capítulo 14. Octavo año.

2732 Palabras
Una gata negra, de ojos verdosos y cola esponjosa, era la cosa más preciosa para mi hija, Isabela, no sabía cómo, ni porque, pero por alguna extraña razón, Isabela se veía infinitamente feliz, con una simple gata callejera, no con juguetes, ni con ropa cara, tampoco con dulces, o chocolates; a ella la hacía feliz, una simple gata.  Isabela rebosaba de felicidad, algo que obviamente, me alegraba, ya que la felicidad de mi niña, era también la mía. De regreso en casa, Isabela de inmediato decide tomar algunos recipientes plásticos de la cocina y llenarlos con leche, ya que aún no teníamos comida para gatos, y la leche era lo único, con lo que podíamos, alimentar a su nueva mascota. -     Ten luna, toma un poco de leche. -     ¿luna? ¿Así le llamas a tu gata? -     Si, es un lindo nombre para ella, papá. -     ¿Y de dónde sacaste ese collar, hija? -     De ningún lugar en específico, le pertenecía a uno de mis peluches. -     Hum, ok, me gusta la media luna, combina con su nombre. -     Lo se… Isabela era gentil y cariñosa, algo admirable, ya que sabía cómo comportarse con su mascota, conocía perfectamente los límites, para no incomodar a su gata; mientras yo estaba guardando las llaves de mi casa, de inmediato una corriente de frio, algo raro, pero que deje de lado… Mientras Isabela estaba jugando con luna, en su habitación, ella me pide otras cosas, necesarias para su mascota. -     Papá, ¿te importaría comprarle comida a luna, también juguetes y esas cosas? -     Si hija, no te preocupes, mañana después del trabajo, me encargare de eso. -     Gracias… -     ¿y se llevan bien? -     Luna es tranquila, cariñosa y le gusta que la mimen, ella es la mejor mascota del mundo. -     Que bien hija, jamás creí que quisieras una mascota, por esa razón me sorprendí cuando te alegraste, tanto, solo por luna. -     Eres un hombre de poca fe, papá, esta gata, es más especial de lo que crees. -     Si tú lo dices… Isabela admiraba demasiado a su mascota, como si fuera mágica o misteriosa; algo tierno para su inocente imaginación, sea como sea, al día siguiente, mientras estaba en mi despacho preparando documentos y archivos, Vanesa, de forma abrupta, entra a mi oficina al borde de sus lágrimas… -     ¿Qué paso?  Creía que se había lastimado, en alguna parte de su cuerpo, y en realidad, le lastimaron su corazón; cuando ella me explico lo que paso, no me sorprendí, su novio “John” le había sido infiel en su propia casa con la ama de llaves.  Vanesa los halló teniendo sexo en su habitación y después de verlos, ella exploto en furia, algo predecible ante semejante momento y después de gritar, echar, y crear un alborotó, ella simplemente, corrió con el corazón roto, hacia su único mejor amigo. No sabía qué hacer, lo primero que rondaba por mi cabeza,  era romperle la cara a John, pero Vanesa ya lo había hecho, lo único que pude hacer durante dos horas, era calmarla, abrazarla y consolarla, ya que ella, era una chica con un corazón muy roto, después de eso, Vanesa decidió mudarse a mi casa por un tiempo, ya que la suya, le pertenecía a su ex novio y no deseaba quedarse en un hotel sola; Vanesa se deprimió por días, y yo quería intervenir, pero Isabela con unas simples palabras, me hizo pensarlo mejor. -     Tengo que animarla, pero, ¿Qué podría subirle los ánimos? -     Papá, una mujer con el corazón roto, solo se podrá levantar, con el paso del tiempo. Isabela tenía razón, aunque mis intenciones eran, animarla, lo mejor que podría hacer como amigo, sería esperar a que el tiempo la sanara por si sola. Hablando de amores y desamores, yo también pasaba por cosas complejas, al ser un hombre soltero, con responsabilidades, tanto como padre, cómo director de márquetin, tenía poco tiempo para conocer chicas, por esa razón usaba páginas de citas rápidas de internet, en busca de mi media naranja, pero entre cada cita que tenía, me di cuenta de que aun seguiría estando solo, no era porque mis gustos fueran demandantes, solo que no encontraba ese alguien especial, en ninguna mujer; pero, una noche mientras estaba en un restaurante, hablando con un chica linda, de pelo rojizo y ojos marrones, al mirar por la ventana de mi mesa, pude notar entre la multitud, a un chica, de capucha roja, algo extraño, ya  que esos extraños suceso, se repetían, una y otra vez, durante mis citas, como si esa extraña mujer, me estuviera, acosando. Pasado siete días, al fin, era 31 de octubre del 2015, un día muy especial ya que era el cumpleaños número ocho, de Isabela; para ese entonces, Vanesa ya había superado, en gran parte, lo sucedido con su ex novio, por lo que se centró en nuestra misión. Mientras Isabela estaba alimentando a luna, Vanesa y yo, nos dirigimos a mi cuarto, para así planificar nuestra fiesta sorpresa. -     Ok, Isabela está en su habitación, ¿recuerdas bien el plan, José? -     Si, después de la escuela, la llevare a un parque de diversiones para que se distraiga, y así olvide completamente que hoy es su cumpleaños. -     Exacto, así, lograremos sorprenderla, cuando la llevemos a su gran fiesta. -     Perfecto, pero… ¿segura que puedes con todo eso? Recuerda que tú, eres quien se encargara de la organización, tanto de invitados, como empleados de la fiesta. Vanesa había pasado por muchas cosas en los últimos días, por lo que no quería pedirle demasiado, sobre todo, en la organización de la fiesta sorpresa. -     Descuida José, hoy es un día especial, lo haré por nuestra pequeña. -     Muy bien amiga, vamos con toda. Después de esa conversación, Isabela de la nada, aparece sin que nos diéramos cuenta. -     ¿Qué están haciendo ustedes dos? -     Nada… -     Solo hablamos… -     Mjm, ok jovencillos, sé que están en esa edad, pero si van hacer cosas, háganlo en privado, necesito que miren a luna, ella está actuando raro. Isabela estaba preocupada por la gata, ella estaba actuando de forma extraña, como si algo la asustara o le preocupara, en ese entonces, no parecía ser algo raro que un gato estuviera siempre alerta, por lo que solo lo ignoramos. -     Descuida Isabela, es normal que los gatos, de vez en cuando, se pongan a la defensiva. -      Vanesa tiene razón, talvez este en celo, al fin y al cabo, hace no mucho, solo era una gata callejera, la llevaremos con el veterinario mañana en la mañana. -     Pero… -     Tranquila hija, los gatos de vez en cuando actúan de forma extraña.   Isabela solo exageraba la situación, pero no podía hacer nada, así que toma sus cosas, para ir a la escuela. -     Buena suerte en tu primer día hija. -     Mamá, ¿segura que luna estará bien? -     Si, descuida, tu papá y yo la llevaremos al veterinario mañana, así sabremos que tiene exactamente. -     Si, escucha a Vanesa, tal vez ni siquiera tenga nada grave, apuesto que solo se le… atoro una bola de pelos, o algo así. -     Si ustedes lo dicen… -   Tranquila hija, sabes que no podemos engañarte fácilmente, si pasa algo, Papá, te lo hará saber… -     Buena suerte en tu primer día, hija. Al dejar a isabela en su nueva escuela, Vanesa y yo, continúanos nuestro camino, todo parecía normal, pero en el trabajo, muchos de mis compañeros, no dejaban de felicitarme por el octavo cumpleaños de Isabela, ellos también eran padres, y sabían lo feliz que me hacía celebrar los cumpleaños de mi hija. -     hey José, ya quiero sea de noche para llevar a mis hijas a la fiesta de cumpleaños. -     Si, mi hijo también estará feliz de asistir. -     También mis tres hijos. -     Claro, todos están invitados, entre más personas, mejor, solo tienen que ir con disfraces aterradores. - claro, no hay problema… Todo parecía perfecto, no había nada, solo trabajo atrasado, pero, a la hora, en la que entre en mi despacho, mi corazón se detuvo por