Franz no podía dejar de caminar. Formaba círculos cada vez más pequeños con una sola cosa en su mente. Quería volver a verla, necesitaba explicarle, necesitaba que pudiera volver a mirarlo como antes, necesitaba que aceptara su invitación. La desesperación por no verla llegar lo estaba volviendo loco. ¿Que iba a hacer si no llegaba? ¿Cómo iba a lograr que no se fuera? ¿Como iba a decirle que la amaba sí no podía verla? Tomó asiento en el segundo escalón de la escalera de aquel edificio abandonado y se aflojó los primeros botones de aquel uniforme que había tenido que usar. Su cobardía lo había vuelto a dejar solo, toda su vida obedeciendo órdenes que no comprendía lo había hecho creer que el amor no existía, la presión de comportarse como el heredero lo había llevado a mentirle a la úni

