Cap 22. El vestido azul

3100 Palabras
Nos vestimos y nos fuimos de paseo hacia el mercadillo. Había un montón de puestos de fruta, encurtidos y frutos secos, pero también muchos de ropa, zapatos y complementos. Yo me compré un vestido y un top, y Bea también se compró varios vestidos, faldas y tops. Echamos la mañana completa en el mercadillo y justo cuando nos íbamos a ir a tomar algo nos encontramos con Sara y Vanesa que también habían ido a dar una vuelta a los puestos. Al final las cuatro nos fuimos a tomar algo juntas. Decidimos que aquella tarde sería sólo de chicas, así que quedamos con Sara para ir a buscar a Merche a la salida del trabajo y después nos fuimos al cine y a tomar algo. De camino a casa sonó mi móvil con un mensaje, ya me imaginaba de quién era y sonreí. Bea debió pensar lo mismo porque me miró también sonriendo. CRIS: “No es justo que salgáis sólo las chicas. Seguro que habéis estado hablando de nosotros. Te he echado de menos hoy” Miré a Bea antes de contestarle. - ¿Qué dice? – preguntó ella. - ¿También te ha escrito José? – pregunté yo al ver que ella también tenía su móvil en la mano. - Vamos a casa por el camino largo – dijo sonriendo y girando en la esquina opuesta a la que iba directamente a su calle. Deduje que sabía dónde estaban los chicos así que no me opuse a su cambio de rumbo. Llegamos a una pequeña placita con una fuente y algunos rosales y ahí estaban ellos, José apoyado en el respaldo de un banco de madera y Cris apoyado en el capó se su coche. Los dos se veían guapos en esa pose despreocupada, aún no nos habían visto y estaban hablando y riendo entre ellos. Bea se fue acercando deprisa hacia la espalda de José y la vi subir un dedo a sus labios para indicarle a Cris que no dijese nada. Se subió al banco y se colgó de la espalda de José. Mientras tanto yo ya había llegado cerca de Cris que extendió un brazo para que tomase su mano y estiró de mí para acercarme a él más rápido. Con su otra mano sujetó mi espalda para ayudarme a mantener el equilibrio y mientras yo me reía, atrapó mis labios con los suyos. - Necesitaba aunque sólo fuese un beso tuyo. – susurró demasiado cerca de mis labios. - Bien… pues ya está, ya podemos irnos – me reí y me solté de su agarre para coger a Bea por su muñeca y tirar de ella hacia la calle. - No seas mala… - me miró suplicando con sus ojos castaños. – Ven aquí un poco más. - Pero solo un poco – le sonreí a Bea y después a él – que hoy era tarde de chicas y nosotras ya volvíamos a casa. Me acerqué a él y nos besamos mientras él acariciaba mi espalda y mis brazos. Yo rodeé su cuello con mis brazos. Dejamos de besarnos y nos miramos con un poco de adoración, noté que otra vez ese calor se apoderaba de mi interior. - Bea, tenemos que irnos – dije sin apartar mis ojos de los de Cris – estos chicos tienen que irse a descansar para trabajar mañana. - Sólo dos días más y estaré de vacaciones – susurró Cris en mi oído. - Tomo nota – le contesté. - Chicos mañana no nos vemos – dijo Bea – nos vamos con mis padres a pasar el día fuera. – los dos arrugaron la nariz. - Pero ya llega el finde… decidme que en este pueblo hay discoteca a parte del pub donde me llevasteis el finde pasado… ¡necesito ir a bailar! – dije con entusiasmo. Me apetecía muchísimo ir a bailar. - Por supuesto – dijo José – ya está abierta la discoteca de verano. El viernes botellón en el paseo del cementerio y luego vamos donde queráis. - A Desi no le gustan los botellones… - dijo Bea. - No importa… - contesté encogiéndome de hombros, pero sin perder la sonrisa – mientras haya algo sin alcohol puedo con ello. - Y si quieres bailar conecto los altavoces del coche y ponemos música – me dijo Cris acercándose a mí. - Sólo si pones un CD mío – le dije sonriendo y mordiéndome un poco el labio. Su respuesta fue un gran beso y una mano bajando por mi espalda hasta darme un pequeño apretón en el culo que me hizo reír. Bea y yo nos fuimos para casa. - Así