Capítulo 13

1155 Palabras
A veces se preguntaba, con recelo y algo de angustia, si Karma supiese cómo la observaba, ¿la volvería a repudiar? No era como si antes la hubiese repudiado, pero no hablaban en absoluto, y Karma era distante, brillante, ajena a todo su mundo (pese a que era sociable y podía hablar con la mayoría de la clase, nadie era como Karma, ella fácilmente podía representar un todo), no quería regresar a eso, a no haberla conocido. Aquel día, en la librería, cuando Karma apareció, supo que algo se había roto dentro de ella, un hilo quizás, un hilo que dejo caer una tela que ocultaba una vasija. Tuvo ese sentimiento de congoja, nostalgia, un retortijón en el estómago, y sus ojos se habían llenado de lágrimas, y ella le hablo como si se conocieran de años, lo que probablemente entendía, así parecía, no tenían que rebuscar temas, la conversación fluía entre ellas de tal forma que era innecesario preocuparse por algo más. Y sí había silencio, que silencio tan precioso era, no tenían que llenarlo, el espacio ocupado por sus respiraciones era tan romántico y aquello no le hacía sentir sola en ningún momento. Aquello le pareció aún más extraño, no sentirse ajena a los silencios cuando le solían incomodar, no sentirse sola cuando, incluso en el salón de clases conversando con los chicos o las chicas, todo resultaba ser parte de una obra de teatro con otro personaje principal en la obra, y ella siendo un extra. Ahora sí que se sentía un personaje principal, como si la llegada de Karma supusiera un cambio de escenario y de personal, y como si Karma la hubiese elegido para actuar en el estelar. Como si la luz del escenario las iluminase a ambas en la sala de teatro abandonada, y ellas no tuvieran la necesidad de actuar realmente. Porque habían escapado de sus papeles. Alguien, ajeno a la situación, pensaba lo mismo. “La eligió a ella, eligió a esta idiota en vez de a mí”.   Karma se había quitado el vestido, las mallas, y sólo tenía ese sostén n***o que rellenaba perfectamente y esas bragas negras. ¿Por qué usaba n***o?, ¿lo hacía a propósito?, ¿acaso sabía lo sensual que se veía con la lencería negra? Sintió un calor abrasador en el vientre y poco más debajo de éste, junto a la imperiosa necesidad de tocarse para alejar ese malestar, para apaciguarlo, pero se obligó a conformarse con mirar. -       ¿Pasa algo? – preguntó Karma, con el rostro rojo, nerviosa por la mirada tan penetrante de Nagisa. Se ha puesto roja, pensó la otra, incluso el sonrojo ha llegado a las pecas de sus hombros. -       No, para nada – respondió Nagisa, sonriendo, intentando no lanzarse a morder aquellas pecas, besarlas y chuparlas para sobreponer otras marcas, ¿cuándo me volví tan egoísta?, ¿soy una pervertida o qué? – no tengo pijamas, pero tengo camisones, lo siento, tendrás que usar uno de esos, de seguro te será incómodo – -       Oh, no importa – Karma miró la cama de Nagisa. Mierda, realmente tiene dosel. Y era lo suficientemente espaciosa como para que tres personas durmiesen en ella, bien podrían estar cada una en la esquina de ésta y no tocarse en absoluto. Aquello le provoco un poco de escozor en el estómago. -       Tengo uno azul y uno rojo, ¿cuál prefieres? – le dijo Nagisa desde su armario, un armario blanco que le recordó al de Narnia, sí iba por allí, ¿sería capaz de volver a su mundo? -       El rojo – respondió sin dudar. Nagisa se rió – ¿qué pasa? – -       Nada, pensé que quedaría bien con tu cabello, es todo – Nagisa se giró hacía ella. Karma la miró, Nagisa ya se había quitado su ropa, y no supo cuándo, ni cómo, pero ya no tenía sostén, en cambio, tenía una blusa de seda rosa (vaya niña rica) de esas que se usaban para dormir, y el camisón azul estaba sobre la cama mientras Nagisa le tendía el rojo. También era de seda, y no tenía mangas sino tirantes (pensó que era un vestido), con algunas pinturillas de color n***o, el rojo era más bien carmín o escarlata. Parecía el tipo de camisón que usas cuando intentas seducir a tu pareja, incitarle a dormir juntos (aunque dormir sería lo último que harían). Aquel pensamiento también la puso roja, pero tomó el camisón de todas formas. ¿Acaso... Nagisa lo había usado para hacer eso? Nagisa no le había comentado nada acerca de algún chico, ni de ningún novio que hubiese tenido antes. Quizás no tenía en ese momento, pero lo habría tenido, sino, ¿por qué otra razón tendría un camisón tan provocativo? Imaginar a Nagisa usarlo le hizo tener dos distintas reacciones en su cuerpo. Por una parte, imaginarla con algo tan provocativo sólo le daban ganas de quitárselo, que fuera suya como Karma lo era de ella, dejarla marcada en su interior, que sólo pensara en ella, que no hubiese nadie ni nada más. Que estuviesen tan juntas que sus almas fuesen una. Joder, quería hacerle de todo con o sin esa cosa puesta.   Y por la otra tenía ganas de tirarlo, matar al chico con el que pudo haberlo usado y quedarse a Nagisa solamente para ella (no distaba tanto del primero en ese sentido), sentía repulsión en tener entre sus manos algo que había usado con alguien más. Y cuando se estaba irguiendo sobre Nagisa, apretando aún con el camisón en su mano derecha, con las manos listas para ponerlas en sus hombros y empujarla hacía la cama, cuando estaba a punto de hacerla caer y ceder. Ella habló: -       Ahora que lo pienso, el rojo no lo he usado ni una vez, incluso éste me parece un poco provocativo, pero los demás están sucios… ¿qué piensas? – Nagisa se giró para que la observara. Nagisa tenía el mismo diseño del camisón que el rojo, pero en color azul. Con los tirantes y la seda contrastando contra el pálido color de su piel, incluso la brillante seda no opacaba el brillo de Nagisa, y por un momento Karma miró aquella zona un poquito elevada de la seda, los pequeños senos de Nagisa que apenas elevaban al camisón. -       Te queda perfecto – le dijo abrazándola. Karma había ignorado el hecho de que el camisón seguía en su mano derecha y que sólo tenía ropa interior, porque sólo pensó en que sus manos seguían arriba, listas para derribar a Nagisa y aquello sería demasiado rudo de observar para una chica. Karma se calmó, pensó Nagisa en cambio. Aunque ella estaba aún más nerviosa sintiéndola, apretándose contra su cuerpo, con Karma cerniéndose sobre ella. Casi sintió que su respiración se escapaba por completo. 
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR