los míos no puedo dejar de mirarlo pero esta vez con un sentimiento chocante sintiéndome morir.
— No te besaré — dijo y después puso distancia.
Aclaré la garganta y me remuevo en mi asiento.
— ¿Champán? — pregunta la azafata después de servirle a Aarón.
— No gracias, no bebo nada que contenga alcohol.
— Puedo ofrecerle otra bebida.
— Solo agua.
Narra Aarón.
Soy de los que piensan que los mejores puzzles son los que no encajan, ya que cuando pasa el tiempo cada pieza coge su lugar y en mi caso será así, ahora mismo Danna y yo no encajamos, pero sé que con el transcurrir de los días o meses tal vez ella no podrá vivir sin mí y yo sin ella.
La miré frente a mí y me recordó esos pequeños ojos que lloraban aquel día por la bofetada que recibió por ese pederasta y mis entrañas se retuercen hasta doler.
— ¿Por qué no bebes alcohol? — pregunté mirándola fijamente sin expresión alguna.
— El alcohol hace que cometas Gilipolleces.
— Ya veo... pero también te hace olvidar del dolor.
— El único remedio para el dolor es no ser causado, créeme que no hay nada que te haga sanar esas heridas que terceras personas dejaron — añade muy segura.
— ¿Tienes miedo de salir herida?
Se hace el silencio entre nosotros mientras noto su cuerpo tensado.
— No lo permitiría — dice finalmente.
— Yo tampoco lo permitiría, créeme que lo último que quiero es lastimarte... pero tampoco soy de los que suplican soy más de dar órdenes y que estas se lleven a cabo.
— ¿Y si no quiero acatar tus órdenes?
— Será malo para ambos.
— ¿Para ti porque?
— Mis brazos te sentarán bien Danna, no resistas — dije cambiando de tema.
— Respóndeme a lo que te pregunté — insististe.
— Porque no quiero ver si merece la pena perderte, por eso digo que sería malo para ambos.
Simplemente se cerró la boca rompiendo esa mirada que nos sostenemos del uno al otro, aclaró la garganta y se concentró en mirar por la ventanilla para evitar responderme.
Media hora más tarde ya estábamos aterrizando en Milán, un coche nos esperaba para llevarnos a la fiesta de uno de mis socios, donde habrá gente importante y a la vez peligrosa.
— No quiero que te separes de mi bajo ninguna circunstancia — le advierto entrando a la fiesta.
Ella asiente, después le doy la mano la cual acepta sin problema.
— Buona notte, amico — me saludó uno de mis socios.
— Buenos noches, Fazio — le devuelvo el saludo, pero los ojos de este están clavados en Danna.
— ¿Te gusta lo que ves? — le pregunté molesto.
— Mucho socio, ya sabes si es solo una amiga podremos compartir — dice en ese acento que tanto detesto.
— ES MI ESPOSA — añadí enojado.
En ese momento me di cuenta de que ya no había marcha atrás en lo que acababa de decir.
Se acabó, oficialmente Danna es mi mujer ante los ojos de ella y de los demás.