Capítulo 9

2468 Palabras
GIUSEPPE Estas 2 semanas han sido una tortura pero también me sirvieron para sincerarme conmigo mismo. Lo cierto es que por más que yo sienta algo por Rebecca si hubiese sido tan fuerte como lo pensé en un principio no tuviese ojos para nadie, y desde que desperté y empecé a compartir con Amber ella robó parte de mi atención, sin contar las veces que he tenido que contenerme porque mi pene, que piensa solo, salta de alegría cuando la tengo cerca, aún recuerdo la conversación que tuve con Rebecca, cuando me enseñó la carta que le dejé, que no recordaba pero que volvió a mí en cuanto la tuve en mis manos. Flash Back Llegue a la casa de Rebecca, estaba con el bebé y Giancarlo en la habitación, aún estaba de reposo así que me guiaron hasta allí. -Hola, ¿Cómo estás? -Mucho mejor gracias. -¿Podemos hablar? Vi como Giancarlo apretó la mandíbula pero Rebecca le tomó la mano y le dijo que estaba bien, que nos debíamos la conversación que se interrumpió cuando se enteró que él protegía a Amber. Salió del cuarto con el niño asegurándome que tuviera cuidado con lo que hacía. Busqué una silla y me senté cerca de la cama, cerca de ella. -No sé cómo empezar, yo… -Pepe, no sabes lo culpable que me siento por no buscarte lo suficiente, si hubiese abierto el perímetro, si hubiese… -No Rebe, escúchame, tú sabes que aquí el hubiera no sirve, ya pasó, nuestra vida es así, y luego de todo lo que pasó entiendo que tenías un puesto que mantener para cuidar de nuestra familia, yo no te culpo de nada. Más bien me siento mal, porque si mi amor por ti hubiese sido tan fuerte como el de Gian, jamás me hubiese fijado en Amber. -Y si el mío hubiese sido tan fuerte tampoco hubiese dejado entrar a Gian. Creo que nos unimos para hacernos fuerte y prepararnos para a quienes de verdad pertenecemos. Gian y yo no tuvimos el mejor comienzo y tuvieron que pasar demasiadas cosas para que él y yo finalmente pudiéramos estar justo. Y tú carta me ayudo, tu apoyo en esos años y tu amor en esos años me ayudó a ser quien soy hoy. yo sé que nunca dejaré de tener tu lealtad, pero es hora que tú también seas feliz, es hora que tu tengas un amor solo para ti, no uno compartido como el mío. Porque aunque no lo reconocí entonces, hoy me doy cuenta que lo amé, incluso antes de los gemelos, lo amé. -¿Cómo pudiste amarlo así? -No se lo he dicho a nadie, pero cuando llegaba borracho, era él, sin su odio, sin su rencor, era él mismo, ese hombre tierno que hoy está a mi lado. Me pedía perdón y me trataba con dulzura y fue de ese Giancarlo que yo me enamoré. -¿Me estas jodiendo? Y él ¿no se acuerda? -No. El piensa que los gemelos fueron concebidos en la última violación, pero fue unas semanas antes. Por eso dije que eran un milagro, porque resistieron las últimas dos palizas que fueron las peores. -Rebe por Dios, y ¿Por qué no se lo has dicho? -No lo sé, creo que estaba esperando esto. Que finalmente los 3 fuésemos libres de ese lazo tan extraño que creamos y que por un tiempo nos llevó a ser la familia extraña que somos. -¿Puedo ver la carta? -Claro. La sacó de su cajón y me la dio. -La quiero de vuelta. La tomé en mi mano y entonces recordé todo el momento. Si la había escrito porque tenía el presentimiento de lo que iba a pasar y sabía muy bien que en cuanto yo no estuviera, Giancarlo haría lo posible por reconquistarla y no quería que viviera con la culpa de aceptarlo solo por mi muerte, ella merecía ser feliz. Se la devolví y ella me sonrió. -Gracias. -¿Por qué me das las gracias? -Porque estuviste para mí, me amaste y me ayudaste a sanar y ser la mujer fuerte que soy hoy. Tú también mereces ser feliz con ella. Cuídala bien , se ve que es una buena mujer, tiene madera. Dario me ha dicho que ha dado la talla. -Si es increíble. Luego de hablar un poco de los niños y de los nuevos planes me fui a buscar a Amber. Fin del Flash Back Y aquí estoy torturándome con sus gemidos a través de la puerta, ni siquiera me di cuenta cuando mis manos sacaron mi pene y empecé a masturbarme escuchándola gemir, y acabé justo cuando dijo mi nombre lo que supongo fue al alcanzar su orgasmo al igual que yo. Me moví rápido, sabía que dentro de poco saldría del baño, le escribí la nota parta vernos esta noche y tomé de su gaveta el primer hilo n***o que vi. Dios ya estaba duro de nuevo. Dejé todo