Sabía, de alguna forma, que se veía realmente sospechoso en ese momento.
Estaba detrás de los estantes de revistas, con la visión perfecta por sí llegaba Nagisa y tomaba la de Sonic Ninja, los lentes no eran oscuros, pero si obstruían una visión completa de su rostro, el gorro n***o también cubría una parte mínima de su frente, y veía intensamente el lugar donde se suponía que Nagisa debía haber estado desde ya dieciocho minutos antes.
No le sorprendería que en cualquier momento alguno de los empleados le dijera que se vaya porque hace sentir incómodos a los demás clientes.
De todas formas, se estaba desanimando.
Nagisa, en ese extraño… mundo, era una chica también, una muy popular, ¿qué si tenía novio?, ¿qué sí no leía nada de Sonic Ninja?, ¿qué sí estaba ocupada en ese momento?
Las probabilidades de que fuese a ir por una revista de un manga que ni siquiera seguía eran tan escasas que ni siquiera estaba seguro de por qué seguía allí.
No lo quiso volver a pensar, que después de todo Nagisa no era el Nagisa que conocía, y que, en realidad, tal vez fuese mejor así, sin que se conocieran el uno al otro y, por ende, no sufrieran por el otro en el futuro.
Se desanimó con tan sólo creer que aquella era la razón por la cual estaba en ese mundo, para no volver a acercarse a Nagisa.
Salió sin mirar a los trabajadores.
Salió sin querer ver el estante donde, en su memoria adulta, recordaba haber conocido e interactuado por primera vez con Nagisa.
Quizás, y si no lo hacía en ese momento, después no se convertiría en una parte imprescindible para su vida.
Pensó que tal vez eso estaba predestinado, no encontrarse ese día, ni de esa forma, ni nunca… Al menos fue un fugaz pensamiento que desvaneció junto la imagen al otro lado del cristal.
Bien, que no era Nagisa sosteniendo a Sonic Ninja, pero era Nagisa sosteniendo una de las novelas que él (ella, él, ¿ella?) ya había leído. Depa para dos estaba entre sus finos y pequeños dedos mientras que sus ojos centelleaban por la curiosidad, junto a un pequeñísimo rubor sobre sus mejillas, probablemente debido al calor.
Y entró.
Entró en la librería con pasos apresurados, casi corriendo, y llegó a su lado.
Tocó su hombro y, mientras notó como Nagisa se giraba para verle, sólo pudo decir lo primero que vino a su mente.
- ¿Dónde has estado? –
- ¿Eh? – exclamó Nagisa, desorientada y aún más roja – ¿Akabane-san? –
- ¿Me conoces? – ¡¡La conocía!! Su crush la conocía, bueno iban a la misma clase, pero y qué, ella básicamente era un fantasma.
- Si… estamos en la misma clase – susurró, aún más confundida que antes, ¿Akabane le estaba hablando?, ¿a ella?, la chica más callada e inteligente de la clase, ¿le estaba hablando en serio? – tu… ¿quieres verlo? – señaló el libro.
- Ah, no – se sonrojó furiosamente, tanto o más que parecía parte de su cabello – sólo te quería decir que es un buen libro, por si no sabes cuál comprar, parece la novela típica de los chicos enamorados por accidente, y contiene algunos clichés (hechos, de hecho, a propósito), pero es un buen libro, se mete con temas que no abarcan los demás como las relaciones tóxicas, superar un trauma, y esta con diferentes perspectivas por lo que también es muy divertido –
Lo había dicho de bocajarro, casi sin la intención de que Nagisa le escuchase sino para huir de la situación en la que ella misma se había envuelto.
- ¿Eh?, ¿de verdad? Suena aún más interesante ahora, pareces saber mucho de libros Akabane-san –
- Oh, bueno sí, aunque me gustan un poco más los cómics… creo – era extraño hablar al respecto de algo por el estilo, porque eran dos personas en su cuerpo con una sola consciencia.
A él le gustaba los video juegos, personalmente, el manga, los cómics, las buenas películas o las pésimamente malas que hasta llegaban a ser buenas. Era un friki. Leía críticas, artículos acerca de sus intereses, o se la pasaba estudiando para complacer a sus padres con un excelente promedio (aunque horrible actitud). A ella (él, ella, ¿él?) le gustaban los dramas, las películas románticas, de acción, de terror y de comedia, leía manga, pero era manga shojo, y en realidad leía mucho, muchísimo. Pero no estudiaba tanto.
Eran sumamente diferentes.
- Ah, con que es así. Como Akabane-san es tan callada y reservada me preguntaba que le gustaba hacer en su tiempo libre – llamó su atención Nagisa, sacándole de su ensimismamiento con un retortijón en el estómago.
- ¿Quieres ir a ver una película? – aunque también le había salido de bocajarro no se arrepentía en lo absoluto de hacerlo, después de todo lo único que quería era pasar más tiempo con Nagisa, incluso si fuese de esa forma tan extraña y, seguramente, creppy.
- ¿Seguro?, sólo… déjame pagar esto – señaló nuevamente el libro. Karma asintió, nuevamente apenada.
- Te esperaré afuera –
- Por supuesto –
Aunque había dicho que le acompañaría a ver una película, ni siquiera tenía permitido salir a las tantas, sus padres siempre se preocupaban mucho por ella y su madre solía tener ataques frecuentes.
Tampoco había pensado en comprar un libro, pero lo estaba haciendo (probablemente tendría que ir algunos días caminando a la escuela).
Y no podía dejar de pensar… en sus impulsos.
Normalmente ella no era impulsiva, no compraba o iba a algún lugar sin avisarle antes a sus padres, y tampoco aceptaba citas a bocajarro sin conocer a la persona, o sin antelación.
Pero cuando vio a Karma, algo en su pecho se hinchó, y algo en su estómago se revolvió, y algo en su mente se apagó.
Simplemente fue sentir su toque, girarse a verla, y perderse completamente en aquel cabello rojizo y en los ojos dorados. En su voz y en el aroma que desprendía.
Karma Akabane le daba curiosidad, pero nadie le hablaba, ella tampoco hacía amago por hablarle a alguien, y sabía que a los chicos les parecía atractiva y que los profesores solamente la soportaban porque era sumamente inteligente, pero no sabía nada más allá de eso.
Era una chica que destacaba por su imagen.
Que una chica tan guapa, e inalcanzable, le hablase de repente fue todo un shock para ella, más allá de eso, la invitó a ir al cine, aunque no tenía idea ni qué verían. ¿Y si intentaba secuestrarla?, ¿por eso mantendrá un perfil bajo en la sociedad?, ¿para no levantar sospechas?, ¿qué pasaba si era una loca que mataba a las chicas y guardaba mechones de su cabello para ser consciente de a cuántas había matado e identificarlas?, ¿fue por eso que puso la mira en ella?, ¿por qué tenía un extraño cabello color azul?
Mamá, ¿por qué no dejaste que mi padre me diera su cabello n***o?, lloró en silencio.
- ¿Estás bien, Na… Shiota…san? – preguntó Karma a su lado.
Ya había salido.
- E… estoy bien – respondió como pudo.
- Ah, perdona por invitarte sin antelación ni nada, es sólo que hoy sale una película de un director que realmente me gusta, pero creo que es algo vergonzoso ir sola – no era del todo una mentira.
- Oh, no importa, ¿cuál película es? –
- Sonic Ninja, ¿la conoces? – estaba entusiasmado. La sola presencia de Nagisa le entusiasmaba.
- He oído hablar de ella, quise comprarme el manga una vez, pero no lo hice – caminaban juntas entre la multitud y la algarabía del resto de las personas.
- ¿Por qué no lo hiciste? – Karma de pronto sintió un bajón, bien que debía recordar que no era la misma persona que había conocido años atrás, ella era, precisamente, una chica.
- Bueno… - no sabía cómo decirle “no es algo realmente femenino, y sí mi madre me hubiese descubierto leyendo algo por el estilo, me mataría por el simple hecho de que yo soy su hija deseada, y no quiere que algo me… corrompa” – supongo que no era totalmente de mi interés –
- Ya veo – no sabía cómo continuar, Nagisa era alguien abierto por naturaleza, lo había sido con él.
Pero ella, Nagisa, parecía tener tantas capas que no sabía cómo abrirlas una a una, tampoco tenía idea de las cosas por las que podrían conversar, no sabía qué hacer ahora.
Tenía… miedo.