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1304 Palabras

Cloe no quería soltar aquella mano. Era como si pudiera seguirlo a donde quisiera siempre y cuando estuvieran juntos. No le importó el oscuro callejón, ni la puerta de hierro algo oxidada, menos aún la escalera caracol con peldaños de madera crujiente. Comenzaba a confiar en él y la sensación de dejarse llevar era tan placentera que silenció cualquier tipo de alarma que le indicara que aquello podía volver a terminar mal. A medida que avanzaban el sonido se hacía más fuerte, era como si pudiera escucharse una melodía dentro de una caja, como si el teatro estuviera sellado, pero algunas notas se valieran para escapar. Entonces por fin llegaron. Franz se detuvo frente a una pequeña puerta de madera antigua y la miró con una sonrisa de lado. -Bienvenida a su primer concierto.- le dijo y

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