OBSERVADOS

1126 Palabras

La esperanza del pueblo no tardó en transformarse en vigilancia. Lo que había comenzado como un clamor sincero en la plaza fue mutando, día tras día, en una presencia constante, casi física. En Ceviel, la paz recién conquistada no dormía: observaba. Escuchaba. Esperaba. Y el palacio, que alguna vez había sido un refugio de piedra y protocolos, empezó a sentirse como una caja de resonancia donde cada gesto se amplificaba. Altea lo percibió primero en los detalles más pequeños. En los pasillos donde las conversaciones se detenían apenas ella aparecía. En las reverencias más prolongadas de lo habitual. En las miradas de las damas, demasiado curiosas, demasiado calculadas. Ya no la observaban solo como emperatriz consorte, ni siquiera como hija de Drunia: la miraban como posibilidad. Como pro

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