Cap 9. Cumpleaños con mal de amores

2274 Palabras
Las semanas fueron pasando. El tercer curso de instituto avanzaba. En clase todo iba fenomenal, nos lo pasábamos genial, nos reíamos mucho con los compañeros que se sentaban detrás de nosotras. Lucía se había convertido en la cuarta mosquetera y siempre estábamos juntas. Algunos fines de semana también se venía a bailar con nosotras pero no siempre porque ella vivía más lejos y además del metro tenía que coger un autobús más para llegar a su casa, así que a veces cuando salía a bailar con nosotras se quedaba a dormir en casa de Bea y así no tenía que volver sola. Esa era nuestra rutina: ir a clase, estudiar, hacer deberes, y los fines de semana salir al parque, a dar paseos, al cine y a bailar. La discoteca a la que iban los del instituto estaba en una zona en la que había más discotecas, así que aunque nos gustaba esa, probamos algunas otras que nos recomendó María. Era muy divertido, el alcohol no nos había gustado mucho así que nosotras casi siempre tomábamos refrescos o agua para reponernos de tanto bailar. Según fue avanzando el curso, íbamos haciendo más migas con los chicos de clase, así que los fines de semana aunque no quedábamos directamente con ellos, si nos encontrábamos por la calle o en algún sitio ya no eran solo saludarnos en la distancia, a veces nos parábamos a hablar con ellos un rato y luego ya cada grupo por su lado, aunque les dije a las chicas que si estaba Checo no se parasen a hablar. María tenía razón, tenía que sacarlo de mi cabeza y abrirme a conocer gente nueva. Él siempre sería mi primer chico, mi primer amor adolescente, el que me hizo abrirme a conocer gente nueva, mi primer amigo conseguido por mí misma y no a través de mis amigas. Él siempre iba a estar en mi corazón. Llegó la primavera y el buen tiempo. Un viernes mientras recogíamos para salir del instituto Borja dijo: -          Chicas, mañana tenemos cumpleaños. Vamos de botellón al parque y después iremos a bailar ¿os venís? Bea enseguida aceptó. Nadie dijo de quién era el cumpleaños, pero yo ya lo sabía. 24 de abril, un escrito en mi estuche me lo recordaba cada día. Sin darme cuenta, acaricié aquellos números y letras con el pulgar antes de meter el estuche en la mochila. -          Yo este finde no puedo – dijo Lucía – me voy al pueblo con mi madre, pero pasarlo bien – sonrió con un poco de tristeza, supuse que le gustaría venir. -          Bea… yo al botellón no quiero ir – dije mientras íbamos andando hacia Lidia que nos esperaba en la puerta de su clase. -          ¡Chicas! Borja y Miguel me acaban de decir que mañana hay cumpleaños, botellón y luego disco ¿vamos? – dijo Lidia al vernos. -          Desi no quiere ir al botellón – dijo Bea haciéndome burla. – Pero yo sí que voy a ir. -          No es que no quiera… – dije. – ¿A caso sabéis de quién es el cumpleaños? -          No, pero no importa, todo el mundo va a ir ¿por qué nosotras no? Esta vez nos han avisado – refunfuñó Bea. Fuimos andando hacia la parada del autobús para acompañar a Lucía y esperamos a que ella se fuese como casi todos los días. De camino a casa quedamos para salir por la tarde y ahí hablaríamos de los planes para el sábado. Dejamos a Bea en su casa, y Lidia y yo seguimos subiendo la calle hacia nuestras casas. -          ¿Por qué no quieres ir, Desi? ¿Tiene algo que ver con de quién es el cumpleaños? -          Es el cumpleaños de Checo – suspiré. – Intento sacarlo de mi mente… con miradas y saludos en la distancia tengo suficiente… no quiero verle de cerca. -          Pero quizás él quiere que vayas… es su cumpleaños y su mejor amigo te ha invitado – dijo Lidia intentando consolarme. -          Nos ha invitado, a todas… yo no soy especial. -          Piensa lo que quieras Desi. Vamos a ir, y tú también, solo un rato… – me abrazó. – Bea quiere ir, está colada por Miguel. Nosotras nos podemos quedar a un lado dejando que Bea disfrute, y si te encuentras incómoda nos vamos. -          Pero ella no querrá irse… -          Pues la obligamos, no se va a quedar sola con ellos – nos echamos a reír. Al día siguiente nos arreglamos para salir. Quedamos en casa de Bea para cenar algo antes de ir al botellón y cuando llegamos al parque donde estaban todos, ahí estaba él de pie, saludando a todos sus amigos y dando dos besos a las chicas. Me sentía un poco fuera de lugar. Lidia me había elegido la ropa para este día, una falda larga de color verde caqui, con una raja en un lado que dejaba ver casi toda la pierna al andar, un top con el escote de pico y mangas al codo y unos zapatos de tacón. Ella también llevaba una falda larga y Bea se había puesto vaqueros ajustados. No sé cómo lo hacíamos pero la verdad es que siempre íbamos muy guapas, o al menos a mí me lo parecía, nuestra ropa no era muy llamativa, ni destacaba mucho, pero íbamos guapísimas. Bea enseguida se fue con Miguel y Borja y se sentó con ellos a tomarse una cerveza. Lidia y yo nos quedamos un poco más atrás viendo lo que hacía Bea, llevábamos una bolsa de pipas y nuestros refrescos ya que no nos gustaba la cerveza ni el calimocho que era lo que bebían en los botellones. Vi que Lidia miraba a lo lejos y miré hacia el mismo punto que ella. -          ¿Vamos a felicitar al cumpleañero? Creo que ya está terminando de saludar a todos – dijo guiñándome un ojo y poniéndose de pie. Negué con la cabeza, roja como un tomate. – Desi, no seas cría, disfruta. Cogió mi mano y tiró un poco de mí para que yo también me levantase. Me llevo casi corriendo hacia Checo, estábamos justo detrás de él. -          ¡Feliz cumpleaños! – dijo. Checo se volvió abriendo una bolsa de patatas fritas. De repente sonrió al mirarme. Dejó las patatas en el suelo y me abrazó. -          Suelta… no me dejas respirar – intenté separarme de él mientras oía a Lidia reírse. -          Hola Desi – me dio dos besos, me agarró de la mano y me hizo girar mirándome con los ojos muy abiertos y una sonrisa – ¡Mírate! ¿Dónde está esa pequeña tímida que me enseñaba matemáticas y ciencias hace un par de años? ¿qué has hecho con ella? – apoyó su brazo sobre mis hombros sin soltar mi mano y se acercó a darle dos besos a Lidia. – No sabía que vendríais hoy. -          Ojito tío, como te metas con ellas te las verás conmigo – acababa de llegar el hermano de Lidia. Le dio un abrazo a Checo – Felicidades tío, cuánto tiempo sin vernos. – Se palmearon las espaldas y después Checo se fue con Roberto a tomar algo y hablar de fútbol. Nosotras volvimos a sentarnos, yo estaba con cara de boba y Lidia me lo notaba. No podía dejar de mirarle y a cada rato Lidia pasaba su mano por delante de mi cara para que hiciese caso a lo que me estaba contando. Al final le hice más caso a mi amiga y nos enfrascamos en una conversación profunda sobre lo que podría estar hablando Bea con Miguel y Borja, la veíamos a la distancia y no se callaba, así era ella… tenía cuerda para rato en cuanto empezaba a hablar. Roberto vino a sentarse con nosotras e inconscientemente busqué a Checo con la mirada. Le vi abrazado a una rubia que no conocía y la estaba besando… en la boca. Oh no, toda la alegría de hace un rato se me apagó de golpe. Roberto y Lidia lo notaron. -          Ir a por helado y cuida de ella. Intentar divertiros sin pensar en esto – le dijo Roberto a Lidia al oído, aunque le escuché perfectamente. Vi que le había dado algo pero no sé qué era. Lidia me ayudó a levantarme y tiró de mí hasta llegar donde estaba Bea hablando con Borja, Miguel ya no estaba. -          Bea, tenemos que irnos – dijo Lidia. -          ¿Ahora? – preguntó ella. -          Sí, ¡ahora! – Lidia la agarró del brazo y tiró de ella para que se levantase. – Nos vemos luego Borja, ¿vais donde siempre? – él asintió y nosotras tres nos fuimos sin despedirnos de nadie y sin mirar atrás. Tarde de problemas significaba ir al Burger a por patatas fritas y helado, así que allí nos plantamos aunque hubiésemos hecho merienda-cena en casa de Bea antes de ir al parque. Pedimos nuestras raciones de patatas, unos refrescos y unos helados de nata con sirope de chocolate. -          ¿Se puede saber qué ha pasado? – preguntó Bea completamente desconcertada cuando nos sentamos. -          Checo estaba con una chica – respondió Lidia antes de meterse una patata en la boca. La conversación fluyó entre ellas dos, yo no tenía ganas de decir nada. Sentía tristeza, pero también rabia, supongo que por eso no llegaron a formarse lágrimas en mis ojos… era como estar decepcionada. Tenía los codos apoyados en la mesa y la barbilla apoyada sobre mis manos, no les estaba haciendo caso a mis amigas que seguían hablando entre ellas mientras yo miraba a la nada por las ventanas del Burger que daban al paseo. Alguien tosió detrás de mí y me enderecé. -          Perdonad, ¿está bien vuestra amiga? – dijo uno de los dos chicos que se habían parado a mi lado. Los miré. Parecían de nuestra edad y eran guapos, pero ninguno de ellos era a quien yo quería a mi lado. -          Mal de amores – dijo Bea sonriendo, - no os preocupéis, se le pasará. Cogí un par de patatas y sin importarme que aquellos chicos siguieran ahí, miré a mis amigas y dije: -          Sabía que no teníamos que haber ido al parque. Era mejor que nos hubiésemos ido a bailar directamente. -          ¿Salís luego a bailar? Nosotros vamos a la Disco 2, si pasáis por allí seguro que nos vemos – dijo el mismo chico que había preguntado antes. -          Claro, puede que vayamos – dijo Lidia. – Pero ahora tenemos algo que solucionar por aquí. -          Vale, a ver si conseguís que esta lindura se anime. ¡Ciao! – se despidieron y se marcharon. -          Esta lindura se llama Desiré y no tiene ganas de nada – murmuré mientras se iban. Lidia y Bea explotaron a reír después de mi comentario. Por lo menos estuvieron diez minutos riendo a carcajadas. -          No puedes ser así Desi – dijo Bea – sólo te ha dicho un piropo. – Agarró mis manos por encima de la mesa – Mira, Checo está con una chica, ¿y qué? ¿vas a dejar que te importe tanto como para no disfrutar del sábado? Asentí un par de veces sin abrir la boca, crucé los brazos sobre la mesa y apoyé mi frente en ellos. Volvieron a reír, pero esta vez fue una risa tierna, de amigas, supuse que querían darme esperanza aunque no sabían cómo. -          ¿Qué sentiste al verle? – dijo Lidia. Arrugué la nariz. – Venga Desi, cuando fuimos a felicitarle, ese abrazo, la vuelta que te dio y esos ojos mirándote… ¿qué sentiste? -          ¿En serio Lidia? – casi me salía humo de la nariz al resoplar… respiré despacio un par de veces antes de continuar. – ¿Tú qué crees que sentí? Ese abrazo fue mejor todavía que el que me dio cuando me dijo que se iba a marchar del instituto. Me sentí feliz. Mi amigo había vuelto. Y sobre todo… ya no me miraba como a una niña pequeña. En ese momento pensé que quizás yo también le gustaba a él. – Suspiré volviendo a apoyar los codos en la mesa y la barbilla en mis manos. – María dice que él sabe que me gusta… verle besándose con esa rubia ha sido como… como si me hubiese caído un chaparrón de golpe y hubiese arruinado todo, mi ropa, mi pelo, mi maquillaje… La ilusión del momento anterior de que quizás yo le gustase se rompió en pedazos. – En ese momento noté cómo se humedecían mis ojos. – Si yo le gustase no hubiese ido a besuquearse con la rubia esa, ¿verdad? -          Desi no llores – dijo Bea dándome un pañuelo de su bolso – arruinarás el maquillaje. -          No sabemos lo que pasó Desi – intentó consolarme Lidia. – Además los chicos son imbéciles, no suelen escuchar al corazón sino a otra cosa… seguro que esa rubia es una guarrilla. -          De todas formas, aún es sábado por la noche – dijo Bea – ¿qué tal si nos acabamos esto y nos vamos a bailar para animarnos? -          Vale, pero no vamos donde siempre, nos vamos a otro sitio – dijo Lidia. Después de terminarnos nuestras patatas, refrescos y helados nos fuimos hacia el metro. No había ni rastro de aquel grupo que habíamos dejado una hora antes en el parque. Mejor, porque yo no tenía ni pizca de ganas de verlos a ninguno. 
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR