Capítulo 6

971 Palabras
Continúa narrando Aarón. Siento como Danna se tensa considerablemente, mientras su mano aprieta la mía. — Discúlpame Aarón... no tenía ni idea —habla el italiano. — Está bien, pero deja de mirarla de ese modo o tú y yo tendremos problemas y sé muy bien que no quieres eso. — No por favor, discúlpame nuevamente —dijo y se va dejándonos solos. Inicio mis pasos para adentrarnos más en la fiesta, pero Danna no se mueve. — No es el momento — le informó con seriedad. — ¿Solo lo dijiste para espantarlo de mí? —cuestiona. — Es la verdad, pero no hablaremos de ello ahora, y no se te ocurra montar un escándalo aquí — le advierto seriamente. — Pero... — Recuerda que esta fiesta no es el típico evento de millonarios, esta gente es peligrosa que en cada esquina hay francotiradores apuntando en la cien. Ella asintió nerviosa y agarró más fuerte mi mano. — No tengas miedo — dije cuando sentí su fuerza. — No lo tengo. — Mm… Ya claro. — ¿Estás segura de que no quieres una copa?, te relajará —vuelvo a decirle. — No.  La noche transcurre entre risas y bailes, Danna en ningún momento me soltó, aunque tengo que decir que su rostro no mostró ni una sola sonrisa. — ¿Qué hacemos aquí? — pregunta cuando ve el coche entrar en pista nuevamente. — Regresamos a casa. — Viajar hasta Italia y después regresar la misma noche ha sido como ir a una fiesta en la misma ciudad — habla en voz baja. — Si quieres pasamos la noche en un hotel y celebramos nuestra noche de boda — añadí riéndome. — Ya que sacaste el tema dime cómo es eso que estamos casados — su rostro cambia y su mirada se entrecierra. — Shuu... cálmate que nos esperan tres horas de vuelo. — No retrases más esta conversación y dime de una vez que está pasando — grita. Narra Danna Cuando Aarón dijo "ella es mi esposa" no me lo tome mal, ya que pensaba que estaba de broma o solo lo dijo para espantar a su amigo, pero luego me dejó claro que no estaba jugando ni nada por el estilo, hablaba muy en serio. — Como dije antes eres mi esposa. — Pero ¿cómo?, ¿por qué? — pregunté con el ceño fruncido y con el corazón encogido. — Te compré hace años a tu miserable padre. Esas palabras de Aarón fueron golpes para mí, no podía creer lo que estaba escuchando. — Explícate. — No hay nada que explicar, eres mi esposa desde que tenías diecisiete años, FIN DE LA HISTORIA — agrega subiendo de tono. — No le puedes dar fin a esta conversación porque no quieras hablar, necesito que me expliques que soy un ser humano y no un animal comprado — grito esta vez yo. — No me grites. — Si no quiere que lo haga, empieza hablar Aarón —sigo con la voz alzada. Aarón suspira frustrado mientras cierra los ojos para después hablar lo más relajado que pudo. — Te compré para salvarte de ese hombre que te maltrataba, deberías agradecerme o me vas a decir que de la noche a la mañana tu padre te dejo de molestar porque si — suelta. — ¿Darte las gracias? — dije irónicamente. — Me compraste como un objeto y encima quiere que te dé las gracias.... Esto es patético. — Míralo de la manera que quieras Danna, pero ahora que sabes la verdad te quiero ver mañana mismo en mi casa y en mi cama — dijo y después no habló más.  Me dio una orden y la tengo que acatar porque me tenía en sus manos. La angustia que siento en mi pecho es tan severa que la única manera de taparla es jugar con los dedos de las manos mientras miro hacia abajo. — Llora si lo necesitas, sé que es duro, pero si te quieres desahogar con lágrima adelante — dice tranquilamente. — Me juré a mi misma que nunca más iba a derramar una sola lágrima, lloré demasiado en mi infancia ya no más — contesté fríamente. — Como quieras. Tome otro impulso y le volví a preguntar. — Dijiste que todo esto fue a mis diecisiete años...no me deja terminar porque me interrumpe. — Otra vez. — Solo quiero saber ¿por qué tardaste tanto?, pasaron más de tres años. — No lo sé — me responde secamente. — ¿En serio Aarón?, o es que no me lo quieres decir. — De verdad que no lo sé Danna... tal vez es porque solo quería salvarte de ese hombre. — Me salvaste de él para atraparme tú — solté y no volví a hablar más, él me penetró con la mirada y después vi una leve sonrisa dibujada en su rostro frío. Llegamos de madrugada a Málaga, estaba muy cansada, los ojos se cerraban solos. — ¿Prefieres pasar las últimas horas en tu casa o vamos directo a la mía? — pregunta Aarón mientras mi cabeza estaba recostada en la puerta del auto. — Eres mi propietario, decide tú — solté casada. — Soy tu esposo. — Mm... ya. — Vamos directo a mi casa — le ordena a Lenin. — Está bien llévame a mi casa — dije después de él. — Mira que eres cabezota eh.... Debería aprovechar la opción que dio en pasar las últimas horas en mi casa, necesito muchas cosas que ordenar antes de ser prisionera. Cuando llegué al edificio donde vivo Aarón se ofreció abrirme la puerta del auto, pero cuando se despidió de mí me dejó helada con lo que me dijo al oído. — Gracias por acompañarme Danna, lo pasé muy bien a tu lado.
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