Por alguna razón, aquel cuaderno en el escritorio de Karma le dio un mal presentimiento. Su cubierta decía “Bitácora de estudio independiente”, y saltaba a la vista que podía ser o bien un diario o bien un cuaderno de, bueno, estudio.
Sabía que a Karma le gustaba repasar los apuntes o incluso indagar más en sus materias favoritas, ella pensaba que por eso sus calificaciones rallaban en la improbabilidad de la perfección.
Pero algo dentro de ella, su estómago, le decía que no era sólo eso, era algo mucho más importante. Mentalmente trató de convencerse que eran retortijones por el hambre, gruñidos que pedían comida.
Estaba a punto de darle una ojeada cuando la voz de Kaede les llamó desde la cocina, Karma estaba en el baño.
- ¡La comida esta lista!, ¿quieren algo de postre chicas? –
- Enseguida vamos – respondió Nagisa, al mismo tiempo que la voz amortiguada de Karma decía:
- ¡¡Fresas con crema, má!! –
Nagisa rió y fue al comedor, el sonido de la palanca del baño siendo jalada tras de ella y también ese sentimiento de incomodidad revoloteando por su estómago, el cuaderno no le daba buena espina.
Karma se comió primero las fresas con crema y después el estofado de carne, dejó al final el arroz y el kimchi. Su madre se quejaba a viva voz, pero Karma sólo sonreía y bromeaba, sardónica, pero calmada, Nagisa no hablaba en la mesa (sus padres la habían criado así, quedarse callada y atenta a la conversación de los adultos, pese a que sus padres tampoco hablaban mucho).
Incluso en la cena que tuvo Karma con sus padres ella se había mantenido en silencio, pero le impresionaba ver a Karma quejarse o incluso despotricar junto a su madre, Karma no era una adulta, se decía Nagisa, pero podía participar en las conversaciones que éstos mantenían.
En silencio, la admiración creció un poco más.
Opacando a ese otro bonito sentimiento que resguardaba en su mente.
Y aunque escuchaba la conversación de Karma y su madre (de saltarse las comidas y el postre habían pasado a lo horrible que estaba el vecindario, y cómo el camión de la basura simplemente no pasaba) no podía evitar que su mente se fuera a aquel endemoniado cuaderno.
¿Qué lo hacía tan especial?, o más bien, ¿por qué ella lo estaba haciendo especial?, Karma podía tener mil cuadernos, con los mismos nombres, pero aquel, aquel en particular le llamaba mucho la atención.
Estando ensimismada por ello (y comiendo casi por inercia), se perdió la mitad de la conversación que mantenía Karma con su madre, sólo regreso a ésta cuando Kaede exclamo (sin escrúpulos y con tono bastante meloso):
- Te lo digo yo, el chico es bastante lindo, también es caballeroso, seguro que te gustará Karma –
- Ya te dije má, no tengo ningún interés en él – replicaba, con otro plato de fresas con crema.
Aquello también era ligeramente extraño, se decía Nagisa, Karma no discutía del todo, simplemente argüía o entornaba los ojos, pero no era ni tan sádica ni tan sardónicamente, sólo se mantenía al margen de la discusión.
Y tampoco peleaba tanto (aquel encuentro con los chicos fue el único que había presenciado).
Karma era una buena chica.
- Sé que es algo pronto – decía su madre – pero es un buen chico, es un poco mayor sí, pero tiene su vida planeada, ¿segura que no accederías a una cita con él? –
Nagisa casi se atraganta, su mirada posándose entre una y la otra como lo haría en una partida de ping-pong, no podía intervenir en la conversación así que permanecía esperando a quién dé el golpe final (y esperaba que fuera Karma… con una negativa, por supuesto).
- Ya te lo he dicho – repetía, un poco molesta – no tengo alguna intención de conocer más hijos de tus amigas, todas exageran acerca de ellos y no son ni la mitad de buenos de lo que dicen – en un arranque señaló a Nagisa – mi Nagisa les gana a todos ellos, me casaré con Nagisa –
Nagisa se había sonrojado, observando atentamente a Karma con los ojos brillantes e indecisos, ¿debería decir algo?, su razón palpitaba fuertemente, tanto que llegaba a temer de que, de abrir sus labios, éste saldría desembocado, corriendo hacía Karma con el collar de un perro sobre él.
Tipo: te pertenezco sólo a ti.
Por supuesto, en su mente, su corazón era como una mascota, al imaginarlo literalmente sintió un escalofrío.
La madre de Karma rió tensamente.
- Estoy segura de que Nagisa-san también tiene muchos pretendientes, ¿por qué no le das una oportunidad? – melosas, sus palabras cubiertas de azúcar venenosa.
Karma también la observaba atentamente, Nagisa se sentía desfallecer de vergüenza bajo el escrutinio de aquel dorado cobrizo fundido, vergüenza y ansías, un anhelo del que no hablaba se extendía y desbordaba por sus ojos.
Karma sonrió, como si, al ver sus ojos, supiese exactamente en lo que estaba pensando.
- No quiero – dijo, como si con ello pudiese zanjar el tema por completo, con un puchero – soy mucho mejor que cualquier pretendiente de Nagisa, les ganaré a todos y a cada uno – a pesar de decirlo con rebosante confianza, su rostro avergonzado y rojo no encajaba del todo con sus palabras.
Kaede le observó incómoda, luego suspiró exasperada.
- Ya, ya. Sé que son las mejores amigas, cásense si quieren, pero tienes que conocer a algún chico – Karma le vio confundida.
- No le voy a ser infiel a Nagisa –
Nagisa rió.
- Gracias por la comida – trató de disimular, con un ligero carraspeo.
Kaede asintió, levantando los platos de la mesa y llevándolos al fregadero, Karma sólo la observo en silencio mientras Nagisa le veía con preocupación.
Su madre también había dicho algo por el estilo, como si los chicos le importasen.
Observar a Karma discutiendo con su madre al respecto sólo le hizo pensar, recordar, que en realidad, Karma era muy popular, y que probablemente no tendría sentimientos románticos hacía ella.
Que en algún momento (quizás en preparatoria) se separarían y ambas podrían encontrar a un chico, porque se supone que habrían de casarse.
Aquello solamente acrecentó lo que desde antes había pensado, lo que la consumía por dentro.
Ambas eran chicas.
Dios es tan cruel a veces. Tenía una seguridad inquietante de cómo él debía de estar riéndose por esa situación, poniéndolas a prueba.
- ¿Quieres ir a la habitación? –
- Claro –
Karma frente a ella.
Karma con el cabello rojo golpeando su espalda.
Karma con aroma a fresas.
Karma siendo preciosa y orgullosa, como sólo ella sabe serlo.
Karma siendo una chica.
Karma… alejándose otra vez.