que un CD tuyo… Desi aquí no se lleva mucho la música que te gusta bailar a ti – me dijo Bea. - Por eso me traje mi CD, podemos ponerlo en el coche de Cris y así bailo un rato mi música y luego ya en la disco bailamos lo que se lleve aquí. - Y ¿qué CD te has traído? – preguntó ella. - No te enfades… es uno que me ha grabado Rober. Lo he traído para cuando fuésemos en el coche sin tus padres. Nos echamos a reír y enseguida llegamos a la casa. Era genial estar de vacaciones, no había una rutina fija, nos íbamos moviendo según iban pasando las cosas y tenía que aprovechar estos días al máximo porque el resto del verano tendría que estudiar. Aún no había decidido si continuar en la universidad o no, pero al menos iba a intentar aprobar alguna asignatura más en septiembre. Al día siguiente los padres de Bea nos llevaron a pasar el día en una ciudad cercana que tenía un castillo y un barrio medieval muy bonito. Allí pasamos el día entero paseando por las calles, visitando el castillo y algunos museos… fue muy entretenido, cuando iba de vacaciones con papá y mamá siempre algunos días los dejábamos para hacer turismo y visitar ciudades como esa. Cuando quisimos llegar a casa ya eran casi las 23h de la noche, así que simplemente cogimos un helado de la cocina y Bea y yo solas nos fuimos a la plaza que había a la vuelta de casa a sentarnos al fresco y hablar de nuestras cosas. - ¿Ya sabes qué ropa te vas a poner mañana para salir? – me preguntó Bea. - Creo que sí… pero necesito consejo. - ¡Vestido! Y si es corto mejor – dijo ella – aprovecha que vas en coche y no en moto – y se echó a reír. - Ya… - sonreí tímidamente – El caso es que… ¿te acuerdas del vestido azul del baile de fin de curso? – Bea abrió la boca para decir algo pero la corté. – Sé que es de hace dos años, pero aún me queda genial. Sólo me lo puse ese día y creo que ha llegado el momento de volvérselo a poner… - sonreí mirando a mi amiga con impaciencia. - ¿Te lo has traído? ¿de verdad? – Asentí – Cris se va a volver loco cuando te lo vea ¿estás segura de querer ponértelo? - Sí, es un vestido precioso y me da pena tenerlo en el armario sin ponérmelo – respondí sin borrar mi sonrisa. - ¿Y tú? ¿Qué te vas a poner? - Creo que vaqueros pero me pondré un top de los que compramos ayer que llevan la espalda al aire… así vamos en las mismas condiciones – volvimos a reírnos. - ¿No crees que mi vestido será demasiado? - ¿Demasiado qué? ¿Demasiado sexy? – levantó sus cejas y sonrió – créeme que todos los chicos te van a mirar. Ya puedes ponerte esas sandalias de tacón alto que te has traído, porque ese vestido las necesita. Nos abrazamos mientras seguíamos riendo. Era increíble la capacidad de elegir modelitos para salir a bailar, nos daba igual falda, pantalón o vestido, pero siempre había que ir estupendas y a ser posible combinadas. Al día siguiente estuve nerviosa intentando imaginar la reacción de Cris al verme con ese vestido. Pero ni siquiera los nervios hicieron que perdiésemos el tiempo… había que hacer recados por la mañana y después nos fuimos a tomar algo, pero sólo Bea y yo. A las 14h ya íbamos a irnos para casa y me llegó un mensaje de Cris: “Por fin de vacaciones, qué andáis haciendo? Tengo ganas de verte bailar esta noche. No te olvides tu CD”. - Si es Cris dile que estamos en el bar del Emilio. José viene a tomarse una con nosotras, dile que si se viene – me dijo Bea. “Estamos en el bar del Emilio, vamos a tomar la última antes de ir a casa. Bea dice que José viene ahora, por si quieres venirte”. Y le di a enviar el SMS. En unos minutos llegó José en la moto. Cris no había contestado así que no sabía si vendría o no. Estábamos sentados en la terraza del bar, pero yo quedaba de espaldas al sentido del tráfico, así que no veía si venía Cris con el coche o no. Me había dado la vuelta con el sonido de dos coches, pero ninguno era él y decidí que no tenía sentido seguir haciendo eso así que me metí en la