Eddy se frotó las manos en el reposabrazos del sofá sintiendo en las palmas la suave fricción de la tela de la tapicería, similar a la de un peluche. Eso le creaba una débil sensación de placer con la que podía sofocar las ansias que atormentaban a su cuerpo. Ella se sentó frente a él en un sofá similar, con su piel blanca y tersa muy a la vista gracias a su atuendo corto y ceñido. Él deseaba frotar sus manos en esa piel y no en ese mueble frío, explorar sus picos y sus desconocidos valles mientras se perdía en el misterio de sus profundidades. Estaba seguro que la calidez que encontraría allí avivaría aún más el fuego que ardía en su interior. Reprimía su deseo por la imagen de la pistola cargada, y sin seguro, que ella seguía teniendo en su mano. Si no fuera por ese amenazante ap