un instante, ¿Cómo era posible que sufriera de un ataque cardiaco? Era imposible, ni siquiera tenía treinta años, y estaba en buena forma, lo que detuvo mi corazón no era algo natural, era algo aterrador, sentía como mi cuerpo se llenaba de frustración y melancolía, como si experimentar el verdadero sufrimiento. Cuando caí al suelo, mi pecho se llenó de aire y comencé a hiperventilarme a una velocidad muy preocupante, como si mi cuerpo, estuviera en shock; no podía describir exactamente lo que estaba pasando, pero en mi cabeza, solo tenía miedo, por algo, algo que no sabía, algo que se me hacía familiar, como si estuviera a punto de revivir algún, “ dejá vu”. Al final, gracias a la hiperventilación que estaba sufriendo, poco a poco, me fui desmayando. Mientras estaba inconsciente, pude soñar con sangre, carne, y cadáveres por montón, rodeados de una niebla aterradora, y una risa macabra, la cual no dejaba de señalarme con su macabra guadaña. No sabía dónde estaba, pero tampoco podía moverme, la extraña neblina negra, entraba por mi boca, mientras que ese ser, macabro solo se reía; pero antes de que pudiera incluso reaccionar a ese sueño, mi secretaria, preocupada por mí, entra y me ayuda a recobrar la conciencia, despertándome con un bazo de agua. -     Señor, ¿pero que le paso? -     ¿Qué sucedió? … carolina, -     No lo sé, usted estaba inconsciente en el suelo, ¿está bien? Esta muy pálido. -     No lo sé… no re cuerdo nada. -     Esta bien, ¿quiere ir a un hospital? -     No, descuida, estoy bien… trae algo de comida, a lo mejor sufrí un bajón de azúcar. -     Si señor… pero creo que debería ir al hospital. -          Te dije que traigas algo para comer. -          Si señor… Era muy extraño lo que me paso, pero no recordaba nada después del desmayo, no sabía que me había pasado, mi cabeza me dolía y estaba muy confundido, pero, solo decidí dejarlo pasar, ya que no tenía tiempo que perder en simples bajones de “azúcar” Al cabo de unas horas, al fin, había terminado la mayor parte, de mis deberes, sabiendo que había cumplido con mi obligación laboral, decidí terminar por hoy, ya que no tenía tiempo, y debía apresurarme para recoger a mi hija de la escuela. -     Carolina, quiero que revises todas mis citas, y las canceles, no regresare hasta mañana. -     Como ordene señor, nos veremos en la fiesta. -     Claro, lleva a tus hermanitos…   Después de que saliera al estacionamiento, nuevamente note una pesadez en mi pecho, creía que me iba a desmayarme nuevamente, pero después de sacudir mi cabeza con violencia, logre recuperarme, no sabia que me sucedía, pero solo lo catalogaba como simples efecto de la edad.   -    creo que me estoy haciendo viejo, iré al medico mañana. Al cabo de unos minutos, logre recoger a Isabela de su primer día en la escuela, confiado de que no causaría más problemas. -     Hola papá. -     ¿Cómo te fue en tú primer día? -     Como siempre, notas altas, maestras impresionadas, nuevas amigas, etc… -     Sobre saliente como siempre eh. -     Si,, al parecer ser popular es lo mío,  ya quiero regresar a casa, luna debe estar preocupada. -     No iremos a casa hija. -     ¿A dónde entonces? -     Mm, no sé, que tal, si vamos a ese restaurante de alitas picantes, de los que tanto te gustan. -     Pero ese restaurante está en medio del parque de diversiones. -     Bueno, ya que estamos ahí, supongo que podemos pasar un tiempo de calidad, padre, e hija. -     No me quejo…   Isabela no lo decía, pero ella, gracia a su increíble intuición, y a su increíble intelecto, ya sabía cuáles eran mis intenciones, pero como toda niña pequeña, no rechazaría la oportunidad de ir a un parque de diversiones con su padre.   En el parque de diversiones, mi hija y yo, nos divertimos durante horas, plasmando momentos inmemorables en restaurantes, parques temáticos, montañas rusas, casa de sustos, juegos arreglados, etc. El día de padre e hija, como una estela fugas, se desvaneció en segundos, al final después de pasar una increíble tarde juntos, decidimos regresar a casa, ya que aún faltaba una sorpresa más. Al bajar de mi auto, isabela de forma indirecta, confiesa que lo sabía todo. -     Agg, no de vi comer tanto algodón de azúcar. -     Te lo dije papá, pero no me escuchaste, además se ganaron mis respetos, fue buena idea llevarme al parque de diversiones, antes de mi fiesta sorpresa. -     ¿lo sabias, cómo? -      Fue fácil, tú y mamá son muy predecibles, pero descuida, no diré nada. -     Muy bien, pero para lo próxima, no vas a volver a descubrir mis planes, esto ahora es personal. -     Eso espero papá. De regreso en casa, Vanesa, Isabela y yo, nos disfrazamos para ir a la fiesta; Vanesa se disfrazó de “CATRINA” la diosa de la muerte, ya que ella desciende de cultura mexicana, mientras que Isabela se disfrazó de princesa, pero no una princesa, simple y patética, sino más bien, una princesa, macabra y aterradora, mientras que yo, me disfracé de la “PARCA” un ser oscuro que simbolizaba la muerte de la cultura popular. -     Se ven increíbles, sabía que los disfraces serian estupendos. -      Si, muchas gracias por comparar esto trajes, mamá. -      Yo quería disfrazarme de super héroe, Vanesa. Reclame. -     Papá no seas infantil, además te queda bien ser la muerte. -     Si, no te quejes José, es lo que pude encontrar a último minuto. Después de esa conversación, salimos en busca de caramelos durante tres horas, pero después de reunir una cantidad inmensa de dulces, nos dirigimos a la fiesta sorpresa de Isabela; Cuando entramos a establecimiento completamente oscuro y silencioso, Isabela comenzó a asustarse, ya que a ella no le agradaba mucho los oscuros y silenciosos lugares, pero de repente, como un destello, todas las luces se encendieron y los invitados junto a los empleados de la fiesta, gritaron en perfecta sincronización. -     FELIZ CUMPLEAÑOS ISABELA. Isabela estaba muy feliz, se sorprendió como nunca, a pesar de que sabía que tendría una fiesta sorpresa, ella, no esperaba una fiesta bien planificada y repleta de muchos invitados; después de esa sorpresa, se dio inicio a la increíble fiesta de Halloween; todos los invitados, se divertían y gozaban; todo era perfecto, las sonrisas, las risas, la comida, los juegos. Todos estaban felices, y me hacía feliz saber que mi hija, lo tenía todo, felicidad, salud, lujos, todo, todo lo que yo no pude tener cuando era niño, pero además, me ponía triste saber que le ocultaba muchos secretos, sobre mi pasado y sobre su pasado; nunca le pude contar la trágicas historia de su madre biológica, nunca le conté sobre Carol, ya que yo tenía miedo de que isabela me odiara por no proteger a su madre, al menos tenía un poco de tranquilidad en mi corazón, el saber que cumplía con mi papel de “ protector”. Después de cuatro horas de juegos, carcajadas, dulces y sustos, a media noche decidimos concluir la fiesta, ya que los niños estaban agotados, y eso incluía a Isabela, la cual, fue la primera en quedarse dormida. Mientras todos los padres, se despedían con sus hijos en brazos, yo decido hacer lo mismo. -     Fue una gran fiesta Vanesa. -     Si, todos los niños y padres se divirtieron, ¿quieres llevar a Isabela a casa? -     Si, ¿quieres que te esperemos? -     No, toma mi auto y llévala a casa, yo aún tengo que quedarme, debo pagarles a los empleados de la fiesta. -     Esta bien, llevare a isabela a casa y regresare por ti en media hora, también carga todo a mi tarjeta de crédito, no quiero que pagues nada. -     Como quieras, me da igual quien pagara todo. Cuando abordé el auto, una leve sensación, me alertaba de que no encendiera el motor, algo que ignore, pero de lo que me arrepentiría por el resto de mi vida.
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