Lucifer

1059 Palabras
— Araceli. Abrí los ojos y sentí dolor en todo mi cuerpo, el sabor a hierro de la sangre en mi boca, no podía moverme, sentía una gran presión mi pecho y espalda, mire el reloj en la radio 5:55, los número fijos. — Araceli. Nuevamente esa voz, seguí el sonido con la vista, una sombra negra y borrosa al otro lado de la ventanilla del copiloto, el cristal estrellado me impedía ver bien. — ¿Quien eres? — Pregunte con dificultad, pero no obtuve respuesta. Cada vez se me complicaba más respirar, sentía que me ahogaba con mi propia sangre, sin poder hacer nada para evitarlo, mire al reloj pero no se había movido, ¿es así como voy a morir? ¿porque no escucho las sirenas de la ambulancia? Cómo si todo se tratara de un sueño, desperté, lo primero que ví fue mi auto destrozado, un gran camione de carga estampado al otro lado, justo del lado del conductor, no había ruido, ni gente, es como si observará una fotografía, nada se movía. La sombra que observe a través de la ventanilla estrellada tomo forma, voltee levemente o observe al hombre a mi lado, vestía un traje completamente n***o, su rostro miraba fijamente mi auto, no tenía ninguna expresión, su cabello n***o azabache, algunos mechones caían sobre su frente, media tal vez 1.85metros de estatura o un poco más, yo con mis 1.60 metros me sentí pequeña a su lado, tenía un cuerpo musculoso, espalda ancha, quijada definida. — ¿Quien eres? — Pregunte una vez más. — ¿ Por qué te conozco? Me miró y un escalofrío recorrió mi cuerpo, me analizo antes de darme una respuesta. — Lucifer. — Respondió y nuevamente miro hacia mi auto. — Lucifer ¿ el diablo? — Pregunte incrédula. Se que no fui una santa pero no creo merecer ir al infierno y claramente este hombre no parece salido del infierno, tiene un cuerpo que muchas de nosotras definiriamos como un dios. — Si, ¿sabes lo que pasó? — Pregunto si despegar la vista de mi auto. Rodee el auto, mientras el me seguía a una distancia prudente, me detuve frente a la ventanilla y lo que ví me impresionó, era yo, mi cuerpo presionado contra el volante y el sillón, camine un poco más y mire por el frente del auto, no había cristal, mi rostro mirando fijamente a la ventanilla del copiloto, mis ojos inmóviles, sangre brotando de mi boca. — ¿Estoy muerta? — Aún no, pero, estás muriendo, tu cuerpo dejara de funcionar en un par de minutos, te ahogas con tu sangre. — ¿Vienes por mi? — Si. — ¿Eres la muerte? — ¿Eso te da miedo? — No. — Respondí a secas. — Te Vi antes, muchas veces en sueños. — Tenía que asegurarme de que eras la indicada. — ¿La indicada para que? — La mayoría de las personas, cuando están en esta situación lloran, piden perdón, una segunda oportunidad, pormeten ser mejores o quieres más tiempo para despedirse de su familia, pero tú no has hecho nada de eso. — Tengo veinticinco años.— Me miró sin entender mi comentario así que continúe. — Tuve veinticinco años para desmostrarle a mi familia que los amo, no necesito despedirme de ellos, les dije todo mientras vivía y estoy segura que lo saben. — No puedo cambiar tu futuro, pero te ofrezco un trato. — ¿Un trato con el diablo? déjame adivinar, ¿mi alma a cambio de seguir con vida? — Cerca, pero no, un deseo a cambio de un favor. — ¿Puedes ser más claro, soy nueva en esto de estar muerta y aún no entiendo como funciona. — Aún no estás muerta, no se puede hacer trato con los muertos, tienes que estar vivía para poder hacer un trato. — ¿Que clase de favor? — Demonios. — ¿Demonios? — Tienes que capturarlos, en la tierra hay demonios, que escapan del infierno en busca de un cuerpo que poseer. — ¿ Y mi deseo? — Puedes pedir lo que quieras. Observe mi cuerpo inmóvil, moribundo, analice sus palabras y por unos minutos me quedé en silencio mientras pensaba en mi deseo, ¿que puedo pedir, que valga la pena para pasar el resto de mis días capturando sus demonios? — No. Por primera vez ví una reacción en su rostro, estaba sorprendido por mi respuesta y no podía ocultarlo. — ¿No? vas a morir. — Voy a morir y tu vas a perder tu oportunidad. — ¿Sabes cuántas personas mueren cada día? cada una de ellas esperando tener esta oportunidad, un deseo que cambie todo, que les de lo que siempre desearon y tu lo estás rechazando. — Pero me buscaste a mi, dijiste que soy la indicada, si voy a ser tu cazadora de demonios, quiero más que un deseo. Una sonrisa casi macabra se formo en su rostro, pero me negué a sentir miedo, me cruce de brazos y lo mire fijamente, esperando su respuesta. Saco un pergamino de su saco, lo desenrollo con cuidado y me lo entrega. En la parte superior se leía la frase "Trato con el Diablo." contenía todos mis datos, nombre, edad, estado civil, la hora de muerte aún mostraba un espacio en blanco, contenía cláusulas tal como un contrato normal y al final de la hoja mi nombre con una gran línea debajo para mi firma. Leí una a una las palabras en el, me detuve en una oración que llamo mi atención "tres deseos a cumplir" . — ¿Tres deseos? — Tu haces lo que yo te pido y te concedo tres deseos. — ¿Como el genio de la lámpara? — Te aseguro que no, estás muriendo, tu tiempo se agota, firma ahora o ese papel desaparecerá en tus manos. Mire como las esquinas comenzaban a quemarse poco a poco, igual que cuando enciendes un papel. — ¿Tienes una pluma? — No la necesitas. — Tomo mi mano la mancho mi pulgar con la sangre que brotaba de mi boca, para después dejar mi huella sobre la linea que estaba bajo mi nombre. — ¿ Ahora que? — Pregunte después de que el papel desapareciera al poner mi huella en el. — Ahora vas a morir.
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