No volvieron a hablar hasta llegar a una empresa pequeña donde fabricaban tuberías de acero. El vigilante, un viejo delgado de rostro amigable, saludó a Colette con camaradería y, al ver a Eddy, sonrió divertido. Él arrugó el ceño con extrañeza. Atravesaron la instalación por una calle lateral y siguieron hasta llegar a unos depósitos solitarios. Se detuvieron en la parte trasera del que se hallaba más apartado. —¿Traes a muchos aquí? —preguntó cuándo ella abrió la puerta trasera y lo sacó a empujones. Colette lo llevó hacia una portezuela de hierro manteniéndose en silencio—. ¿Allí tienes tu cuarto de torturas? —consultó mientras ella abría la cerradura—. ¿Tienes contacto en esta empresa? Es raro que te sirvan de cómplices sin pedir nada a cambio. ¿Les brindas protección? O… ¿informac

