Fueron pasos calmados y estruendosos que interceptaron y extinguieron cualquier atisbo de querer seguir con la conversación.
Nagisa suspiro imperceptiblemente cuando su padre bajo las escaleras, poniendo fin a toda discusión o platica que hubiesen tenido antes.
- Papá – llamó Nagisa con una suave sonrisa – te presento a Karma-kun, es una amiga –
- ¿Una amiga? – preguntó el hombre, más fornido e imponente de lo que Karma recordaba haberlo visto – que extraño, mi princesa no trae amigas a casa, ¿qué hiciste con ella? –
Nagisa se rió y Karma respiro, sin saber que había aguantado su respiración, cuando la vio hacerlo, sus ojos brillaron y su mirada se mantuvo en Nagisa.
- Bueno, pues una amiga de Nagisa es una amiga de la familia, mucho gusto, soy el padre de la mocosa que te ha dado tantos problemas – ambos estrecharon sus manos.
Karma vio al hombre con una seguridad que arrebataba el aliento, en una conversación silenciosa que acallaba cualquier otra en la habitación.
De hecho, el hombre se sintió mucho más seguro (y preocupado) cuando vio los ojos de Karma, y sintió un retortijón en su estómago cuando, por el rabillo del ojo, atisbó a Nagisa nerviosa, sosteniendo una servilleta (se supone que debía ponerla en la mesa, pero la había estado doblando y retorciendo en sus manos).
Sonrió calmo y le transmitió todo lo que pudo sin palabras a Karma, observándola atentamente.
Ambos sonrieron con un ligerísimo bufido cuando sus manos se separaron.
Hiromi estaba cruzada de brazos.
- El gusto es mío, señor Shiota – la sonrisa gatuna de Karma tampoco le generaba una gran confianza, pero sabía que no era mala, era sólo irrespetuosa.
Nagisa rió nerviosamente, llamando la atención de ambos.
- Creo que esta servilleta es inutilizable ahora – mencionó, ocultando el verdadero hecho por el cual se había reído.
Su padre sonrió, pasando su mano por el hombro de SU niña.
- No te preocupes primor, hay más bajo la alacena – Hiromi no se movió, observando atentamente a su marido.
- Sacaré un nuevo conjunto – ni lenta ni perezosa se había escabullido a buscar otro juego de servilletas.
Karma y el señor Shiota se volvieron a observar fijamente.
¿No es mi hija la más hermosa de todas?
¡Es un ángel!, asentía Karma sin un ápice de movimiento, pero con los ojos brillantes.
Me pregunto que se dirán con la mirada esos dos. Nagisa regresó con las servilletas y, sin verlos, las puso sobre la mesa. Sabía que seguían hablando a través de sus ojos, lo cual ya era particularmente extraño, pero no quería meterse en ello, ya tenía suficientes problemas con Hiromi y la posible reprimenda que le haría por salir con Karma.
Se sonrojo furiosamente.
No en una cita, cita, sino ser su amiga, una amiga solamente.
Sip, nada más eso, amigas.
Y, por alguna extraña razón (que debía ser desconocida, tenía que serlo), se comenzó a poner nerviosa.
En realidad ella y Karma no estaban saliendo, bueno sí, salían, pero en salidas de amigas, no en citas como las que normalmente vas con una pareja.
Pero toma mi cintura, me protege y acabamos de dormir juntas, el rostro se le descompuso entre colores y muecas, pero no hicimos nada, bueno la abracé pero no cuenta como algo indecente, ¿verdad?
Ni siquiera nos hemos besado, y acto seguido, pero no somos nada como para besarnos, ¿en qué estoy pensando?
Karma y el padre de Nagisa la vieron con incertidumbre, observando como la chica parecía estar a punto de reiniciarse por sobrecalentamiento en el sistema.
Hiromi seguía sin estar de buen humor, pero no podía decir nada delante de su marido, desde hacía años que no discutían, mismos en los que los papeles de divorcio yacían sobre el segundo cajón de su escritorio.
- Comamos – habló Hiromi, sentándose en la mesa que ya había preparado Nagisa – o se enfriará la comida –
Nagisa asintió, aún en sus propios pensamientos y tomo asiento frente a ella, Karma se sentó a su lado, frente al padre de Nagisa.
