XI Samuel entro primero, yo me quede un paso atrás, aun dudoso ante la incertidumbre de no conocer el funcionamiento de aquel dispositivo. Él tomó la manilla de la que me había hablado y me invito a seguirlo: ― Suba hermano… no hay nada que temer. Le hice caso. Tome la bolsa que había dejado detrás de mí, para dilatar el tiempo de preámbulo, y subí al interior de la máquina. Tenía miedo de que se tambalease por mi peso, pero me di cuenta de que se encontraba más firme de lo que yo consideraba. Ya con mis pies asentados sobre la madera, confirme a Samuel, quien esperaba mi señal para accionar el mecanismo que nos trasladaría a la habitación que se ocultaba debajo del depósito. ― En un instante bajaremos. Todos los músculos de mi cuerpo se tensaron a causa d

