—¿A donde vas? —pregunté, mientras le seguía los pasos, aunque el estuviese más arriba. Resoplé al no tener respuesta y llegué al segundo piso, donde el silencio del espacio me invadió—. Ahora que se hizo. Mi celular comenzó a sonar y extrañada lo saqué, para ver qué era él. Me crucé de brazos respondiendo su llamada. —¿Donde estas?, ¿Por qué me llamas si estamos en el mismo lugar? —negué con desaprobación. —Encuentrame —ordenó y abrí los ojos. —¿Que?, ay no, Theo, ya no somos niños. —No seas aburrida —resopló a través del celular—. ¿Recuerdas donde nos escondiamos de mis padres? —cuestionó y casi por inercia, de reojo miré hacia el techo. —¿Enserio me vas a hacer subir al techo, Theodore Hamill? —Te dije, hay cielo despejado —terminó de decir y colgó. Torcí los labios. —De