conversación con Bea y José. Hasta que de pronto unas manos taparon mis ojos y alguien me dio un beso en la mandíbula. - Me estás ensuciando las gafas y las acabo de limpiar – dije riéndome. - No entiendo por qué sales con las gafas con lo guapa que estás sin ellas – dijo Cris una vez que yo me había quitado las gafas para volverlas a limpiar. - Fácil… las lentillas me las pondré esta noche porque estas gafas no combinan con mi ropa de salir a bailar – nos echamos a reír todos. Y Cris se acercó a darme un beso. - Sólo he venido a por un beso, no puedo quedarme, me esperan en casa para comer. Mandarme luego la hora de quedar – dijo ya volviendo al coche que lo había dejado en marcha en doble fila. Al momento de irse, sonó mi teléfono con un SMS suyo: “Ya quiero ver ese modelito que no combina con tus gafas, aunque seguro que combina perfectamente con tu sonrisa y tus ojos”. Bea me quitó el teléfono para leerlo ella también, aunque dejamos a José con la duda porque no le dejamos ver el mensaje. Después de terminarnos esa última ronda, volvimos a casa para comer y echarnos la siesta. Íbamos a salir hasta tarde así que ese día sí que había que intentar dormir siesta para estar más descansadas y darlo todo como hacíamos en Madrid. Después de la siesta, Carolina nos estuvo pintando las uñas y estuvimos probando qué peinados nos quedaban mejor con lo que nos íbamos a poner. Yo al final opté por dejarme la melena suelta y simplemente hacer dos trenzas a los lados y unirlas detrás de la cabeza con una pequeña pinza del mismo color azul que mi vestido, Carolina me pintó las uñas de manos y pies de color plateado y me maquillé los ojos también en tonos plata y azul. Entre la piel canela de tomar el sol y el pelo tirando a dorado, ese maquillaje y el vestido me quedaban estupendos, yo me veía guapísima. Bea también estaba preciosa, llevaba unos vaqueros claritos de cintura baja y ajustados y un top verde que sólo le tapaba por delante desde un poco más arriba del ombligo hasta la parte alta del pecho, por detrás tenía una serie de tiras cruzadas para poder ajustarlo al cuerpo. - Vaya dos pibones – dijo Carolina cuando bajamos al salón a esperar a que viniesen a buscarnos. Cris iba a venir a recogernos en el coche con Sara. Los demás habían quedado para ir a comprar las bebidas y algo de picar. Cogí mi CD que lo había dejado en la mesa del salón junto a las llaves de la casa para que no se me olvidase y lo metí en el pequeño bolso que llevaba. Cuando llegaron, el padre y los abuelos de Bea estaban sentados en la puerta, pero nosotras estábamos dentro con la madre de Bea. Sara se asomó a la puerta de la calle: - Chicas ¿estáis listas? – dijo Sara. – Hola Carol – saludó con la mano a la madre de Bea. - Sí, ya vamos – dijo Bea y le dio un beso a su madre. - Ten cuidado por las dos, Desi – me dijo a mí Carol dándome también un beso – y divertíos mucho. Así salimos de casa, Bea y Sara se subieron al asiento de atrás del coche y yo me senté delante. Cris me sonrió pero no dijo nada. No tenía ni idea de dónde estaba el paseo del cementerio pero en breve lo iba a descubrir. Tardamos como 15 minutos en llegar y a cada ratito Cris me miraba sonriendo, yo no paraba de mirarle ni un segundo, intentaba descifrar lo que estaría pensando pero no lo conseguía. Cuando llegamos, los chicos ya estaban allí y también Merche y otra chica que no conocía. Algunos habían ido en moto, y otros con Gaby en su coche. Cris aparcó el coche cerca del de Gaby que lo tenían con el maletero abierto porque ahí tenían las bebidas. Pude ver que además había otros grupos que también iban a hacer botellón allí. En cuanto Cris paró el motor del coche, Bea y Sara salieron. Nosotros nos quedamos un ratito mirándonos sin decir nada, y entonces Cris acarició mi mejilla y me besó. Después me susurró: - Si quieres nos vamos de aquí. - ¿Y a dónde? – pregunté. - Contigo, al cielo… y más así vestida… estás preciosa y muy… sexy. Volví