- Entonces, Karma… – movió los palillos en círculos, en dirección a la susodicha.
- Puede llamarme sin el honorífico – sonrió ésta en respuesta.
- ¿Qué tienes planeado en un futuro? –
Aunque sabían que se refería a sus planes del futuro, ambas se sonrojaron nerviosas, como si se refiriese a una posible relación entre ellas. Nagisa comió más rápido, Karma carraspeó.
- Quiero ser burócrata – respondió sin titubear.
Ambos se sintieron un poco incómodos, pero asombrados.
La pregunta era, en realidad, algo básico para iniciar una conversación normal, pero casi nadie sabía lo que haría en su futuro, ni siquiera Nagisa sabía con certeza que quería ser (el plan de su madre para la vida perfecta de su hija no contaba cómo tal para su padre), sin embargo, la chica les decía aquello con tanta seguridad y confianza que se sintieron un poco apenados, ellos no sabrían dónde estarían parados en diez años, pero Karma parecía decirles con la mirada “Tendré tres casas, mi esposa será Nagisa, tendremos un perro, y si quiere, hijos, pero conmigo el perro basta”.
Nagisa, mirando por el rabillo del ojo a Karma, sonrió nuevamente con ese ligero matiz de complicidad, ella ya sabía de los planes de Karma, lo habían hablado cientos de veces.
- ¿No te parece un trabajo un poco… vulgar para una mujer? – preguntó Hiromi, con la voz apretada y la sonrisa tensa.
Nagisa no se giró a verla, ni mucho menos dejó de sonreír.
- Oh, para nada – respondió Karma con aquel tono cantarín que poseía, aunque era mucho más agudo de lo que le hubiese gustado en un principio – el poder que estaría en mis manos como burócrata, es superior al de un CEO de una gran empresa, ¿sí es vulgar?, sólo depende de cómo uno llegue al puesto (y yo no tengo la intención de lamerle las pelotas a alguien) – Karma sonreía suavemente, mirando a Hiromi.
- ¿Cómo puede ser un burócrata más poderoso que el CEO de una gran compañía? – preguntó la mujer, enarcando una ceja, con altanería.
- Porque un burócrata está a cargo de los asuntos del Estado – sonrió (pero ya estaba sonriendo, por lo que se limitó a sonreír aún más) – pongámoslo así “la generosidad y la justicia pueden servir para gobernar a un país, no para administrar un ejército. La presteza y flexibilidad pueden servir para administrar a un ejército, pero no para gobernar a un país”, en este caso los burócratas están a cargo del país, y el CEO del ejército, ellos pueden ganar batallas contra otros países en cuestión de mercado, y oferta y demanda. Pero finalmente todo recae en el Estado, ellos ganan territorio para su país, los burócratas se hacen cargo de ello. Los burócratas son los que dirigen cualquier gestión administrativa sea esta del sector público o privado – Karma, por un momento ligerísimo, dejo de sonreír – los procedimientos administrativos del estado recaen en el burócrata, y depende de él sí es generoso y justo, pero para un CEO, aquello no le importa mucho, pero tiene que seguir la presteza y flexibilidad del mercado, en cuestión de poder, el burócrata es el más libre, ¿no es así? –
Oh, casi podía verla, a Karma sentada en un trono con esa misma sonrisa llena de sadismo, y con cien personas lamiéndole las botas sólo por ser quien era.
Y Nagisa no pudo evitar sonreír hasta con orgullo de lo preciosa que se veía.
- ¿Cómo sabes todo eso? – preguntó el padre de Nagisa, serio – ¿tus padres son burócratas? –
- En absoluto – respondió Karma, cantarina – lo he investigado por cuenta propia, y es que, tener el poder desde las sombras es mejor que ser el que dé la cara al público, ¿no han ocurrido varios asesinatos por ello? –
Aunque sonreía inocentemente y, prácticamente, era inofensiva.
Una tenue capa de sudor frío les cubrió la espalda a los mayores, Karma era, sin lugar a dudas, peligrosa.
Y aunque Hiromi se había empeñado aún más en que su hija no debía estar con tal mujerzuela.
El padre de Nagisa había llegado a respetar a la chica que su hija había escogido. Vaya, que él estaba dispuesto hasta para pagar la boda.