encima de la cama y me fui. Al rato recibí su respuesta que hizo incluso que mi fluido preseminal saliera, ¡Carajo! Iba a tener que masturbarme otra vez. Hice una reservación en uno de nuestros restaurantes más elegantes, que está en uno de nuestros hoteles y fui a hablar para que me preparan unas de las Suites presidenciales que teníamos ahí a nuestra disposición. No quise hacer ninguna de esos clichés de llenar todo de pétalos pero si pedí un ramo de rosas rojas para la mesa y fresas con una fuente de chocolate para nuestro postre más el mejor champan. Ya todo estaba listo solo hacía falta que me alistara, me fui a casa y me puse mi mejor traje a lo gánster de tres piezas más el sombrero. Cuando llegue a buscarla no me imagine que con solo verla quisiera ir directamente a la habitación, era una puta tentación verla. Llevaba un vestido n***o descubierto en los hombros, con escote que dejaba ver un poco de su deliciosos pechos, pegado a su cuerpo hasta abajo con una abertura a media pierna con tacones de aguja. Llevaba el cabello amarrado en un moño desordenado que dejaba caer algunos mechones y un maquillaje que la hacía ver como una diosa. ¿Cómo voy a hacer para aguantar. La esperaba cerca del auto con las manos en mis bolsillos. Cuando se acercó, yo me separé del auto y la tomé por la cintura. -Es toda una tentación Srta. Amber, sobre todo después de escuchar como gemía con mi nombre en su boca. -Usted también está muy sexy Sr. Gánster, ya hasta se me mojó el hilo que me puse por petición de usted. Acerqué mi rostro al suyo y tome posesión de esos labios que me tenían vuelto loco. -Vamos o lo terminaremos haciendo en el auto y nuestra primera vez tiene que ser especial. Llegamos al restaurante y nos sentamos en nuestra mesa, me mira con ganas de hablar pero no termina de pronunciar las palabras que darán comienzo a la conversación que nos debemos de hace tiempo. -Antes de que todo se descontrole quiero saber algo. De tu respuesta depende lo que pase de ahora en adelante. -¿Qué quieres saber Amber? -¿Qué soy para ti? Me le quedo mirando imaginando mi respuesta. ¿Qué es ella para mí? No lo sé exactamente pero lo que sí sé es que la quiero en mi vida. -No voy a mentirte, no quiero que lo nuestro sea a base de mentiras y suposiciones. No sé qué es exactamente lo que siento, solo sé que no puedo imaginarme mi vida sin que tu esté, eres el ángel que me volvió a la vida, y aunque desde que desperté no he dejado de desearte y debatiéndome entre los sentimiento que tengo por ella y la atracción que siento por ti, estoy deseoso de averiguarlo. No sé si ya te amo o si ya te amé desde el primer momento que te vi, lo que sí sé es que te veo y mi cuerpo reacciona por ti, se vuelve loco, se me aceleran los latidos, mi entrepierna cobra vida propia y mis manos pican por tenerte. No sé qué carajos me hiciste, lo que sí sé es que no voy a dejarte ir. Me ve con los ojos agrandados y su boca comienza a dibujar esa hermosa sonrisa que tanto me encanta. -¿Respondí a tu pregunta? -Si que la respondiste, me conformo con eso por ahora. Lanzo una carcajada por las cosas con las que sale y le pregunto si está lista para ordenar. Pedimos nuestros platos y empezamos a hablar de cosas menos intensas… la intensidad la dejamos para más tarde. Cuando ya retira el último plato me pregunta si comeremos el postre. -Claro que comeremos postre dulce Amber pero no aquí. Me mira con sospecha y una sonrisa pícara hace resaltar el brillo en sus ojos. Me levanto y le ofrezco mi mano y vamos juntos hasta el elevador que está en el lobby. El ascensor abre sus puertas y cuando estamos dentro en la soledad de la caja metálica, algo se apodera de mí y la arrincono en una esquina. -No tienes idea de cómo me tienes, tengo las bolas azules de tanto que te deseo en este preciso momento. -¿Y qué es lo que estas esperando? Responde muy cerca de mi boca, entonces hago contacto y empiezo el beso que seguro terminaremos en la habitación. Se abren las puertas y nos separamos jadeando. La tomo de en brazos como recién casados y la llevo hasta la puerta, tengo la tarjeta en el bolsillo por lo que solo tengo que acercarla a la cerradura para que se accione y estamos adentro. La bajo para que admire el lugar mientras me acerco a la mesa para abrir el champan. -Dios Pepe, esto esta hermoso, gracias. Mmmmm