a besarle y le dije: - Si nos vamos ahora creo que Bea me matará… tenemos que quedarnos por lo menos un rato – sonreí y saqué mi CD del bolso. – Además, me traje mi música, por si queréis escucharla. Cris cogió el CD de mis manos y lo metió en el reproductor. Se puso en marcha automáticamente, pero yo lo paré. - No lo pongas todavía. - ¿Por qué? – preguntó él. - ¿Y si a los demás no les gusta mi CD? Prefiero que pongas lo que soláis poner siempre… después ponemos un rato mi CD, si quieres. - Está bien. ¿Bajamos? – asentí y salimos del coche. Cris abrió el maletero y conectó los altavoces, después puso en marcha la música y empezó a sonar una canción de reggaetón. Yo me acerqué a saludar a Merche y a los chicos, y me puse un vaso de refresco con hielo. La música seguía sonando, bebíamos, hablábamos, reíamos, y bailábamos al ritmo de la música, al menos las chicas estábamos bailando cerquita del maletero abierto del coche para sentir bien la música que salía de esos altavoces. Bea tenía razón, aunque íbamos todas guapísimas y sexys, notaba que muchos de los chicos me miraban a mí, incluso chicos de otros grupos que también estaban allí haciendo botellón. Aunque el único que me importaba en ese momento era Cris. Nuestras miradas se cruzaron muchas veces mientras yo seguía bailando con mi vaso en la mano. No me gustaba ser el centro de atención de tanta gente desconocida, pero quería ser el centro del universo para él aquella noche. Casi todo eran canciones de reggaetón, ritmos latinos y música pop española, Bea no mentía cuando decía que mi música favorita no se escuchaba mucho en su pueblo, pero no me importaba, me lo estaba pasando muy bien. Cris se acercó a mí intentando seguir mi ritmo con una canción, y creo que lo consiguió porque yo dejé de bailar con las chicas y me acerqué a él moviéndome más despacio aunque sin perder el paso. Con mis sandalias de tacón quedábamos justo de la misma estatura y me encantaba mirarle a sus ojos castaños, no era capaz de descifrar lo que había en ellos pero me gustaba. Alcé mis manos para ponerlas alrededor de su cuello y él puso sus manos en mis caderas, atrapó mis labios con los suyos y me besó profundamente mientras nos movíamos con la música. - Ya veo que te encanta bailar. - Tú no lo haces mal del todo – le dije antes de besarle de nuevo. - Prefiero ver como bailas tú – me dijo con un tono sexy. - Entonces creo que es hora de poner mi CD, no te muevas de aquí – me solté de sus brazos y me metí en el coche para cambiar el CD. Empezó a sonar la canción A woman’s worth de Alicia Keys y salí del coche moviendo mis caderas mientras caminaba hacia él de forma sensual siguiendo el ritmo de la música. Él sólo me miraba y sonreía. Yo seguí bailando a su alrededor cuando llegué a su lado y mientras yo bailaba él iba girando su cabeza para no perderme de vista ni un momento. Cuando la canción terminó oí a alguien silbar, no sé quién fue, pero no pude volverme a mirar porque Cris puso una mano en mi espalda baja, justo en el borde del vestido, y me atrajo hacia su cuerpo para volver a atrapar mis labios con los suyos. Mientras nos besábamos volví a poner mis manos en su cuello y noté que él puso su otra mano también en mi espalda desnuda. Sonaba otra canción de R&B y volví a mover mi cuerpo al ritmo de la música mientras estábamos atrapados el uno en el otro. Después de esa segunda canción, empezó a sonar una más movidita de Jennifer López, así que nos separamos. Cris volvió con los chicos y yo me fui a tomar algo fresquito con las chicas, que además estaban comiendo chucherías. - Vaya ritmo nena – me dijo Sara. - Me encanta salir a bailar – le sonreí. - Creo que a mi primo también le encanta cómo bailas – dijo mirando hacia un lado, y seguí su mirada para encontrarme con la de Cris, nos sonreímos. - Sí, definitivamente creo que sí que le gusta verme bailar – Sara y yo nos echamos a reír.
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