REAL

857 Palabras

El jardín parecía demasiado perfecto para ser casual. Las glicinas caían como cortinas violetas sobre la pérgola, el agua de la fuente murmuraba con una constancia casi hipnótica, y el sol filtrado por las hojas dibujaba sombras suaves sobre la mesa de mármol. Todo estaba dispuesto para la calma. Para la intimidad. Para algo que no debía forzarse… pero que claramente estaba siendo provocado. Altea tomó asiento con la espalda recta, consciente de cada gesto. Leander se sentó frente a ella, no a su lado, como habría sido natural en un almuerzo familiar, sino justo enfrente, obligándolos a sostenerse la mirada más de lo prudente. Aquello no era un descuido. Ninguna de las dos mujeres presentes dejaba nada al azar. Giorgia fue la primera en romper el silencio. —Recuerdo cuando Felipe y yo c

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