La vida era una constante de subidones y bajones, reflexionó Casie. Con los primeros, el espíritu se elevaba y el cuerpo vibraba, el corazón latía fuerte, tibio, exultante. Con los segundos, el frío y la desazón envolvían el alma y los pasos hacia adelante se hacían lentos. El cuerpo se inmovilizaba, pasando a modo de supervivencia, la voz leve y los ojos sin luz. En la cima, había gozo y entusiasmo; en la base, desolación. Así habían sido los pasados tres meses, que Casie consideraba los más felices de su existencia adulta, durante los que había disfrutado de sentirse adorada, deseada, valorada. Tiempo en el que le habían sido dadas las herramientas para hacer de un sueño pequeño un negocio rentable y en vías de crecimiento. Esta era la situación que se mantenía y mejoraba; el marketin

