El día de mi muerte

1082 Palabras
Desperté de un brinco, con la sensación de caer y nuevamente ese hombre mirándome fijamente, abrí los ojos y consciente de que todo era un sueño, estire la mano y tome mi celular de la mesa junto a la cama, 5:00am maldije al ver la hora, perdí quince minutos de sueño, de mala gana salí de la cama y fui directo al baño, lo que se suponía era una ducha rápida, tardo un poco más de lo necesario, mi cuerpo pedía sexo a gritos, hice lo único que podía y busque mi liberación, el agua corría por mi cuerpo mientras yo masajeaba en círculos mi ansioso clítoris, cerré los ojos al sentir que orgasmos estaba cerca, deje que la imagen del hombre que aparecía en mis sueños me motivará, lo imaginé pasando su lengua por mi v****a, imaginé sus manos presionando mis pechos, poniendo duros mis pezones con su tacto, bastaron unos pocos minutos para que el orgasmo me alcanzara, mordí mi labio y ahogue mis gemidos de auto placer. Me apresure a vestirme, me hice un maquillaje ligero y me puse mis tacones rojos de tacón de aguja, una vez conforme con mi aspecto salí de la habitación, ví a Aarón aún dormido en el sofá, el remordimiento golpeándome, me acerque y bese su frente antes de salir. Recorrí el mismo camino que recorría diariamente hasta mi trabajo, con la musica a todo volumen. Cinco minutos antes de mi hora de entrada ya estaba sentada frente a mi escritorio. Revise mi correo y como era de costumbre ya tenía varios mensajes de mi jefe con una lista enorme de actividades. Sin perder un minuto comencé a trabajar, a las doce en punto, abandone toda actividad y fui hasta la cafetería, dónde Lori y Mikel me esperaban, es la misma mesa que utilizabanos siempre, corrí hasta ellos, lista para desahogarme. — Cariño, tienes unas cara que no puedes con ella. — Señalo Mikel. — Ni me digas, me costó mucho dormir, se puede decir que tuve una discusión con Aaron. — Pero si Aaron apenas y es capaz de respirar, dudo que tuviera los ánimos de discutir. — Refutó Lori. Se puede decir que Aaron no es de su agrado, piensa que es muy aburrida, siempre ha dicho que merezco un hombre que me haga hacer locuras por amor y bueno, Aaron y locuras son dos cosas que jamás se mezclan, creo que esa fue la razón de que me casará con el, la seguridad de que nada cambiaría. — Bueno, yo discutí, el solo me observo, llegue del trabajo y tenía preparada una linda cena para las dos. — Eso es muy lindo, ¿cual es el problema? — Pregunto Mikel, sin entender aún el motivo de mi enojo. — El problema es que, parecía estarme evitando, a pesar de la cena que preparo para mi, ignoraba mis coqueteos, al final de la noche explote. — Te lo he dicho, tengo más sexo yo que estoy soltera. Soltamos una carcajada por su comentario, pero después mi sonrisa se borró al darme cuenta que tenía razón. Los tres estábamos pensando lo mismo, aunque ellos no se animaron a decirlo, Aaron tenía que estar sintiendo culpa, tal vez por una infidelidad, me prepara una cena especial pero se niega a tener sexo conmigo, tenemos apenas un año de casados, deberíamos tener sexo todo el tiempo y con suerte lo hacemos una vez a la semana. — Chicas las amo, ¿que haría sin ustedes? — Definitivamente si no nos tuvieras tendrías que ir con un psicólogo a sacar todo lo que hay dentro de esa cabecita. — Bromeó Mikel. Nos dimos un abrazo y terminamos nuestra comida entre risas. Me despedí de ellos en el ascensor, Lori se quedó en la primer planta, Mikel en el piso número tres mientras que yo subí al número cinco por unos papeles que necesitaba antes de regresar a mi oficina. Cinco minutos antes de las cinco, salí del trabajo, agradecida de que mi jefe hubiera salido antes. Tomé mis cosas y camine por el estacionamiento hasta mi auto, lo encendí pero no di marcha, saque mi teléfono y llame al número de mi madre. — Hola. — Respondió al tercer tono. — Hola mamá ¿cómo están? — Cariño, que gusto me da que me llames, estoy por irme al trabajo, tu papá está en el garage, ya sabes vive para ese pedazo de chatarra. — ¿ Será que algún día lo veremos andar? — Dije bromeando. Ambas soltamos una carcajada. Hace tiempo que papá se había propuesto arreglar un Camaro del 69, lo encontró en un deshuesadero y lo compro por muy poco, lo peor del caso es que papá no sabe de mecánica, mamá ha intentado persuadirlo para que se deshaga de el ya que piensa que solo ocupa espacio, pero papá se niega cada vez, en lo personal me alegra que tenga algo que le apasioné. — Te dejo hablando con el cariño, tengo que irme. — Te amo mamá, ten un buen día. Sentí que el sentimiento me invadió al despedirme de ella, pero apenas papá tomo el teléfono me alegre. — Hola Celi, cariño.— Hablo papá. — Hola viejito, ¿cómo va el proyecto? — Unos detalles más, una capa de pintura y quedará listo. — Respondió orgulloso. — No puedo esperar para verlo andar, ¿que color lo piensas pintar? — Cuál será si no rojo, se que es tu color favorito. — Estoy segura que todo saldrá perfecto, tengo que irme papá, voy saliendo del trabajo y muero por llegar a casa, te amo papá. — Te amo cielo. Esas palabras viniendo de ellos siempre me hacían sentir como la persona más afortunada del mundo por tenerlos conmigo. Subí la música y aleje el sentimiento de tristeza que crecía en mi interior. Me costó un montón salír del estacionamiento, no entiendo que le pasa a esta gente que conduce sin ningún respeto para los demás conductores. Dispuesta a no dejarme amargar más por culpa de gente que no conozco, subí un nivel más a la música y comencé a tararear mientras recorría las calles, nuevamente mi humor empeorando, el semáforo hacia un rato que estaba en verde y la fila no avanzaba, toque el claxon repetidas veces hasta que el auto de enfrente, puse el acelerador a fondo cuando la luz anaranjada comenzó a parpadear, un ruido muy fuerte fue lo último que escuché, después silencio y oscuridad.
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