fresas, mis favoritas y con chocolate. Me acerco a ella con la copa en la mano. -Las mías también pero sospecho que a partir de esta noche mi fruta favorita serás tú. Brindamos y nos tomamos el contenido de nuestras copas de un solo golpe, nos reímos porque pensamos en lo mismo y dejamos las copas en la mesa entonces la tomo de la mano y la acerco a mí, tomo su cuello y acerco su rostro al mío sin dejar de verla a los ojos, entonces la beso de nuevo y mientas el beso se va haciendo intenso ella pega más su cuerpo al mío. En un momento que ni se cuándo, ella se rodea mi cuello con sus brazos y se impulsa para subirse en mí y rodear mis caderas con sus piernas. La tomo de las nalga y así mismo la llevo hasta la cama, la paro al lado y tomándome mi tiempo para disfrutar de este momento en que le quitare ese vestido y por fin veré lo que tanto mi imaginación me ayudo a crear para masturbarme en su nombre. Voy quitando el vestido y aunque ella no se amilana sé que está temblando por los nervios de su primera vez. Abro el cierre y voy bajándolo hasta que ya no se sostiene de nada más y lo dejo caer a suelo. No lleva brasier así que sus hermosos senos me saludan firme y con su pezones erectos por la excitación. Entonces ella toma valor y hace lo mismo con mi ropa mientras no despegamos las miradas el uno del otro. Cuando finalmente estamos yo en bóxer y ella con esa bendita tanga negra que me torturó desde que la tome de la gaveta la tomo de nuevo por la cintura y la acuesto en la cama, comienzo a besarla luego voy a su cuello y con devoción y deseo voy bajando hasta llegar a sus pecho me deleito en ellos, los lamo, los chumo, incluso los muerdo alternativamente, mientras que tengo uno en mi boca el otor lo tengo entre mis dedos. Ella jadea mi nombre y continuo con mi tarea mientras que con la mano que me queda libre le arranco el hilo y ella lanza un grito de sorpresa, pero no le doy tiempo a recuperarse porque acerco mi mano a su intimidad y ¡CAZZO! Que es indescriptible el placer que ciento cuando siento cómo está mojada por mí, por mis caricias, por mis besos, empiezo a jugar con su clítoris mientras sigo entretenido con mis gemelas favoritas de ahora en adelante. No le doy tregua hasta que siento cómo llega a su orgasmo gritando de nuevo mi nombre y carajo que se escucha como los cantos gregorianos. Mientras le doy tiempo que vaya recuperándose, subo de nuevo a so boca y le doy ligeros besos hasta ver que dé luz verde para seguir. -¿Estas lista para ser completamente mía para siempre? -¿Y tú estás listo para ser completamente mío para siempre? -Estoy listo, ya te pertenezco. -También te pertenezco. Y no necesito más bajo mi bóxer para liberar mi erección y ella lo ve con fascinación y algo de duda. -¡Dios y ¿Todo eso entrará en mí? -Oh sí que entrará, con lo mojada que estas… entrará y deleitará…mucho. La vuelvo a besar para distraerla y me posiciono entre sus piernas. Pongo mi pene en su entrada y espero a que esté lista. -Estoy lista Pepe, hazme tuya de una vez. Y entro en ella con cuidado pero con decisión siento como al principio se tensa pero en el segundo siguiente se relaja y besa mis labios con pasión, !DIOS!, esto es la gloria, esta tan estrecha que me hará acabar más rápido de lo que normalmente soy capaz, entonces comienzo a moverme al principio lento pero a medida que me voy calentando voy acelerando más mis embestidas mientras ella jadea y gime mi nombre. De repente como si algo se apoderara de ella toma el control, me voltea no sé cómo y empieza a cabalgarme con desesperación, yo la dejo porque inesperadamente me encanta que sea así, activa a pesar de ser su primera vez, bien me dijo que era virgen pero no santa y eso me fascina. Siento como ella llega a su clímax pero yo aún no termino con ella así que prolongando su orgasmo vuelvo a tomar el control e intensifico mis embestidas hasta que ambos llegamos ella por tercera vez en la noche y yo por primera vez, gritamos nuestros nombre en la cúspide de nuestros orgasmos y mientras recuperamos el aliento nos vemos a los ojos y no hace falta palabras, porque en este minuto, las palabras sobran, porque nuestros cuerpos y nuestros corazones hablan por nosotros, desde este momento nos hemos declarado dueño del otro de aquí hasta la muerte.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR